El poder evidencia las verdaderas intenciones

Autor: Jairo Alarcón Rodas
El poder ha estado presente desde la consolidación de los seres humanos, es lo que permite la articulación de las sociedades. La política, se dice, es una necesidad ineludible para la vida humana, tanto individual como social. Puesto que el hombre no es autárquico, sino que depende en su existencia de otros, el cuidado de ésta debe concernir a todos, sin lo cual la convivencia sería imposible constituyendo un antropino, es decir, lo que es propio de la especie humana.

Son las relaciones de poder las que propician el funcionamiento de las sociedades. Sin embargo, como toda acción humana, es susceptible de corromperse, lo cual no significa que las personas tengan una natural inclinación a corromperse, no es que tengan una naturaleza corrompible. Los seres humanos aprenden y su aprendizaje puede ser constructivo o destructivo. De ahí que, quien puede forzar al bien, también podría forzar al mal.

En los gustos y apetencias se evidencia lo que realmente son las personas, sin embargo, las inclinaciones, expresiones, actitudes, pensamientos y sentimientos que denotan su personalidad, bajo ciertas circunstancias, no se muestran con claridad, se esconden bajo un accionar aparente, sobre un manto de mentiras y falsedades. Pero, ser engaño también es responsabilidad del que se deja seducir, pudiendo ser víctima o cómplice de ello, ya sea por ignorancia o perversión respectivamente.

Pero, aunque muchas veces un individuo pretenda engañar o engañarse a sí mismo prefiriendo determinadas cosas, mostrando interés por lo que para él no es importante, actuando algunas veces de forma distinta a lo que realmente es, quizás por esnobismo, para ser aceptado en círculos que le interesen o simplemente como una estrategia de engaño, al final su accionar muestra sus verdaderas intenciones, lo que realmente se es. No obstante, se debe ser acucioso para captar los rasgos característicos de las personas que, como diría Kosik, es un claroscuro de verdad y engaño que se muestra y oculta a la vez.

Así, es común que personas de apariencia inofensiva, cuando tienen la oportunidad de acceder a esferas de poder, muestren lo que realmente son y como consecuencia, controlan, vigilan, dominan, imponen, someten, sojuzgan a todos aquellos que se encuentran dentro de su esfera de influencia y permiten que eso suceda. De ahí la expresión que dice, denle poder a un hombre y lo conocerás realmente. Por lo que hay que cuidarse de darles poder a ese tipo de personas ya que convierten las relaciones de poder en mecanismo de opresión. Siendo parte de sus características, ostentar rasgos de psicopatía y especial interés en la veneración y culto total a su persona.

Pero ¿qué características tienen estas personas? Se les podrá identificar por tener intereses y apetencias extravagantes, son amantes del arte y de la literatura, inclinaciones obsesivas por el orden y la limpieza. Para estos personajes lo que dicen, su palabra es la última y verdadera y debe cumplirse. Por lo que todo aquel que los cuestione sufrirá represalias y persecución. Por otra parte, les gusta utilizar recursos, aunque no sean de sus bolsillos, para realizar propaganda de lo que realizan, creando todo un circo de entretenimiento con el objetivo de lograr la aceptación del pueblo.

John Holloway diferencia dos tipos de poder, el poder-sobre, el cual tiene por finalidad el dominar y subyugar la posibilidad creativa humana y, por otra parte, el poder-hacer, el que, por el contrario, la potencializa. Siendo el poder-sobre el que más se ha manifestado a lo largo de la historia, lo cual denota la precaria condición humana en su afán de imponer, someter y subyugar no solo a individuos, sino también a pueblos y sociedades enteras.

Siempre que haya intereses personales e ignorancia de por medio, seguirán accediendo a instancias de poder individuos cuya personalidad enfermiza los consolide como tiranos, en opresores de la dignidad humana, por lo que es preciso desenmascarar a todos aquellos que, agazapados en la sombra, esperan una oportunidad para mostrar sus perversiones. Nuevamente el juicio crítico podrá distinguir la calidad humana de la que no lo es, para bien de la sociedad y crecimiento de la humanidad.

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