Primavera democrática

Jairo Alarcón Rodas

La revolución constituye el mecanismo que se emplea para impulsar o acelerar los cambios estructurales en una sociedad, de modo violento. De tal modo que las revoluciones irrumpen para establecer un nuevo estado de cosas, de ahí que, por ejemplo, la Revolución francesa puso fin al modelo feudal del período medieval y, con ello, fue establecido el sistema burgués, correspondiente al capitalismo emergente. Se pretende que una revolución deje atrás el estado de cosas imperante y dé paso a una profunda transformación estructural que derive cambios mayores en una sociedad.

Así, las transformaciones en una sociedad se establecen cuando hay antagonismos de clase y se le quiere poner fin de forma acelerada. Muchas sociedades cansadas de tiranías, de medidas arbitrarias por parte de los entes de poder que manejan el Estado, ven en la revolución el medio para liberarse de la opresión y cambiar el estado de cosas. En Guatemala, ese malestar ocurrió tras la dictadura de Jorge Ubico y la posterior imposición de Ponce Vaides como su sucesor.

Los movimientos sociales de 1944, La Revolución del 1944, también llamada Revolución de Octubre, fue un alzamiento cívico y militar que tuvo lugar el 20 de octubre de 1944 en Guatemala, mediante el cual se derrocó al presidente provisorio del país, Federico Ponce Vaides y se constituyó una Junta Revolucionaria provisional, conformada por Francisco Javier Arana, Jorge Toriello Garrido y Jacobo Árbenz Guzmán. Tal período dio inició a lo que se denominó La primavera democrática, que tuvo a Juan José Arévalo Bermejo y a Jacobo Árbenz Guzmán como sus principales protagonistas.

Durante esos dos gobiernos se lograron el mayor número de conquistas sociales de la historia de Guatemala. Sin embargo, la visión de modernizar el país, democratizarlo y buscar su desarrollo planteada por Árbenz, determinó que aquellos que se consideran dueños del país, con la complicidad de la CIA del gobierno de los Estados Unidos, lo derrocaran. Con ello se truncó la posibilidad de establecer una Guatemala distinta, diferente a la que actualmente existe.

Pudieron más los intereses sectarios de la oligarquía criolla y el intervencionismo estadounidense a través de la operación “ÉXITO”, que la oportunidad de construir un país diferente, una nación en donde se consolidara La Primavera Democrática en Guatemala. Y es que, para que una revolución triunfe, debe haber un criterio unificador que dé cohesión social al descontento de los distintos grupos que manifiestan su malestar, que recoja sus justas demandas y aspiraciones, que le dé seguimiento al proceso revolucionario en pro de la construcción de una sociedad digna, inclusiva y democrática.

Las clases explotadoras necesitan la dominación política para mantener la explotación, es decir, en interés egoísta de una minoría insignificante contra la inmensa mayoría del pueblo, señala Lenin y dado que, en este país, eso se vio entorpecido durante el gobierno de Jacobo Árbenz Guzmán, era imperioso apartarlo del poder y colocar en este a un testaferro que sirviera a los intereses de la tradicional oligarquía; hecho ocurrido a través del efímero ascenso de Carlos Castillo Armas, que dio lugar a una serie de dictaduras militares.

El primer paso de la revolución obrera es la transformación (literalmente: elevación) del proletariado en clase dominante, la conquista de la democracia afirma Lenin. Tal situación jamás ocurrió en el país y, por el contrario, el ejército jamás defendió al presidente legítimamente electo, por el contrario, traicionó, como reiteradas veces lo ha hecho, al pueblo de Guatemala.

La posibilidad de una transformación democrática en Guatemala se desvaneció con la contrarrevolución del 1954 y, ahora, el país continúa en una profunda crisis, en la cual el denominado “Pacto de Corruptos” hace lo que quiere con toda la impunidad y cinismo del caso. Cobijados en la Corte de Constitucionalidad, Corte Suprema de Justicia, Tribunal Supremo Electoral, Congreso de la República, El Ministerio Público y el Poder Ejecutivo, cualquier reivindicación o demanda popular es considerada por estos como letra muerta.

Por otra parte, distraídos, temerosos de la represión, sumergidos en la pobreza y en una cultura de violencia, la mayor parte de la población guatemalteca se mantiene al margen de la situación imperantes, ajenos a lo que representa el ejercicio de poder, ignorantes de la realidad social, de lo importante que es la participación política, aceptan resignados la serie de acciones, espurias y perversiones que, desde la esfera gubernamental, se cometen en el país en detrimento del bienestar de la población.

Desunidos, desconfiados, apáticos, poco participativos, sin tener convicción de lo que es una sociedad democrática, permiten con su silencio los desmanes, los actos de corrupción de este gobierno y los turbios negocios que realiza para beneficio de los que manejan los hilos del sistema. El silencio es sinónimo de complicidad, pues a pesar de que algunos manifiestan su descontento por las redes sociales, en la práctica permanecen ausentes.
Al parecer, una nueva primavera democrática está muy lejos de ser una realidad en Guatemala, la falta de unidad de una izquierda cada vez más anacrónica, fragmentada e invisibilizada, preocupada en problemas superficiales y sin entender que es en la unidad en donde se logra la fuerza, alejan la posibilidad de una transformación real para este país.

Sin embargo, el mundo de las ideas, que recogen las transformaciones de la realidad, así como el de las acciones que se derivan de estas, es dialéctico, no permite estatismo alguno, y a pesar de que haya que retroceder dos pasos para avanzar uno, el solo hecho de pensar y efectuar una autocrítica es el comienzo para forjar una nueva primavera democrática que tanto ha esperado y merece este país.


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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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