Monumentos, historia y sociedad

Miguel Ángel Sandoval
El intento de destruir una estatua que originalmente estaba prevista para Morazán y que finalmente termino con Reina Barrios, ha dado lugar a un intenso debate. Y aunque lo más relevante sea la rasgadura de las vestiduras de unos cuantos, no por ello el tema deja de ser sugerente. En el primer nivel se encuentran quienes acusan de vandalismo puro y simple, y no ven en el hecho ningún elemento de razón o algo que merezca la pena ser discutido y solo se grita de manera destemplada, vándalos, y acaso terroristas. Pero esto no merece la pena.

Luego vienen los historicistas. Son aquellos que plantean con parte de razón hay que decir, cuando señalan que un país no puede vivir sin su pasado y que este es una especie de carga que no se puede dejar tirada. Lo único que no se dice es que la historia no es pareja para todos. Que hay los que se sienten cómodos con toda la herencia y hay quienes no aceptan esa herencia como algo propio o aceptado de manera voluntaria. A modo de pregunta, ¿Qué ocurrió con la cabeza de Serapio Cruz (Tata Lapo)? ¿Y qué creen que le paso a la cabeza del bisnieto de Serapio Cruz, Guillermo –Willy- Cruz?

En Inglaterra fue derribada la estatua de un esclavista, en solidaridad con los negros de EEUU en los días luminosos de las protestas de hace un par de años. Igualmente, en EEUU hubo monumentos derribados. En ambos casos, es el rechazo a ese pedazo de historia del tráfico de esclavos. Para unos es la historia a secas, pera otros la imagen viva del escarnio, la esclavitud, el horror. ¿Debemos en aras de la historia preservar esas construcciones o monumentos? ¿Se debe mantener respeto a esa ignominia? Pero, sobre todo, en espacios centrales en las ciudades que rechazan, socialmente ese legado. Es un debate abierto.

La historia no puede borrarse a placer. Pero es necesario que exista al menos, una suerte de equilibrio en la memoria de los países. Hoy en nuestro país tenemos plazas a Justo Rufino Barios, García Granados, Reyna Barrios (me enteré apenas hace dos días) que ocupan plazas importantes de la ciudad. Hay una sola plazoleta para Tekún Umán, que se encuentra fuera del alcance del ciudadano, salvo que este se atreva a ser atropellado por un vehículo en una pista nada amigable. El resto es a “héroes” conquistadores, coloniales o dictadores. Salvo una estatua igualmente depredada de Miguel Ángel Asturias.

Mientras que no existe nada para reivindicar, conmemorar, o mostrar con orgullo la memoria indígena de este país. A no ser los parques temáticos como Xetulul, (un pastelón arquitectónico) o la visita obligada a Tikal. Claro que la sociedad indígena, o si se prefiere, una sociedad plural de hoy día, no existe para nada en la idea que se tiene de las construcciones monumentales, estatuas y otras obras que algunos pretenden ubicar en el ámbito cultural, pero otras en el elemental ornato. Eso sí, menos con indígenas.

Lo indígena solo sirve para la exportación, exhibición de piezas en otros países, pero sin indígenas reales, pues los reales no son buenos para representar a un país con instituciones d corte colonial, aunque no les guste a los letrados o iletrados que discutan el horror que les provocan las turbas violentas que botaron la cabeza de un oligarca de marca mayor. Por suerte no fue la Cristóbal Colon, que vive en la memoria de los chapines colonizados como el descubridor antes que la punta de lanza de la invasión que llegó luego de sus entusiastas informes. ¿O no es así?

Me gustaría ver en la ciudad capital en un lugar importante, socialmente hablando, una plaza que destaque nuestro pasado y presente maya, a Kaji Imox, Atanasio Tzul, Felipa Tzoc, Juan Matalbatz, pero creo que eso es mucho pedir al racista alcalde municipal y todos sus achichincles que le siguen rindiendo homenaje a Tonatiuh: después no hablen de vandalismo pues si hay un vándalo en la historia de estos territorios es precisamente el que se dedicó a atemorizar la tierra. Si de este genocida no hay estatuas, lo cierto es que, en las residencias de los racistas de nuestro país, ocupa el lugar central de las respectivas salas y capillas. Ahhh la doble moral.

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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