Mirarse a uno mismo

Autor: Jairo Alarcón Rodas

Juzgar al otro o a los otros es lo más común y frecuente en la existencia humana, pues lo más inmediato no es lo propio sino lo exterior, lo ajeno, lo que no es uno mismo, la otredad. Sin embargo, se juzga al otro desde la perspectiva de uno mismo poniendo como base lo superficial, lo accidental, lo sensible, las formas. Por eso, el encontrarse con alguien distinto resulta ser incomprensible y lo que no es entendible a veces es repugnante.

Es común que las personas rechacen en el otro lo que ve y detesta en sí mismas, es el mecanismo de defensa o proyección que actúa de esa forma para lograr estabilidad emocional y al no poder despreciar tal comportamiento que se posee, que lo consideran pernicioso, lo juzgan negativamente en alguien más. Es mejor odiar en el otro, aquello que es molesto para uno mismo. Vicios, excesos, son vistos en los demás y pasan desapercibidos, ausentes en lo que uno es.

Ver el exterior, el revestimiento, pensar que eso es lo esencial que uno posee es sumergirse en la vacuidad de lo frívolo, de lo fútil. Pero, no obstante, su falta de contenido, de profundidad en ese criterio, es lo que impera en los juicios de muchas personas al juzgar al otro. La armazón que da sustento al ser del ser humano, que lo distingue, lo que lo caracteriza como un primate bípedo, con manos, pies, ojos, boca, nariz, con una definida forma, tamaño y matiz, da origen a la belleza y a la fealdad tras convencionalismos determinados.

Al ser la vista lo que más informa sobre la realidad, en primera instancia, es a partir de ahí que se prefiere o rehúsa, se inhibe o se busca, se escoge o se aparta, siendo probablemente esa información, que provee los ojos, la que para muchos emita el juicio determinante sobre las cosas. Así, acostumbrados a determinadas formas, colores y tamaños, se estima que aquellas que se adquieren culturalmente o impuestas, son las que tienen más valor. La piel blanca sobre la oscura, la simetría sobre lo asimétrico, la altura sobre la menudez son algunos de esos criterios.

El paso de lo sensible a lo comprensible está lejos de ser una realidad para los que ven desde la perspectiva de la cantidad, de superficialidad y de sombras. Sin duda que todo ser humano, al igual que todo objeto y cosa, es la suma de lo esencial y lo accidental. Calidad y cantidad, en la unidad, es lo que son las personas. Como corolario, lo fenoménico es lo sensible, lo esencial resulta ser lo comprensible. Acostumbrados a lo inmediato, lo aparente prevalece, pues lo otro requiere de más elementos de reflexión, necesita del juicio crítico.

Los humanos se ven y alcanzan a percibir lo superficial, sus ojos recorren su exterior creando un arquetipo o modelo de lo que quieren, a partir de las comparaciones físicas, del tener, más que del ser. Los prejuicios surgen a partir del rechazo de lo que fenoménicamente se considera diferente. Como consecuencia, se trasladan cualidades negativas a aquellos que no se ven de acuerdo con el modelo ideal de lo que se aprecia y desea que coincida con lo que culturalmente se ha aprendido dentro de una particular sociedad.

Para el invasor español, por ejemplo, a primera vista el nativo de este continente les resultó un ser extraño, diferente, una rareza, comparado con lo que ellos son; a pesar de las miserias, bajezas y perversidades de muchos de ellos, juzgaron a los habitantes de estas tierras como unos salvajes. Las líneas de desarrollo entre las culturas no siguen patrones similares, aunque procedan de seres de la misma especie, pero no por ello unos son más seres humanos que otros, sin embargo, el conquistador español no lo entendió así.

En el siglo XV, Europa se encontraba en la última fase del medioevo a punto de irrumpir el renacimiento con todo lo que eso representó para ese continente. En los territorios invadidos, por el contrario, reinaba el modo de producción comunal el modo de producción comunal-tributario, propio del modo de producción asiático. Siendo una sociedad agrícola con una incipiente economía comercial basada en el trueque.

Era natural que existieran diferencias entre uno y otro grupo, los invasores, con mayor poderío militar, se impusieron y, a partir de ahí, robaron, violentaron, asesinaron, esclavizaron a los habitantes originarios de estas tierras. Y al quebrantar la resistencia a través del poderío militar, sometieron a la población, pisotearon su identidad, vaciándolos de lo que son, a partir de una visión etnocéntrica.

Con tal visión segregacionista, el conquistador español se apropió de los legítimos recursos de los nativos de este continente y como bien lo dice Eduardo Galeano, el racismo legitima la rapiña colonial y neocolonial, todo a lo largo de los siglos y de los diversos niveles de sus humillaciones sucesivas. Demeritar al otro, hacerlo sentir inferior, despojarlo de lo que le es propio para esclavizarlo, fue la misión del conquistador.

Mirarse uno mismo, realizar una exegesis de lo que uno es, no sobre el aspecto exterior sino fundamentalmente sobre lo que hace a cada persona ser lo que es, entender lo humano, hacerlo de forma que los aspectos esenciales sean resaltados, permitirá superar el etnocentrismo, el racismo y la xenofobia, en la cual se ve al otro como alguien inferior a quien se le puede dominar, pisotear, explotar e incluso matar con fines espuriamente económicos. Decía Michael Landmann, la imperfección humana es la que, en compensación, empuja a la autocomprensión, que le dice cómo pude perfeccionarse. Comprenderse para ser mejor y dar lo mejor para los demás.

El valor de lo humano se alcanza trazando líneas de sensibilidad, que adquieren valor significativo al comprender su verdadera dimensión dentro del contexto social, sin embargo, hay seres que intuitivamente logran establecer el vínculo de lo humano con lo humano, estos son los que están en otro plano de la evolución social de la especie, son los sabios.


telegram

Comparte, si te gusto

PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

publico