Ignorancia y vacuna

Miguel Ángel Sandoval

La noticia sobre el rechazo a la vacuna por algunos habitantes de Alta Verapaz ocupa la atención de los medios de comunicación en las últimas horas. Ya antes fueron las fiestas tumultuarias en Quiche o San Marcos y algún otro lugar. Hubo también fiestas “clandestinas” muy a la moda de la onda chapina urbana. Pero no mucho más. Preocupación del diente al labio y santos en paz.

En estos casos se dijo mucho de la ignorancia de la gente, pero no se analizó el escaso papel del estado y sus responsabilidades en información, sensibilización, compromiso con la vacunación y un largo etcétera. Se dijo menos de la influencia de algunas sectas protestantes, fundamentalistas. Son los hechos los que hablan.
Pero el tema es que la ignorancia tiene en nuestro país varias expresiones. Una de ellas es la de gente ilustrada que se niega a la vacuna, que incluso opina sobre su pertinencia o lo expresa por otras vías. Hay además la idea de una conspiración mundial de los grandes capitales para la reducción de la población hasta en un tercio, etcétera. Y entonces las posturas tienen un ropaje ideológico, pues en última instancia es el combate al imperialismo mundial o en contra el capitalismo neoliberal. Viene siendo el mismo discurso.

En otra expresión de ignorancia, han fallecido personajes notables en los últimos días. Uno un escritor con reconocimiento. Otro un médico ex constituyente. Todo por el rechazo a la vacuna. Y esto me lleva a explorar sobre el hilo conductor entre la ignorancia de los desamparados de siempre, sin educación y sin esperanza, con quienes, con todas las condiciones de información, educación, expresan niveles de ignorancia que los lleva a desafiar la muerte de forma inaudita.

Es por esta razón que hace algún tiempo exprese en una columna de opinión, la necesidad de hacer de la vacuna algo obligatorio, y que en restaurantes, hoteles o estadios (si se abrieran al público) o en templos religiosos, la constancia de la doble vacuna, o el rechazo al ingreso. Son medidas mínimas, sobre todo en atención a un principio: si bien una persona tiene el derecho a no vacunarse, ninguna persona tiene el derecho de contagiar a otra, ni ejercer actividades laborales o sociales sin estar vacunado.

El riesgo es muy alto y el concepto de libertad personal o individual es menor ante el riesgo evidente de contagio a terceros. Parecería más importante la idea de la responsabilidad social como el principio central en las relaciones en sociedad. No se puede invocar teorías conspirativas o dogmas religiosos o desinformación como los ejes en la actitud ante la vacuna. Es algo mucho más serio.

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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