Fanatismos y manipulación

Autor: Jairo Alarcón Rodas
Muchas veces el sentido común está alejado de las personas, sobre todo en aquellas que, ajenas al pensamiento crítico, son fácilmente influenciables y se fanatizan. Mecanismos de alienación como la religión imposibilitan tener lucidez de criterio sobre la realidad. Es por medio de la sumisión emocional, ante un mensaje persuasivo, lo que permite que estas personas pierdan el control de su voluntad y queden hipnotizados ante su manipulador. Pero qué es lo que sucede con estas personas, porqué son altamente influenciables; con seguridad tiene que ver con los rasgos de su personalidad, característica que se forja dentro de la familia y la sociedad.

El horizonte donde se desenvuelven las personas influye directamente en su comportamiento, sociedades construidas sobre el autoritarismo, el miedo y la ignorancia constituyen tierra fértil para fanatismos religiosos, políticos y de cualquier otro tipo. Es por lo que pan y circo era lo que los emperadores romanos les daban a los ciudadanos libres y continúa siendo ahora la estrategia de muchos gobernantes para tener sumisa a la población.

Los fanatismos religiosos, al igual que los políticos, no permiten la posibilidad del dialogo y con ello impiden la integración como sociedad en proyectos comunes, necesarios para todo objetivo que aspire al bienestar común. Qué es un fanático, es una persona que defiende con tenacidad desmedida sus creencias y opiniones, también es aquel que se entusiasma o preocupa ciegamente por algo o alguien. Dentro de esta definición, ausente está la reflexión intelectiva, el criterio. La fe religiosa decía Feuerbach, es el poder de la fuerza imaginativa, que convierte la realidad en irrealidad, y la irrealidad en realidad. De ahí que los fanáticos, al vivir en un mundo de tinieblas, quieren imponerlo y se niegan a aceptar lo razonable.

Defender creencia no es lo mismo que convicciones, las creencias son representaciones mentales propias de un individuo que las defiende como ciertas, aunque no necesariamente sea así ya que para convertirse en conocimiento se requiere de su verificabilidad. De ahí que las creencias tienen la particularidad de asentarse sobre bases emocionales y ser dogmáticas, son opiniones. En cambio, la convicción al sustentarse en conocimientos es verificable, perfectible.

El que cree ciegamente no acepta ningún argumento por sólido que este sea, fiel a sus creencias las defiende de manera extrema, apasionada, que va más allá de la normalidad, cualquier argumento racional para estos es insuficiente. En el capitalismo, la publicidad es la vía directa para la creación de necesidades artificiales y el éxito de esta lo constituye el apelar a la emotividad y no a la racionalidad de las personas, por lo que sus enemigos lo constituyen los sujetos críticos.

Los sofistas fueron reconocidos en su tiempo como muy buenos oradores, consecuentemente eran capaces de convertir los argumentos más débiles en los más poderosos, a través del arte del buen hablar por medio de la erística. Ser elocuentes ha sido una de las armas de aquellos que, convincentemente, se apropian de la voluntad de otros para hacer lo que ellos quieren.

Del arte de la manipulación fue un consumado experto Joseph Goebbels, el jefe de la propaganda nazi al servicio de Adolfo Hitler. Capaz de convertir las falsedades más burdas en claras verdades, con su campaña de propaganda convenció a toda una nación de las bondades del régimen de Hitler, llevando con ello al mundo a uno de sus más oscuros períodos históricos.

Quebrantar la resistencia del otro a manera que lo que se le diga se convierta en un credo a seguir, sin duda ha sido el arma de sectas y movimientos políticos que tienen por estandarte el culto a la personalidad e, indudablemente, la persuasión como herramientas. Para que un mensaje surta efecto debe llegar convincentemente al receptor y este no solo debe aceptarlo como cierto sino debe quedar desarmado ante el mismo.

Noam Chomsky describe 10 estrategias para la manipulación de masas, en donde el apelar a la emotividad, a la ignorancia, a la distracción constituyen algunos de los mecanismos para lograr tomar el control de las personas. Lograr que se fanaticen es el objetivo de aquellos que requieren tomar el control de estas personas para que realicen lo que ellos quieren sin la necesidad de actuar represivamente.

El fanatismo constituye una de las barreras para el desarrollo de las sociedades pues conduce a la obcecación, a la necedad, a la irracionalidad que no permite el diálogo entre las personas y entorpece la comunicación entre las culturas ya que, al seguir incondicionalmente una adhesión a un personaje, un credo o una causa, no son mentes abiertas sino se establecen grupos cerrados, infranqueables, dogmáticos e intolerantes.

Debilitar el criterio individual, exaltando los aspectos emotivos para penetrar con ese tipo de mensajes persuasivos, es lo que buscan los manipuladores de conciencias que se nutren del fanatismo inculcado en las personas que son débiles de criterio a causa de la ignorancia, pero también de un acomodamiento interesado. La teología de la prosperidad es un claro ejemplo del fanatismo interesado, en donde a través del dinero se pretende comprar un lugar en el paraíso. De ahí que el capitalismo llega al extremo de comprar dioses para su servicio.

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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