¿Cuál independencia?

Por: Miguel Ángel Sandoval

Independencia 1.º de julio de 1823, bandera en 1971, un himno ajustado en 1934. ¿Cuál bicentenario?

No se trata de desconocer la pantomima de redactar un acta, quemar cohetillos y somatar la marimba, como el escenario perfecto para decir viva la independencia para lo que ahora se pretende conmemorar como bicentenario, bastante desangelado hay que decir. La verdad de las cosas es que la idea de independencia es, aunque duela a muchos o algunos, una real farsa. Se hizo para que los indios no la hicieran. Esto es textual en el acta. No hay defensa posible a esa enorme vulgaridad de los próceres.

Aún no se secaba la tinta del acta, cuando los próceres, henchidos en patrio ardimiento, se dieron a la tarea de anexarse al Imperio mexicano de Iturbide. Y la ruptura de esa anexión se produciría el primero de julio de 1823, que muchos consideran, con razón o sin ella, como la fecha de la independencia nacional, lo cual no pasa de ser una fecha más que esconde una serie de hechos realmente oscuros.

Uno de ellos es que como resultado de la anexión a México se perdió para lo que era la Capitanía General (Centroamérica) los territorios de Chiapas y Soconusco. Que si eran o no soberanía nacional, pues eso queda para especialistas. De la misma manera, se desintegró la famosa Capitanía General y surgieron los miniestados que en la actualidad conforman la región centroamericana. Salvo Panamá, pero por otras razones y circunstancias.

La construcción simbólica de eso que llamamos independencia se hizo en los años posteriores para justificar la dominación y la usurpación del estado que se iniciaba, al margen de los pueblos indígenas. Se inventó más adelante en 1971 una bandera, un himno con sus ajustes y mentiras en 1934, así como otros símbolos que tenían en el fondo la exclusión indígena. Esto les guste o no a los que, aun bajo pretextos insoportables, pretenden defender el origen espurio de la patria del criollo.

De todos estos temitas no deberíamos preocuparnos, pero la insistencia de las élites de conmemorar este hecho infausto amerita algunas puntualizaciones. Y quizás lo que debería de existir no es una conmemoración sino un debate nacional para ver de qué manera construimos una verdadera república a partir del reconocimiento de las diferencias étnicas, culturales, etc., y así pensar en algo vivible por todo mundo, no solo por los herederos de la finca con sus símbolos de una patria que, en verdad, como dice La Chalana, “hoy la patria está desacreditada”. Y hace falta adecentarla y pasarle lija, quitarle la goma histórica, como decía el poema de Roque Dalton.

Fuente El Periódico

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