“Momento Saigón” se avecina en Kabul

PEPE ESCOBAR, ANALISTA INTERNACIONAL DE ASIA TIMES

Probablemente la historia registrará el 12 de agosto de 2021 como el día en que los talibanes asestaron un golpe decisivo contra el gobierno central de Kabul (casi 20 años después del 11 de septiembre y del posterior derrocamiento de los talibanes por los bombardeos estadounidenses).

En una guerra relámpago coordinada, los talibanes han capturado prácticamente tres centros cruciales: Ghazni y Kandahar en el centro, y Herat en el oeste. Ya habían capturado la mayor parte del norte . En este momento controlan 14 capitales de provincia.

A primera hora de la mañana, tomaron Ghazni, que se encuentra a unos 140 kilómetros de Kabul. La carretera pavimentada está en buen estado. Los talibanes no solo se están acercando cada vez más a Kabul: para todos los propósitos prácticos, ahora controlan la arteria principal del país, la autopista 1 de Kabul a Kandahar a través de Ghazni.

Eso en sí mismo es un cambio estratégico. Ahora, con un movimiento de pinza están en condiciones de rodear Kabul simultáneamente desde el norte y el sur.

Kandahar cayó al anochecer después que los talibanes lograron romper el cinturón de seguridad alrededor de la ciudad, atacando desde varias direcciones.

En Ghazni, el gobernador provincial, Daoud Laghman, hizo un trato, huyó y luego fue arrestado. En Kandahar, el gobernador provincial, Rohullah Khanzada, que pertenece a la poderosa tribu Popolzai, se fue con unos pocos guardaespaldas.

Khanzada, eligió negociar. Los talibanes permitirán que los militares sean evacuados en helicópteros, pero todo su equipo, armas pesadas y municiones serán transferirse a las milicias. Las Fuerzas Especiales que estaban en Kandahar eran la flor y nata del ejército afgano. Ahora su próxima misión puede ser proteger Kabul. El acuerdo final entre el gobernador y los talibanes debería cerrarse pronto. De hecho, Kandahar ha caído.

En Herat, los talibanes atacaron desde el este, mientras que el famoso ex señor de la guerra Ismail Khan, libró una dura batalla desde el oeste. Sus milicianos conquistaron el cuartel general de la policía, «liberaron» a los presos y sitiaron la oficina del gobernador.i

Se acabó el juego: Herat también ha caído, ahora los talibanes controlan todo el oeste de Afganistán, hasta las fronteras con Irán.

La ofensiva del TET remezclada.

Los analistas militares se lo están pasarán en grande deconstruyendo el ataque talibán. A todas luces es equivalente a la Ofensiva TET de 1968 en Vietnam. La inteligencia satelital puede haber sido fundamental: pareciera que todo el progreso en el campo de batalla se hubiera coordinado desde arriba.

Sin embargo, existen razones bastante más prosaicas que explican el éxito del ataque: corrupción en el Ejército Nacional Afgano (ANA); desconexión total entre Kabul y los comandantes del campo de batalla; falta de apoyo aéreo estadounidense; y una profunda división política en el gobierno de Kabul.

Paralelamente, los talibanes se habían acercado en secreto a los soldados (a través de conexiones tribales y lazos familiares)ofreciendo un trato: no luches contra nosotros y te salvarás. Añádase, un profundo sentimiento de traición por parte de Occidente, mezclado con el miedo a la venganza de los talibanes con los colaboracionistas.

Una trama secundaria muy triste, se refiere a la impotencia de los civiles que se consideran atrapados en ciudades controladas por los talibanes. Muchos civiles son los nuevos desplazados, como aquellos ya establecidos en un campo de refugiados en el parque Sara-e-Shamali de Kabul.

En la capital afgana circulan rumores que Washington ha sugerido al presidente Ashraf Ghani que renunciara, despejando el camino para un alto el fuego y el establecimiento de un gobierno de transición.

Lo que si está confirmado es que el secretario de Estado, Antony Blinken, y el jefe del Pentágono, Lloyd Austin, le prometieron a Ghani que “seguían comprometidos con la seguridad afgana”.

Los informes indican que el Pentágono planea redistribuir a 7.000 soldados e infantes de marina a Kabul para evacuar la embajada de Estados Unidos y a los ciudadanos estadounidenses.

Según fuentes diplomáticas la supuesta oferta a Ghani se originó en Doha y provino de la gente de Ghani. La delegación de Kabul, encabezada por Abdullah Abdullah, presidente de algo llamado Alto Consejo para la Reconciliación Nacional- con la mediación de Qatar- ofreció a los talibanes un acuerdo de reparto del poder siempre que detuvieran el ataque. No se ha mencionado la renuncia de Ghani, que es la condición número uno de los talibanes para cualquier negociación.

La troika ampliada en Doha trabaja horas extraordinarias.

Estados Unidos utiliza al inamovible Zalmay Khalilzad, conocido como «el afgano de Bush». Los paquistaníes tienen al enviado especial Muhammad Sadiq y al embajador en Kabul Mansoor Khan. Los rusos tienen al diplomático Zamir Kabulov. Y los chinos tienen un nuevo enviado, Xiao Yong.

Rusia-China-Pakistán están negociando con los parámetros de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS): los tres son miembros permanentes. Enfatizan en la necesidad de un gobierno de transición, poder compartido y en el reconocimiento de los talibanes como una fuerza política legítima.

Los diplomáticos ya están insinuando que si los talibanes derrocan a Ghani, serán reconocidos por Beijing como los gobernantes legítimos de Afganistán, algo que establecerá otro frente geopolítico incendiario en la confrontación con Washington.

Tal como están las cosas, Beijing solo está alentando a los talibanes a lograr un acuerdo de paz con Kabul.

El acertijo de Pastunistán

El primer ministro paquistaní, Imran Khan, no se anda con rodeos al entrar en la refriega . Confirmó que los líderes talibanes le dijeron que no hay negociación con Ghani en el poder – mientras trata de persuadirlos para que llegar a un acuerdo de paz.

Khan acusó a Washington de considerar a Pakistán como «útil» solo cuando se trata de usar su influencia sobre los talibanes para negociar un acuerdo, sin considerar el «lío» que dejaron los estadounidenses.

Khan dijo una vez más que «dejó muy claro» que no habrá bases militares estadounidenses en Pakistán. Su declaración muestra lo difícil que es para Khan (e Islamabad) explicar la compleja participación de Pakistán en el acuerdo con Afganistán..

Las cuestiones claves son bastantes claras:

Pakistán quiere un acuerdo de poder compartido y está haciendo todo lo posible en Doha, junto con la troika ampliada, para alcanzarlo.
Una toma de poder de los talibanes conducirá a una nueva afluencia de refugiados y puede alentar a los yihadistas del tipo al-Qaeda, TTP e ISIS-Khorasan a desestabilizar Pakistán.
Fue Estados Unidos quien legitimó a los talibanes al llegar a un acuerdo con ellos durante la administración de Donald Trump.
Y debido a la desordenada retirada, los estadounidenses redujeron su influencia, y también la redujo Pakistán.

El problema es que Islamabad simplemente no logra transmitir estos mensajes.

Y luego hay algunas decisiones desconcertantes. Los paquistaníes cerraron su lado de la frontera. Todos los días, decenas de miles de personas, en su inmensa mayoría pashtunes y baluchis, de ambos lados, cruzan una frontera artificial en camiones que transportan mercancías. Cerrar una frontera comercial tan vital es una propuesta insostenible.

Todo lo anterior conduce posiblemente al problema final: ¿qué hacer con Pashtunistan?

El meollo del asunto se origina en la llamada Línea Durand, una frontera completamente artificial -que separa esa zona entre paquistaníes y afganos – creada por el Imperio Británico .

La pesadilla de Islamabad es otra partición. Los pastunes son la tribu más grande del mundo y viven a ambos lados de la frontera. Islamabad, simplemente, no puede admitir que una entidad nacionalista gobierne Afganistán porque eso eventualmente fomentará una insurrección pastún en Pakistán.

Entonces, ¿porqué Islamabad prefiere a los talibanes? Ideológicamente, el Pakistán conservador no es tan diferente a los talibanes. Y en términos de política exterior, los talibanes en el poder encajan perfectamente con la inamovible doctrina de «profundidad estratégica» que opone Pakistán a la India.

La posición de Afganistán es clara. La Línea Durand divide a los pastunes a ambos lados de una frontera artificial. Por lo tanto, no abandonarán su deseo de un Pashtunistán unido y más grande.

Como los talibanes son de facto una colección de milicias de caudillos, Islamabad ha aprendido por experiencia cómo lidiar con ellos. Prácticamente todos los caudillos y milicias de Afganistán son islámicos.

Incluso el actual gobierno de Kabul se basa en la ley islamica. Muy pocos en Occidente saben que la ley Sharia es la tendencia predominante en la actual constitución afgana. En última instancia, el gobierno de Kabul, los militares, así como gran parte de la sociedad civil, provienen del mismo marco tribal conservador que dio origen a los talibanes.

Aparte del ataque militar, los talibanes parecen estar ganando la batalla de las relaciones públicas domésticas debido a una ecuación simple: retratan a Ghani como un títere de la OTAN y de Estados Unidos, un lacayo de los invasores extranjeros.

Y hacer esa distinción en el cementerio de imperios que siempre ha sido Afganistán es una propuesta ganadora.

Observatorio de la Crisis
imagen Al Jazeera

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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