China erradica la pobreza extrema mientras los multimillonarios viajan al espacio

Vijay Prashad

El emblemático informe Perspectivas de la Economía Mundial del Fondo Monetario Internacional (FMI) nos trae noticias inquietantes. El informe destaca muchos de los problemas acuciantes a los que se enfrenta nuestro planeta: interrupciones en la cadena de suministro mundial, aumento de los costos de transporte, escasez de bienes intermedios, aumento de los precios de las commodities y presiones inflacionarias en muchas economías. Se prevé que las tasas de crecimiento mundial rocen el 6% en 2021 y el 4,9% en 2022, impulsadas por el aumento de la deuda pública mundial. Según el informe, esta deuda “alcanzó un nivel sin precedentes cercano al 100% del PIB mundial en 2020 y se prevé que se mantenga en torno a ese nivel en 2021 y 2022”. La deuda externa de los países en desarrollo seguirá siendo elevada, con pocas expectativas de alivio.

Cada año, la economista jefe del FMI, Gita Gopinath, destaca en su blog los principales temas del informe. Este año, su blog tiene un claro titular: “Divergencia creciente: Se ahondan las brechas en la recuperación mundial”. La brecha se extiende a lo largo de las líneas Norte-Sur, con las naciones más pobres incapaces de encontrar un camino fácil para salir de la desaceleración mundial inducida por la pandemia. Hay una serie de razones que provocan esta brecha, como la penalización que supone depender de una producción intensiva en mano de obra, la pobreza general de las poblaciones y los antiguos problemas de la deuda. Pero Gopinath se centra en un aspecto: el apartheid de las vacunas. Escribe que “cerca del 40% de la población de las economías avanzadas está totalmente vacunada, frente al 11% de las economías de mercado emergentes y a una mínima parte de los países en desarrollo de renta baja”. La falta de vacunas, sostiene, es la principal causa de las “crecientes diferencias en la recuperación mundial”.

Estas brechas crecientes tienen un impacto social inmediato. El informe de 2021 de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por su sigla en inglés), El estado de la inseguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, señala que “casi una de cada tres personas en el mundo (2.370 millones) no tuvo acceso a una alimentación adecuada en 2020, lo que supone un aumento de casi 320 millones de personas en solo un año”. El hambre es intolerable. Los disturbios por falta de alimentos son ahora una realidad, especialmente en Sudáfrica. “Nos están matando de hambre”, dijo un residente de Durban que se sintió motivado a unirse a los disturbios. Estas protestas, así como los nuevos datos publicados por el FMI y la ONU, han vuelto a poner el hambre en la agenda mundial.

A finales de julio, el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas celebró un foro político de alto nivel sobre desarrollo sostenible. La declaración ministerial del foro reconocía que “la crisis causada por la pandemia del COVID-19 ha puesto al descubierto y ha exacerbado las vulnerabilidades y desigualdades de nuestro mundo dentro de los países y entre ellos, ha acentuado las debilidades, los retos y los riesgos sistémicos y amenaza de detener o dañar los progresos realizados en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible”. Los Estados miembros de la ONU adoptaron diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en 2015. Estos objetivos incluyen la reducción de la pobreza, el fin del hambre, la buena salud y la igualdad de género. Antes de la pandemia, ya estaba claro que el mundo no cumpliría estos objetivos para 2030 como se había previsto, ni siquiera el objetivo más básico de erradicar el hambre.

Durante este sombrío período, a finales de febrero de 2021, el presidente de China, Xi Jinping, anunció que —en contraste con esta crisis mundial general— China había erradicado la pobreza extrema. ¿Qué significa este anuncio? Como nuestro equipo del Instituto Tricontinental de Investigación Social señaló el mes pasado, significa que 850 millones de personas han salido de la pobreza extrema (la culminación de un proceso de siete décadas que comenzó con la Revolución China de 1949), que su renta per cápita ha aumentado a 10.000 dólares (un aumento de diez veces en los últimos veinte años), y que la esperanza de vida ha aumentado a 77,3 años de media (en comparación con 35 años en 1949). Al haber cumplido los ODS de reducción de la pobreza con diez años de antelación, China contribuyó a más del 70% de la reducción total de la pobreza en el mundo. En marzo de 2021, el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, celebró este logro como un “motivo de esperanza e inspiración para toda la comunidad de naciones”.

Nuestro estudio de julio, Servir al pueblo: La erradicación de la pobreza extrema en China, inauguró una nueva serie denominada “Socialismo en construcción”, con la que pretendemos estudiar experimentos de construcción de prácticas socialistas desde Cuba hasta el estado indio de Kerala, desde Bolivia hasta China. Servir al pueblo se basa en estudios de campo de los programas de erradicación de la pobreza en distintas partes de China y en entrevistas con expertxs que han participado en este proyecto a largo plazo. Por ejemplo, Wang Sangui, decano del Instituto Nacional de Investigación sobre el Alivio de la Pobreza de la Universidad Renmin, nos contó que el concepto de pobreza multidimensional es fundamental en el enfoque chino. El concepto se convirtió en una política a través del programa del Partido Comunista de China de las “tres garantías” (vivienda segura, asistencia sanitaria y educación) y las “dos seguridades” (alimento y vestimenta). Pero incluso aquí, la esencia de esta política está en los detalles. Como dijo Wang en relación con el agua potable:

¿Cómo se clasifica el agua potable como segura? El primer requerimiento es que no haya escasez en el suministro de agua. Segundo, la fuente de agua no debe estar demasiado lejos, no más de 20 minutos de ida y vuelta para traer agua. Finalmente, el agua debe ser segura, sin ninguna sustancia nociva. Exigimos informes de pruebas que confirmen que la calidad del agua es segura. Solo entonces podemos decir que se ha alcanzado el estándar.

Una vez elaborada la política, comienza el verdadero trabajo de implementación. El Partido Comunista (PCCH) envió 800.000 cuadros para ayudar a las autoridades locales a encuestar a los hogares para conocer la profundidad de la pobreza en el campo. A continuación, el PCCH delegó 3 millones de cuadros de los 95,1 millones de miembros del Partido para que formaran parte de 255.000 equipos que pasaron años viviendo en aldeas pobres para trabajar en la erradicación de la pobreza y las condiciones sociales que esta creaba. Se asignó un equipo a una aldea y un cuadro a cada familia.

Los estudios sobre la pobreza y la experiencia de los cuadros dieron lugar a cinco métodos fundamentales para erradicar la pobreza: desarrollar la industria; reubicar a la población; incentivar la compensación ecológica; garantizar una educación gratuita, de calidad y obligatoria; y proporcionar asistencia social. La herramienta más poderosa de estos cinco métodos fue el desarrollo industrial, que creó una producción agrícola intensiva en capital (incluyendo el procesamiento de cultivos y la cría de animales); restauró las tierras de cultivo y cultivó bosques como parte de los programas de compensación ecológica, revitalizando zonas que habían sido presa de la sobreexplotación de recursos. Además, se hizo hincapié en la educación de las poblaciones minoritarias y de las mujeres. Como resultado, en 2020, China ocupó el primer lugar del mundo en el ranking de participación de las mujeres en la educación terciaria, según el Foro Económico Mundial.

Menos del 10% de las personas que salieron de la pobreza lo hicieron gracias a la reubicación, que suele ser el elemento más dramático del programa. Uno de los residentes reubicados, Mou’se, nos habló de Atule’er, un pueblo al borde de una montaña, donde vivía antes de reubicarse. “Tardaba medio día en bajar el acantilado para comprar un paquete de sal”, recordó. Bajaba por el acantilado en una “escalera del cielo” de ratán, que colgaba peligrosamente del borde del acantilado. Su traslado —junto con las otras ochenta y tres familias que vivían allí— le ha permitido acceder a mejores instalaciones y vivir una vida menos precaria.

La erradicación de la pobreza extrema es importante, pero no resuelve todos los problemas. La desigualdad social en China sigue siendo un problema grave. No se trata de problemas exclusivos de China, sino de problemas acuciantes a los que se enfrenta toda la humanidad en nuestro tiempo. A medida que avanzamos hacia una agricultura intensiva en capital que requiere menos agricultorxs, ¿qué tipos de viviendas produciremos que no estén en zonas rurales ni urbanas? ¿Qué tipo de empleo se puede generar para las personas que ya no son necesarias en el campo? ¿Podemos empezar a pensar en una semana laboral más corta, que permita más tiempo para la vida cívica y social?

Erradicar la pobreza no es un proyecto chino. Es un objetivo de la humanidad. Por eso los movimientos sociales y gobiernos comprometidos con este objetivo miran con atención los logros del pueblo chino. Sin embargo, muchos de los proyectos en marcha adoptan un enfoque radicalmente distinto, tratando de abordar la pobreza mediante la transferencia de ingresos (como defienden varios institutos de investigación sudafricanos). Pero los planes de transferencia de dinero no son suficientes. La pobreza multidimensional requiere más que eso. Por ejemplo, el programa “Bolsa Familia” de Brasil, implementado por el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, hizo una enorme mella en el hambre de ese país, pero no fue diseñado para erradicar la pobreza.

Mientras tanto, en el estado indio de Kerala, la pobreza extrema cayó del 59,79% de la población en 1973-74 al 7,05% en 2011-2012 bajo el gobierno del Frente Democrático de Izquierda. Los mecanismos que condujeron a este drástico descenso fueron la reforma agraria, el establecimiento de sistemas públicos de salud y educación, la creación de un sistema de distribución pública de alimentos, la descentralización de la autoridad política en favor de los autogobiernos locales, la provisión de seguridad y bienestar social y el fomento de la acción pública (por ejemplo a través de los proyectos cooperativos Kudumbashree). El ministro jefe de Kerala, Pinarayi Vijayan, ha declarado recientemente que su gobierno se ha comprometido a erradicar la pobreza extrema en el estado. El próximo estudio de nuestra serie sobre la construcción socialista se concentrará en el movimiento cooperativo de Kerala, enfocándose en su papel en la erradicación de la pobreza, el hambre y el patriarcado.

En marzo, el Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente publicó su informe sobre el Índice de Desperdicio de Alimentos, que mostraba que unos 931 millones de toneladas de alimentos iban a parar a los contenedores de basura en todo el mundo. El peso de estos alimentos equivale aproximadamente al de 23 millones de camiones de 40 toneladas completamente cargados. Si dejáramos que estos camiones estuvieran parados uno tras otro en la circunferencia de la Tierra, formarían un anillo lo suficientemente largo como para dar siete vueltas alrededor de la Tierra, o para ir a las profundidades del espacio, donde los multimillonarios Jeff Bezos y Richard Branson decidieron ir. Con los 5.500 millones de dólares que Bezos se gastó en un viaje de cuatro minutos al espacio se podría haber alimentado a 37,5 millones de personas o haber financiado por completo el programa COVAX que vacunaría a dos mil millones de personas.

Las ambiciones de Bezos y Branson no son la vida. La vida es la abolición de la dureza de la necesidad.

Instituto Tricontinental de Investigación Social, Boletín 31 (2021)

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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