En pie de lucha

Autor: Jairo Alarcón Rodas
Ante los abusos cometidos por gobernantes inescrupulosos y corruptos, el pueblo no se puede quedar de brazos cruzados. Así, los gobiernos de turno en Guatemala responden a intereses de los que realmente manejan los hilos del país, son ellos los que hay que visualizar y contra los que efectivamente hay que enderezar las luchas populares. Como consecuencia, el cambio de gobernantes corruptos, como es el caso de Alejandro Giammattei, no basta, es necesario cambiar las estructuras de un sistema que posibilita la llegada de tales personajes.

Y es precisamente eso lo que le da miedo a la oligarquía imperante y a sus serviles vasallos, la refundación del Estado. Por tal motivo, dividen a la población y, a partir del control del aparato ideológico del país, difunden información falsa, resaltan aspectos que les interesan, ocultan otros, distraen, perturban, mantienen a la mayor parte de la población en la ignorancia. Pues como dijo James Russell Lowell, no es la insurrección de la ignorancia lo peligroso, sino la revuelta de la inteligencia.

Es más, plantean que la problemática política y social de Guatemala se debe a una lucha de las extremas ideológicas por obtener y ejercer el poder. Se les olvida que, desde la llamada Contrarrevolución del 54 en Guatemala, los gobiernos simplemente han sido, en mayor o menor grado, representantes de los sectores dominantes. De qué lucha por el poder hablan si lo han detentado desde hace mucho tiempo y les ha servido para seguir acumulando riqueza, para mantener sus ilícitos privilegios en detrimento de la sociedad guatemalteca.

Todo ese discurso que esgrimen entidades como la Fundación Contra el Terrorismo, Guatemala Inmortal, entre otros, no es más que una estrategia de manipulación para confundir, distraer y propiciar con ello se disperse la atención del verdadero problema social y económico que es debido a que una oligarquía intransigente, con un apetito insaciable de lucro y vorazmente hartazgo, pretende seguir expoliando a la población guatemalteca sin ningún remordimiento de conciencia.

El presidente de los 48 Cantones de Totonicapán fue claro al decir en entrevista concedida a la cadena de televisión CNN: después no se vayan a quejar que llegue al poder en Guatemala un presidente populista y dictatorial, que les quite sus propiedades. Ya que, con sus acciones, a eso están llevando al país. La complicidad del CACIF con el Pacto de Corruptos es evidente y pretender un poco de cordura resulta ser utópico.

La oligarquía criolla se niega comprender que un Estado de perversión, como el que se vive en este país, conduce a una crisis institucional y social que se ve reflejado en miseria, impunidad, violencia y descontento, que tarde o temprano se convertirá en un problema insostenible. Por ello ha llegado el momento de refundar el Estado de Guatemala y construir un país democrático, pluricultural y multiétnico.

La derecha recalcitrante no entiende que con su testarudez logrará que los sectores oprimidos se unan para hacer frente común a las acciones de injusticia e iniquidad emprendidas desde el Estado y ejecutadas por los gobernantes del país. Por lo que no es de extrañar que pueda surgir un Pedro Castillo en Guatemala.

Así que, aquellos que piensen que este país merece un mejor futuro, que es el momento de despertar, que basta ya de tanta corrupción, inequidad y miseria, a protestar con su presencia en contra el nefasto gobierno de Giammattei y del sistema corrupto que impera en Guatemala. La vigilancia debe ser permanente, la lucha constante.

A luchar por un país en donde prevalezca la justicia y la equidad, unidos por una causa común, la construcción de una mejor sociedad para todos pues, como lo indicó el historiador romano Publio Cornelio Tácito, mientras luchan por separado, son vencidos juntos. La unión hace la fuerza ya que una de las armas del enemigo es dividir los movimientos populares para vencerlos.

El objetivo no es simplemente lograr la remoción del presidente y el de la señora Consuelo Porras, es preciso refundar el Estado y para ello es necesario una nueva constitución que represente a todos los guatemaltecos, pues no hay peor tiranía, en palabras de Montesquieu, que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo el calor de la justicia.

Ponerse en el lugar del otro, mirarlo como parte esencial del propio bienestar y el de todos, es el inicio de toda participación que luche en contra de cualquier injusticia. El país está en crisis y no es algo nuevo, y para que se logre un cambio sustancial es necesaria la participación de todos. Ya que, solamente una sociedad sana, reproduce individuos sanos. La indiferencia al dolor ajeno es claro ejemplo de la perversión en la que pueden caer las personas. Por lo que la lucha debe ser por parte de todos aquellos que, dejando atrás egoísmos, entienden que el bienestar no se puede alcanzar si existen condiciones injustas en la sociedad.

Un pueblo que no manifiesta su descontento ante acciones deshonestas y perversas de gobernantes inescrupulosos y corruptos es cómplice con su silencio.

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