Depurar el lenguaje y las actitudes sexistas en los Juegos Olímpicos de Tokio

Cristina Antoñanzas

Tokio 2020, aunque se celebran en 2021, pasará a la historia por ser unos Juegos Olímpicos únicos, marcados por varios factores: la pandemia de la covid-19, que hace que estos Juegos se desarrollen sin público; la era de la tecnología, siendo Japón un país pionero en este asunto y, también, por la paridad en el número de participantes. Así, esta vez casi el 49% de los deportistas son mujeres, un dato fundamental que no puede empañarse por actitudes o el uso de un lenguaje sexista.

El deporte es una vía fundamental para promover el empoderamiento de las mujeres, por eso hay que aprovechar la oportunidad que ofrecen los Juegos Olímpicos y cuidar mucho las actitudes y el lenguaje que se utiliza. Así, lo ha entendido el Comité Olímpico Internacional y la ONU Mujeres, que han editado una guía de periodismo con el fin de evitar coberturas informativas sexistas.

Sin embargo, a pesar de esta iniciativa siguen produciéndose informaciones, que no dejan de ser una patada a la igualdad entre mujeres y hombres. Así, los titulares de algunos diarios incidían en que la tenista Paula Badosa era «ex novia de David Broncano», o «admiradora de Nadal», antes que resaltar sus logros deportivos, tras clasificase para los cuartos de final de los Juegos Olímpicos de Tokio.

El lenguaje tiene un vínculo con la forma de pensar e incluso de actuar. Puede reforzar los valores que tiene una sociedad, y evoluciona según lo hacen estos valores.

En febrero de este año Yoshiro Mori, jefe del Comité Organizador de los Juegos de Tokio tuvo un «desliz» o comentario machista al acusar a las mujeres de hablar mucho en las reuniones e incluso sugerir que se «restrinja un poco» su tiempo de palabra por su dificultad para poner fin a sus discursos. Por supuesto, tuvo que dimitir y fue sustituido por una mujer, la segunda de la historia en ocupar este cargo, Seiko Hashimoto. Al menos Japón supo rectificar, en este sentido.

Pero los Juegos de la paridad no han impedido que sigan produciéndose discriminaciones difíciles de justificar. Así, muchos países, en lugar de salir con dos abanderados (hombre y mujer) salieran con un hombre, como único abanderado. Países donde la mujer ocupa un segundo plano y donde hay un atropello a sus derechos sociales y humanos. Ni la cultura, ni la religión pueden ser excusas para justificar este desequilibrio en el trato a las mujeres.

Otro caso llamativo es lo que ha sucedido con el equipo femenino de balonmano playero de Noruega, que fue multado por la Federación Europea de Balonmano por llevar las jugadoras pantalones cortos, en vez de la parte inferior del bikini tal y como requiere la normativa. Una normativa que sí permite a los hombres llevar pantalones de hasta 10 centímetros por encima de las rodillas. Tras la polémica una portavoz de la Federación Internacional de Balonmano, Jessica Rockstroh, ha declarado desconocer el motivo de esta regla y asegura que ahora se está investigando de manera interna… Y digo yo ¿para qué? Gracias a esta polémica se vuelve a descubrir a una concepción obsoleta y claramente machista sobre la indumentaria de las mujeres. Se debe poner luz sobre éste y otros casos para que no vuelvan a suceder y la sociedad reflexione sobre lo que sigue pasando, un día sí y otro también, y no solo en el deporte, sino en distintos ámbitos sociales.

Por último, conviene recordar que los agujeros de la igualdad también se producen por omisión o por grado de importancia en las informaciones. Ignorar o relegar a un segundo plano los logros de las mujeres con respecto a los hombres, es contribuir a la invisibilidad que se da en algunos medios a la brecha de género. Es decir, si no se cuenta, no existe, no hay problema.

Precisamente por todo esto, los que defendemos la igualdad y creemos en ella abogamos por un lenguaje inclusivo y tenemos que relatar lo que sucede una y otra vez.

Fuente Publico.es

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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