La atomización de las demandas sociales

Autor: Jairo Alarcón Rodas
La construcción de la convivencia social tiene como eje central la búsqueda de la armonía entre los seres humanos, sin embargo, tal ideal se desvirtúa a causa de intereses particulares, egoísmos y perversiones. A pesar de poseer una misma naturaleza, los humanos, al residir en distintos territorios y encarar diferentes circunstancias en el planeta, interpretan la realidad de forma distinta, lo cual hace que deseen, dentro de toda una variedad de satisfactores, lo que se ajuste a sus intereses e inquietudes, que se ve reflejado en costumbres y tradiciones, rasgos característicos que los identifican.

No obstante, la naturaleza humana está constituida por factores esenciales que caracterizan a esa especie y aspectos secundarios o accidentales que determinan su diversidad. Lo esencial es lo común que comparten todos aquellos entes que se aglutinan dentro de una determinada clase, que los identifica y diferencia de otras; lo accidental y secundario son los aspectos contingentes, es decir, atributos que puede pertenecer o no a una cosa sin afectar su esencia.

Es así como los grupos sociales se ven segmentados, esencialmente por aquellos que, acumulando riqueza, se consideran con el derecho de mancillar la dignidad de los demás. Con ello, la división de los que tienen riqueza y los que no la poseen se establece, dando paso al rompimiento del orden social, a la discriminación, marginalidad y miseria.

En Guatemala, así como en muchos países del planeta, la convivencia social determina que grupos de distintas etnias, con rasgo característicos, intereses y preferencias determinados, se aglutinen dentro de un marco de normas y leyes que regulen su conducta, con el afán de vivir en paz y justicia para el bien común. No obstante, tales diferencias, el sustrato común que tienen todos es que son seres humanos.

Es así como exaltar las diferencias conduce a un alejamiento social, pues toda concordancia se establece a partir de convergencias, siendo en este caso lo humano, que caracteriza y poseen todos esos grupos, lo que lo establece. De tal modo que, lo que se persigue es que todos tengan garantizados sus derechos fundamentales que como seres humanos deben gozar.

De ahí que cada grupo que se identifica a partir de sus similitudes accidentales, inquietudes políticas y apetencias, reivindica derechos que consideran les han sido vulnerados y lo hacen desde su perspectiva, para de esa forma ejercer mayor presión y lograr sus objetivos. Así, grupos de Indígenas, afrodescendientes, feministas, de la comunidad LGTBIQ, entre otros, se organizan y se dan a la tarea de visibilizarse y demandar que se garanticen sus esenciales derechos.

Los derechos humanos se establecen para garantizar que ninguna persona sea mancillada en su dignidad. Es decir, sobre aspectos que competen a la naturaleza humana y al ejercicio de su libertad dentro del ámbito social. Al ser derechos inherentes a todos los seres humanos, sin distinción alguna de nacionalidad, lugar de residencia, sexo, origen nacional o étnico, color, religión, lengua o cualquier otra condición, constituyen potestad inalienable e irrenunciable de las personas.

Actualmente se resaltan las diferencias y desde esas particularidades, que identifican a cada grupo social, se reivindican derechos igualitarios, lo cual significa atomizar a la población. Las minorías son las que aparentemente sufren en mayor grado la vulneración de sus derechos, pero si se analiza con mayor criterio se verá que son las grandes mayorías las que siempre han estado al margen del reconocimiento que, como todo ser humano, deben tener. Es claro que toda reivindicación de derechos humanos debe establecerse desde la calidad de humanos que todos poseen.

No necesariamente las peculiaridades que demandan los distintos sectores que conforman la sociedad constituyen derechos que deben ser otorgados, pues si no son genuinos y con ello se pone en peligro la estabilidad social, su cumplimiento resulta ser una perversión. Toda demanda debe estar circunscrita dentro del ámbito de lo justo.
Tener conciencia social obliga ver al otro como un semejante, no obstante, cualquier tipo de diferencia accidental. Sin embargo, al identificarse con un grupo específico, cada sector enarbola su bandera, banderas que en vez de acercar los alejan, establecen una distancia dentro de la especie humana. Al etiquetarse de esa forma, se pone de manifiesto barreras entre los diferentes sectores sociales, lo cual divide a la población en sus justas demandas, ya que no es lo mismo pedir para solucionar requerimientos particulares, que demandar el cumplimiento de derechos fundamentales para todos los seres humanos.

Pero, al reconocer que lo humano es lo esencial, no significa que los grupos que vean disminuidos sus particulares derechos no puedan exigir sus justas demandas, ya que cualquier forma de discriminación, marginación y explotación debe ser denunciado y abrogado de todo ámbito social; sin olvidar que lo común que atañe a todos los seres humanos es lo que da vida a los derechos inalienables de las personas.

La segmentación esencial dentro de la sociedad la hace la acumulación de capital y con ello las clases sociales. Es eso lo que determina un escenario, en donde los derechos humanos se particularizan pues, al etiquetar a las personas en sujetos de primera, segunda y tercera categoría, el cumplimiento de tales derechos constituye un privilegio únicamente para aquellos que, en la pirámide de la estratificación social, se encuentran en la cúspide.

Mientras los pueblos estén divididos, no podrán visualizar al verdadero enemigo, al adversario común que es quien impone un sistema oprobioso, en el cual se establecen marcadas diferencias sociales que redundan en miseria, ignorancia y perversión. Condiciones que traen consigo discriminación, marginación, explotación y odio. Y como bien lo dice John Holloway, la lucha de ellos es para separar, la lucha de nosotros es para unificar. Toda causa justa, merece de la participación de todos.
Por tal motivo, la calidad de humanos se oculta, se desvanece, se desvirtúa, como un espectro, al reivindicar consignas gremiales, si no se toma en cuenta que tales demandas se inscriben dentro de un sistema perverso, que es el crea las condiciones para que toda la serie de vejámenes, que vulneran la condición humana exista. Sistema en donde lo humano pasa, en el mejor de los casos, a un segundo plano y prevalece el capital como sinónimo de poder.

Aspectos accidentales que aglutinan a los distintos sectores, grupos, gremios, movimientos sociales y que por momentos los confrontan, dividiéndolos, favorecen a un sistema que, como el de Guatemala, responde a los intereses de los que detentan el poder desde hace mucho tiempo y son los causantes de los diversos problemas sociales que padece el país.
Pero, cuando los intereses gremiales, particulares o individuales prevalecen sobre el bien colectivo, la participación en los movimientos sociales que reivindiquen causas comunes brilla por su ausencia. Comprender que la lucha para lograr un mejor país requiere de la participación de aquellos que, despojándose de intereses sectarios, luchan para consolidar la justicia social para todos y, con ello, el respeto a los derechos humanos.

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