¿Es ladino el Estado guatemalteco? (3)

Mario Sosa

El proyecto político que ha sido el fundamento de la configuración del Estado guatemalteco y que en una de sus dimensiones es esencial para la reproducción del racismo y de la opresión de los pueblos indígenas ha tenido como objetivo estratégico el mantenimiento del poder económico, social, político y cultural en manos de la clase social dominante.

Al respecto, en las primeras dos partes de este escrito se ha hecho referencia al modelo de acumulación de capital y al control oligopólico de la economía que fundamenta en lo económico el proyecto político de dicha clase social. En este marco, los únicos con los que se abren a la negociación, y en buena medida en condiciones de supeditación, es con expresiones del capital transnacional o global que actúa a través de sus expresiones corporativas, con imperios como Estados Unidos, con bloques como el de la Unión Europea y, en los últimos años, con algunas expresiones de burguesía emergente que han venido disputándose el control de algunos nichos económicos y ámbitos de la institucionalidad estatal.

En el ámbito social, dicho proyecto se delinea en el interés por mantener y reproducir una estructuración social en la cual dicha clase social, especialmente su núcleo oligárquico, se mantenga en la cúspide al tiempo mantiene al conglomerado mestizo o ladino lo como una especie de contención social y a la población autoadscrita como indígena o afrodescendiente en la escala más baja. Más allá, es de su interés que la enorme mayoría indígena, afrodescendiente y ladina siga constituyendo la fuerza de trabajo barata, encargada de proveer alimentos a bajo costo y de enviar remesas para mantener a flote la economía, sin lo cual la clase social dominante nos mantendría en un estado de deflación permanente. Es entonces una estructuración social que combina, principalmente, un carácter de clase con uno étnico-cultural.

Para la clase dominante ha sido, asimismo, la reproducción de una ideología que combina elementos anticomunistas, racistas y religioso-conservadores articulados con ideas favorables a la lógica empresarial —que concibe que el progreso del empresario es el progreso de todo guatemalteco y de toda guatemalteca—. Y la permisividad de la corrupción, del crimen, del clientelismo y del corporativismo le garantiza su hegemonía y la continuidad del proyecto político en cuestión.

Resulta una estrechez calificar este Estado de ladino, dado que, como se ha planteado, dicho concepto es equívoco para analizar la configuración compleja de la clase dominante.

Lo anterior finalmente se sintetiza en el ordenamiento constitucional y jurídico que reproduce la visión del mundo y de la vida y los intereses económicos y sociales de dicha clase dominante, al igual que la exclusión de los pueblos, clases sociales y grupos históricamente subordinados, que son impedidos de decidir sobre la institucionalidad y las políticas estatales fundamentales. Esto implica, entonces, la configuración de una razón de ser, de un régimen y sistema político, de una institucionalidad y unas políticas públicas que les permiten un ejercicio de poder por medios hegemónicos o represivos según requiera cada momento histórico.

En este marco, la opresión de los pueblos indígenas y el racismo contra estos, que irradian y se reproducen en la sociedad en su conjunto, son parte del proyecto político de una clase dominante que, entre otras características, observa, asume y mantiene subordinados y sometidos a la población, a las comunidades y a los pueblos indígenas. Un sometimiento que implica su reproducción como fuerza de trabajo barata, como producto turístico y como base social para la reproducción de sus intereses, tal como sucede en los momentos electorales.

Es desde tal proyecto político desde el cual los pueblos indígenas siguen siendo objeto de despojo de sus bienes comunes; de exclusión de sus sistemas jurídicos y de salud, de sus idiomas, de sus expresiones cosmogónicas y espirituales, y de combate de sus formas de autoridad y de su representación política, por mencionar algunos de sus elementos constitutivos en tanto sujetos colectivos.

Sin duda alguna, el Estado guatemalteco es uno de los dispositivos que reproducen el racismo y la opresión contra los pueblos indígenas. Sin embargo, resulta una estrechez calificar este Estado de ladino, dado que, como se ha planteado, dicho concepto es equívoco para analizar la configuración compleja de la clase dominante, el sujeto político que históricamente ha construido y controla estratégicamente el aparato estatal en función de su proyecto político.

Sin duda, lo tratado es más complejo. Por ello se sugiere profundizar en el tema.

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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