Debilidad de la democracia

Autor: Jairo Alarcón Rodas

Decía Winston Churchill, la democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás, con estas palabras el estadista británico indicaba que, a pesar de que la democracia es una mala forma de gobernar, es la mejor que se tiene. Pero ¿qué es lo que sucede en una sociedad donde se asienta una democracia, que se cumple con el formalismo que la identifica como tal, pero no permite el ejercicio efectivo de sus bondades? Quizás ello se deba a la manipulación de las masas por parte de los que fueron elegidos para gobernarlas.

En sociedades en donde las diferencias se establecen por el capital acumulado, hablar de democracia no tiene sentido. Democracia es el gobierno del pueblo, es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen conforme a mecanismos contractuales a partir de suscribir un pacto social. Sin embargo, el término democracia es genérico pues tiene distintos matices. Así, se puede hacer referencia sobre lo que es la democracia liberal, la social democracia, la democracia popular; así como lo que es la democracia representativa o la democracia participativa.

En La República, Platón, al referirse a la democracia como el gobierno de muchos, es decir del pueblo, critica tal forma del ejercicio de gobierno porque, según su criterio, la dirección del Estado debe recaer en los más sabios. Platón cuestiona el juicio del pueblo en la toma de decisiones ya que lamentablemente, la sabiduría no es potestad de muchos.

De ahí que, más tarde, Aristóteles planteara las formas bastardas de gobernar, siendo la tiranía cuando el gobierno es de uno, la oligarquía cuando es de pocos y la demagogia en el caso de muchos. En tal sentido, las formas de gobierno se pueden pervertir a manera de beneficiar a unos pocos, lo cual desvirtúa el ejercicio del poder en aras de una convivencia pacífica y del bien común.

Recordando a José de Ingenieros cuando dijo, el perfeccionamiento humano se efectúa con ritmo diverso en las sociedades y en los individuos. Los más poseen una experiencia sumisa al pasado: rutinas, prejuicios, domesticidades. Pocos elegidos varían, avanzando hacia el porvenir. Los más se ven limitados por las circunstancias, por la serie de obstáculos que encuentran para su desarrollo, careciendo muchas veces de oportunidades para adquirir una existencia digna.

Desde que Federico Engels planteara en su texto El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, que fue la acumulación de la riqueza la que determinó el inicio de las clases sociales y con ello no solo la explotación del hombre por el hombre, sino también la clasificación de las personas en primera, segunda y tercera categoría, el escenario donde se asienta una democracia adquiere particular significado pues la expectativa de la consolidación de una democracia efectiva queda simplemente como una formal, representativa.

En una democracia, teóricamente, todas las personas son iguales ante la ley y, en lo político, tienen el derecho de elegir y ser electos libremente. No obstante, en realidad, solo tienen ese derecho aquellos cuyo capital les permite participar en las contiendas electorales y atienden las reglas de juego de los que tienen el control efectivo del poder. El capital, en circunstancias donde las asimetrías sociales son notorias y la pobreza hace presa de muchas personas, compra voluntades para continuar vigente y se constituye en la verdadera fuerza del poder.

Como consecuencia, fomentar la ignorancia siempre ha beneficiado a los que detentan el poder con fines perversos, mientras menos criterio tenga la población, más fácilmente es manipulable. Y en el caso de países como Guatemala, ese ha sido el modelo que han seguido toda una serie de gobiernos que, sirviendo a intereses sectarios, de una oligarquía tradicional, desvirtúan totalmente el significado de lo que debería ser una democracia.

Un pueblo con herramientas cognitivas, que les permitan discernir con mayor criterio cual es la mejor forma de convivencia social, determinará y consolidará con mayor certeza lo que constituye una democracia participativa y con ello, lo que es una auténtica democracia. Y eso únicamente es factible a través de modelos educativos transformadores, que permitan salir de la ignorancia a muchos habitantes de este país, ya que la educación tradicional de la que se sirven los sectores dominantes solo ha servido para alienar, reproducir personas dóciles, obedientes y temerosas.

Es claro que acumular información, aprender a realizar determinadas tareas, obedecer reglas y mandatos no constituye una educación transformadora que permita visualizar, con criterio humano, lo requerido para una convivencia en armonía y que, a su vez, propicie un estado de bienestar para todos.

Así, toda educación domesticadora reproduce seres pasivos, conduce a que las personas no cuenten con el criterio para accionar correctamente en el momento preciso, en los distintos escenarios que se presentan a todo ser humano. La inteligencia es precisamente eso, la capacidad de resolver problemas que se presenten y, en el caso de los seres humanos, significa también tomar en cuenta necesariamente la presencia de los otros para la resolución de cualquier problema.

El ideal de la democracia representativa es que el pueblo elija a las personas más idóneas para el ejercicio del poder, desde la esfera gubernamental, pero eso únicamente se logrará si las condiciones están dadas para hacerlo efectivo. Condiciones que tienen que ver con la liberación del pueblo de sus necesidades fundamentales. En este caso, el libre ejercicio de elegir y ser electos obliga a que ningún individuo pueda comprar voluntades ni que las necesidades existenciales que aquejan a las personas determinen que eso suceda.

Como consecuencia, el asumir la responsabilidad de sus actos y el reconocimiento de lo que significa la convivencia con otros, conducirá a que los seres humanos puedan pasar de una democracia representativa a una democracia participativa. Ser responsable en el ejercicio de la libertad significa el conocimiento del papel que todo individuo tiene en este planeta, es decir, poseer el conocimiento de lo que representa vivir en sociedad.

El fortalecimiento de una cultura política en la población se convierte en una exigencia básica y fundamental para la convivencia. Desmitificar el ejercicio político, acercarlo a la población, mostrar cuán importante son las relaciones de poder y el ejercicio de lo que constituye una correcta gobernabilidad es labor por realizar en la conciencia de los individuos que conforman una sociedad, que pretenda construir una democracia participativa y efectiva.

Hablar sobre democracia, por parte de aquellos que lo han tenido todo, a expensas de la explotación humana, constituye un insulto para los que sufren miseria por dicha causa.

Comparte, si te gusto

PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

publico