«Estabilidad estratégica global» con «líneas rojas» de Joe Biden y Vladimir Putin

Alfredo Jalife-Rahme

Si la cumbre de Joe Biden y Vladimir Putin desemboca en un «Diálogo de estabilidad estratégica bilateral integrado» –como enfatiza el comunicado conjunto de las dos superpotencias nucleares del planeta (https://bit.ly/3wJo12D) y (https://bit.ly/2SLq87g)–, habrá sido un triunfo para la humanidad, al reducir la «amenaza de una guerra nuclear que nadie puede ganar y nunca debe ser librada».

El comunicado conjunto expuso que “la extensión reciente del Nuevo (sic) Tratado Start” (Tratado Estratégico de Reducción de Armas Nucleares), del 5/2/21 hasta 2024 sin mucha fanfarria «ejemplifica el mutuo compromiso por el control de armas nucleares».

El tema de la «estabilidad estratégica global» no es muy popular para los multimedia, cuya mayoría lo escamotea cuando no lo entiende, representa el vértice de la pirámide de varios niveles de la interacción entre Estados Unidos y Rusia, lo cual fue asentado en primer término por el zar Vlady Putin: “Washingtony Moscú cargan una responsabilidad especial (sic) para la estabilidad estratégica global, porque por lo menos somos las dos máximas potencias nucleares –en términos de la cantidad de municiones y ojivas, el número de vehículos de lanzamiento, el nivel de sofisticación (sic) y calidad (sic) de las armas nucleares”. A cada quien su jerarquía y sus respetables interpretaciones, cuando ambos mandatarios tienen muy prístinos, afortunadamente, los niveles de relevancia (https://bit.ly/3vBlpSY).

Mediante la lupa del enfoque jerárquico, los siguientes niveles de relevancia lo constituyeron: 1. Las mutuas «líneas rojas» en sus varios estamentos temáticos y estratégicos (https://bit.ly/3vJgn6Z); 2. La ciberseguridad: donde Biden puso sobre la mesa sus «16 líneas rojas», referentes a los sitios inexpugnables a «ciberataques» (https://bit.ly/2TQ1YIJ) y 3. La «cooperación en el Ártico», donde sólo China se ha asociado a Rusia para su explotación, logística y defensa.

Detecto dos resquicios (loopholes) en la «asociación estratégica» entre Rusia y China: en la esfera geoeconómica y en la ampliación a la «cooperación del Ártico» en las que puede participar Estados Unidos, que sería obligado a levantar, como quid pro quo, sus asfixiantes sanciones contra Moscú.

Percibo una leve fisura en el ámbito de la «cooperación económica», que naturalmente aprovechó en su conferencia de prensa unilateral el presidente Biden (https://bit.ly/35BsND8), al comentar que China estaba “asfixiando (sic)” a Rusia en el rubro económico: “Rusia se encuentra en un muy, pero muy, difícil punto ahora. Está siendo asfixiada por China. Desea, en forma desesperada, (sic) permanecer como superpotencia” (https://bit.ly/3wJtLJJ).

En una entrevista previa a la cumbre, Putin vislumbró el horizonte de una mayor cooperación económica: “muchas empresas estadunidenses desean operar ( sic) en Rusia, pero les jalan las orejas y ceden el lugar a sus rivales (sic)”. Putin coloca la estocada: «¿Beneficia esto a la economía de Estados Unidos?» (https://bit.ly/2SLaatO).

La cantada «asociación estratégica» de China y Rusia posee fisuras y limitaciones en muchos ámbitos. No es tan lineal.

No menos relevante es el retorno inmediato de los respectivos embajadores del Kremlin y la Casa Blanca y la perspectiva y prospectiva de un intercambio mutuo de prisioneros, lo cual evidentemente da pie a la resurrección de la abandonada «diplomacia», donde las cancillerías jugarán un prominente papel en los restantes temas regionales y domésticos.

Ni Estados Unidos ni Biden desean una guerra nuclear con Rusia por Ucrania. Moscú y Putin tampoco desean una guerra atómica con Washington por Siria.

La «Estabilidad Estratégica Global» es prominentemente tripolar cuando el zar Vlady Putin se ha adelantado a su operatividad (https://bit.ly/35COgvD), lo cual seguramente captó Biden, con casi medio siglo de experiencia en las relaciones internacionales, al reconocer el carácter de «superpotencia» de Rusia y al programar un próximo encuentro con el mandarín Xi Jinping”, como enunció el asesor de Seguridad Nacional, el israelí-estadunidense Jacob Jeremiah Sullivan (https://bit.ly/35G7XCG).

www.alfredojalife.com
La Jornada

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