¿Es ladino el Estado guatemalteco? (2)

En la primera parte de este escrito abordé algunos elementos que perfilan al sujeto que ha configurado el Estado guatemalteco y que permiten cuestionar el atribuirle a este un carácter ladino.

En ese mismo sentido, es necesario afirmar que el núcleo oligárquico, que ha sido el principal constructor de este Estado, no se ha caracterizado por autoidentificarse como ladino. Dicho núcleo está integrado en buena medida por familias que se autodefinen como criollas o blancas. A partir de allí han mantenido una orientación a establecer relaciones de parentesco, por ejemplo entre sí, con el objeto de garantizarse lo que en su imaginario conciben como pureza de sangre y un origen cultural superior. Esta búsqueda ha estado afincada en la idea de garantizar su continuidad como descendientes de españoles, principalmente. Es sabida, asimismo, su apertura a establecer este tipo de relaciones con personas ajenas al grupo siempre y cuando estas comprueben su pertenencia a razas o naciones consideradas civilizadas y superiores (alemanas, belgas, inglesas, estadounidenses) y al mismo tiempo representen la posibilidad de establecer alianzas de capital.

Quienes integran dicho núcleo asumen como razas inferiores a los pueblos mayas y afrodescendientes y, por consiguiente, a todo pueblo, grupo o persona cuyos orígenes impliquen una mezcla con lo indígena. Es acá donde son situados quienes por autoidentificación o atribución de identidad son llamados ladinos o mestizos. Claro está: a los ladinos o mestizos les atribuyen una ubicación distinta a la de los indígenas en la estructura social que buscan reproducir, al punto de que se les hace relativamente aceptable verlos como aliados o intermediarios en el marco del régimen de dominación establecido desde las fases más recientes del régimen colonial. Esto hizo que, en un momento determinado, los ladinos o mestizos, que fueron adquiriendo cierto poder económico, fueran asimilados como administradores, capataces y funcionarios estatales en ámbitos locales y regionales, en especial cuando no asumían ellos, en tanto criollos, estas tareas. Este es uno de los factores que llevó a muchos pueblos indígenas a asumir como su opresor y explotador inmediato al ladino o mestizo y a proyectar a este grupo intermedio como tal en el ámbito nacional.

Es un hecho que existen grupos de la clase dominante que se autoidentifican como mestizos o ladinos, al igual que grupos con identidades culturales y nacionales diversas.

A estas alturas de la historia es un hecho que existen grupos de la clase dominante que se autoidentifican como mestizos o ladinos, al igual que grupos con identidades culturales y nacionales diversas, como coreanos, judíos, árabes, alemanes y estadounidenses, entre otros. Como se podrá observar, la configuración cultural e identitaria en el interior de esta clase social es heterogénea y diversa, carácter que no está contenido en el término ladino. Y, como se ha venido insistiendo, en el interior de esa clase existe un núcleo principal y dirigente denominado oligarquía, cuyo principal factor de identificación cultural está dado en lo criollo y blanco, principalmente.

Es esa oligarquía la que, en su carácter de grupo dirigente, ha plasmado en la configuración y en la política del Estado sus intereses y su paradigma cultural afincado en lo occidental y en la modernidad. En esa dirección ha venido articulando un proyecto político que ha sido impuesto, construido y asimilado por las grandes mayorías sociales, lo cual ha sido posible a partir de la implementación de dispositivos y políticas hegemónicas y represivas.

Es a este proyecto político (con contenido económico, social, cultural, ideológico y jurídico) al cual nos referiremos en la tercera parte de este escrito.

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