La soledad y el olvido

Autor: Jairo Alarcón Rodas
Las relaciones humanas están cambiando y con ello se modifican patrones de conducta, estilos de vida y actitudes dentro de la sociedad. Todo eso responde a condiciones materiales de un sistema que prevalece, imponiendo, a través de sus brazos ideológicos, formas de pensar y de actuar que se traducen en hábitos que responden a la naturaleza del sistema y que sin duda modifican las relaciones sociales y más específicamente la forma de ver al otro.

Así, nuevas formas de comportamiento, modos de encarar la vida y valores se inscriben, actualmente, en sociedades en donde el capitalismo se ha impuesto y una insaciable sed de consumo y de tener, producto de la alienación ideológica que establece el sistema. La cultura de la sociedad de consumo resalta Bauman, no es de aprendizaje sino principalmente de olvido.

El significado de familia ha cambiado, lo que antes fuera el estilo tradicional, en donde compartían personas a las que las unía vínculos consanguíneos y por afinidad, más tarde se constituyó en la familia nuclear y posteriormente en la monoparental. Pero no solo eso, también se han modificado las relaciones dentro de esos núcleos haciéndose cada vez más frágiles; formas de pensar y actitudes adquieren nuevas dimensiones y características.

Alvin y Heidi Toffler en su libro, La Creación de la Nueva Civilización destacan que esta nueva civilización trae consigo nuevos tipos de familia; formas distintas de trabajar, amar y vivir; una nueva economía; nuevos conflictos políticos, y, más allá de todo esto, una conciencia asimismo diferente. Esta nueva modalidad de existencia sin duda traerá consecuencias en las relaciones sociales y por ello se hace necesario estar alertas.

La modernidad ha creado relaciones afectivas volátiles, dice Zygmunt Bauman, de modo que cada vez más, la presencia del otro resulta para estos ser indiferente. De ahí que el egoísmo se fortalece y con ello, la individualidad. Los cambios incesantes que está imponiendo el acelerado desarrollo tecnológico incide también en la estabilidad en las relaciones sociales. Así, en un mundo en donde el desarrollo tecnológico obliga a que los seres humanos se adapten a tales cambios, muchas veces sin tener conciencia de ello, los convierte, sin darse cuenta, en prisioneros de esta nueva era.

Dentro del capitalismo, la inmediatez aprisiona a los seres humanos en una modalidad en donde impera la competitividad individualista y la ausencia de solidaridad y bienestar común. Así, con un accionar pragmático, el objetivo de las personas se reduce a tener o a buscar tener pues ello les representa hipotéticamente poder y estatus. Sin embargo, no todos pueden lograrlo, la mayoría solo aspira a ello, esa es la imagen que impone el capitalismo con su idea del buen emprendedor. Los valores humanos cambian de la solidaridad a la competitividad y a la indiferencia respecto del otro, incluso dentro de la familia.

La importancia de las raíces histórica no tiene sentido ante la necesidad de enfrentar el presente y, al igual que cualquier mercancía dentro de esta modalidad, las personas tienen un tiempo de caducidad, que no tienen que ver con el fin de sus vidas sino con la calidad de trabajo que puedan aportar a sus patrones. Cada vez es más estrecho el rango de edad de servicio que el sistema impone a un trabajador que considera útil y, desde luego, la inutilidad que les representa de acuerdo con su rendimiento, dado el criterio que impone el imperio de pérdidas y ganancias que rige el mercado.

La confianza, la solidaridad, el respeto son valores que actualmente están en desuso y en su lugar se ha establecido otros como la indiferencia, el egoísmo y el fanatismo. En distintas partes del mundo se está volviendo común la indiferencia, el olvido que se tienen hacia los familiares de mayor edad, los cuales se ven obligados a vivir solos, dadas las condiciones que le imprime el momento actual ya que no desean ser una carga para sus hijos. Decidir vivir solos representa para estas personas no solo aislarse de la sociedad sino también, en muchos casos, enfrentar la soledad que constituye un estado psicológico de ausencia y olvido.

Reportes noticiosos señalaron, hace algunos años, que la policía alemana halló el cuerpo de una octogenaria, fallecida hace aproximadamente un año y medio o más, cuyo cadáver permanecía desde entonces en la cama de su vivienda, en Kassel, en el centro de Alemania. La mujer de 87 años murió, según las estimaciones en curso, en el verano de 2014 y sus restos fueron hallados a finales de noviembre del 2015.

En el año 2,019 en el distrito madrileño de Ciudad Lineal, España, hallaron en su casa, el cuerpo momificado de una mujer que había muerto hace 15 años, la información señaló que Isabel, la mujer encontrada, falleció en el año 2,004 y al no tener relación con su familia desde hacía años, su muerte pasó desapercibida. Destaca la nota que, sin hijos, las sobrinas y hermanas no formaban parte de su círculo habitual. La mujer quedó en el olvido, tanto así que por 15 años nadie reclamó su paradero. En España, se estima que cada vez son más las personas que se ven obligadas a vivir solas, olvidadas por sus parientes, viven los últimos años de su existencia en un total aislamiento y soledad.

Hay dos formas para estar solos, una por elección y la otra por obligación o necesidad. Sin embargo, estar solo, aislarse del mundo, apartarse de la familia, no necesariamente trae consigo la soledad. Cuando uno decide estar solo puede mantener los vínculos afectivos con la familia y amigos lo cual significa no vivir en soledad, pero cuando se relega a una persona a estar sola y se le olvida, los nexos afectivos se quebrantan y con ello, llega la insoportable soledad. Le decía don Juan Matus a Carlos Castaneda, no es lo mismo la soledad que estar solo, mientras que el primero es una situación psicológica lo otro es una situación particular que implica estar sin compañía.

Más recientemente, en Madrid, hallaron el cadáver descompuesto de una anciana comido por sus gatos. La Policía halló el pasado lunes 31 de mayo, el cadáver de una anciana en avanzado estado de descomposición y con partes desmembradas porque habían sido comidas por sus gatos, algunos de los cuales estaban también muertos en el domicilio, la mujer había falleció por causas naturales, hace más de un mes.

La noticia destaca que Clara Inés vivía sola en un piso en la comunidad de Madrid , su familia más cercana residía en Colombia y no tenía hijos ni se había casado, por lo que nadie se percató de su desaparición ocurrida probablemente el 28 de abril del presente año. No se dieron cuenta que había muerto, su presencia fue indiferente a los demás. Así como ese hecho, la soledad y el olvido embarga a muchas personas en el mundo, sobre todo aquellas que cuentan con una avanzada edad y representan por eso una carga para la familia y la sociedad.

No hace mucho tiempo en Guatemala, esta noticia apareció en un diario: El sufrimiento por el abandono de personas en hospitales no discrimina edad, desde recién nacidos hasta ancianos han sido víctimas del olvido de sus familias y sin alternativa se quedan a vivir por mucho tiempo en los centros asistenciales hasta que alguien se compadece de ellos. La indiferencia, el desprecio y el olvido son ya parte de las actitudes que han adoptado muchas personas de cara a la sociedad. Tener que enfrentarse a una circunstancia adversa o simplemente la insensibilidad al dolor ajeno constituye parte del nuevo escenario.

El documental chileno El agente topo, muestra con crudeza lo que significa llegar a la vejez y ser olvidado. Familias acomodadas recluyen a sus familiares de la tercera edad en residencias para ancianos, en donde la tristeza y nostalgia se muestra en los personajes debido al olvido por parte de sus parientes más cercanos. La directora del filme chileno, Maite Alberdi, dijo en entrevista publicada, actualmente estamos viviendo más, pero no estamos con ganas de vivir más. No querer vivir más como resultado de la nostalgia.

Calidad versus cantidad de vida, tal es el dilema que sufren muchas personas en un mundo cada vez más insensibilizado. Los personajes de «El agente topo» se niegan a vivir en soledad, aunque la condición, la vejez, fragilidad y lo que eso representa, los condena a vivir los últimos años de su existencia en medio de la soledad y el olvido.

Y qué sucede con aquellos que no tienen la oportunidad ni la fortuna de ser recluidos en hogares, en donde les otorguen la serie de cuidados necesarios para una vida digna. Abandonados a su suerte, se pierden en la soledad de las multitudes indiferentes. Los ancianos se convierten en una carga insoportable para los nuevos estilos de vida de un mundo cada vez más insensibilizado e inhumano.

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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