Reflexiones sobre la libertad

Autor: Jairo Alarcón Rodas

Los conceptos encierran muchas veces contenidos multívocos, determinando que la comunicación se haga imprecisa, dificultosa, debido a la diversidad de significados que pueden representar las palabras según los valores culturales que ostente cada sociedad. Uno de esos conceptos, es sin lugar a duda, el de libertad. Concepto muy trillado ha sido este a todo lo largo de la historia del pensamiento humano, sobre él se han cimentado toda una serie de movimientos políticos, en donde el concepto de libertad ha repercutido en el orden de la acción humana y en el campo económico.

Al reflexionar sobre el concepto de libertad hay que tener un claro y preciso criterio de su significado esencial y de su ámbito de acción. ¿Cuál es el significado del concepto libertad? En primera instancia, ese término constituye un principio axiológico dentro del accionar humano, es decir, constituye un valor dentro del plano teleológico de toda persona, dentro de un marco social. Así entendido el marco de referencia, la libertad es el derecho individual de todo ser humano de autodirigirse, es decir, la facultad de poder elegir sin la injerencia ni interferencia de otro u otros, sus deseos.

Tal definición parece ser clara y, por consiguiente, sin ninguna complicación aparente en su entendimiento, pero al pertenecer todo ser humano a un medio social, el ejercicio de su voluntad se ve restringido a lo que es permisible en sociedad. La libertad no existe si no es dentro de un ámbito social, es ahí donde cobra significado y constituye un valor humano. En consecuencia, el vivir en sociedad limita las acciones individuales y, por lo tanto, adquiere singular importancia el poder cohesionar el interés individual con los colectivos y por ello el surgimiento de las normas.

Pero ¿cómo podrán converger intereses particulares con los sociales, si las lecturas que se hacen sobre la realidad, por parte de cada ser humano, atienden a inclinaciones, intereses y criterios particulares, que se derivan de apreciaciones valorativas, emotivas, subjetivas, que atomizan la realidad y, por consiguiente, hace lo mismo con los valores sobre las cosas? Los deseos individuales, que se convierten en acciones, pueden romper la armonía que se espera lograr a través de lo que constituye el Pacto Social.

Sin embargo, la racionalidad permite desvelar lo que es la realidad a través del conocimiento tanto en su aspecto físico como en lo social, convirtiéndose en el árbitro del accionar humano y que deriva no solo imperativos categóricos, sino también criterios, en el ejercicio de la experiencia. Los acuerdos se establecen a partir de juicios racionales. Así que, como diría Heráclito de Éfeso, sabio es que quienes oyen, no a mí, sino a la razón, coincidan en que todo es uno. Los caminos que conducen al entendimiento deben converger y no disentir, de modo que el ejercicio de la libertad debe estar enmarcado en lo racionalmente posible.

Es entendible que la libertad de acción, motivada por intereses particulares y una intencionalidad específica, pueda quebrantar la armonía social, de ahí que, a la libertad de acción se le deba adicionar la responsabilidad que conlleva la convivencia social. Siendo diferentes, en rasgos accidentales, los seres humanos mantienen una misma esencialidad que es lo que los caracteriza. Los sentidos es lo que posibilita a los seres humanos el contacto con las cosas, pero es la razón la que interpreta tal información, por ello los criterios no pueden ser tan disímiles como para ocasionar un caos de comprensión de la realidad y entendimiento entre las personas.

De ahí que el ejercicio de la libertad debe suponer conciencia de lo que eso significa. ¿Cómo puede ejercer un individuo su libertad, si no comprende lo que representa decidir por cuenta propia y, por otra parte, se puede escoger la ruta a seguir dentro de un marco de normas que privilegia a unos y relega a condiciones de miseria a muchos? Para los marginados, no tiene importancia el concepto de libertad, no así para los privilegiados, pues les da el derecho de hacer lo que quieran o pretender hacerlo, como el hecho de explotar a otras personas con el afán de acumular riqueza.

Se es libre dentro del ámbito de lo razonable, de lo posible y de lo que no interfiera en el ejercicio de las acciones de los demás, dentro de un marco de justicia y equidad. Las relaciones sociales de convivencia determinan el grado de libertad que debe poseer cada individuo. Pero, en una sociedad donde impera la explotación del hombre por el hombre, la libertad se ve desnaturalizada y se convierte en instrumento político de explotación. En cambio, en una sociedad donde impera la justicia y la equidad, la libertad adquiere su real valor.

¿Existe libertad cuando determinados actos son sancionados, castigados por un ente regulador de la conducta humana? Cuando determinados actos son prescritos, no podría existir libertad absoluta pues ello reprimiría las acciones ejercidas por cada persona que vayan en contra de la convivencia social. El Estado tiene esa función, la de reprimir como sanción para el establecimiento de un orden estipulado. De ahí que Weber señalara, como función del Estado, ostentar el monopolio de la violencia.
Como consecuencia, la dificultad de entender el término libertad comienza cuando la convivencia social restringe el accionar individual. De ahí que el ejercicio de la libertad requiere el cumplimiento de normas. Siendo así ¿cuándo una persona es libre? ¿Es acaso libre un individuo que, teniendo varias posibilidades, escoge por sí mismo la que considera deseable, atendiendo a su criterio o apetencias valorativas, sin el temor a una sanción ulterior o acaso, la libertad requiere conciencia de lo que eso significa, para actuar con responsabilidad, dentro de un ámbito social?

La primera posición teóricamente es descartable ya que todo individuo que pretenda hacer lo que le plazca, al margen de lo que constituye la convivencia social, tiene que ser sancionado. No obstante, para los que ostentan el poder, el marco de acción se amplía. Como consecuencia, en las condiciones sociales en las que se encuentra gran parte del mundo, el ejercicio del poder les otorga mayor posibilidad de acción, no así para los que no lo sustentan.

Curiosamente la Declaración Universal de Derechos Humanos firmada en 1948 señala que: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros. Sin embargo, en la práctica tal declaración está lejos de ser realidad en muchas partes del mundo. Nacer teóricamente libres, para aquellos que viven en condiciones adversas impuestas por un sistema perverso, no significa absolutamente nada.
El ejercicio de la libertad requiere de condiciones mínimas que la hagan viable y, a su vez, de la comprensión de lo que eso significa para actuar con responsabilidad. No puede haber libertad en donde no exista justicia y equidad. La libertad, al margen de tales criterios, constituye una ficción que enarbolan aquellos que, a través del poder que les otorga la acumulación de capital, consideran como uno de sus privilegios hacer arbitrariamente lo que quieran.

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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