El poder del más fuerte

Autor: Jairo Alarcón Rodas

El poder que ejercen los más fuertes sobre los débiles, decía el sofista Trasímaco, es lo que constituye la justicia. Cuánta vigencia tienen en la actualidad ese criterio, cuánta razón tenían los sofistas al describir el comportamiento humano, dado el hecho de la acumulación de riqueza por parte de los nobles y, con ello, la concentración y el ejercicio del poder.

Los sofistas se caracterizaron por llamarse a sí mismos sabios y se distinguieron por el arte de la elocuencia a través de la retórica o el arte del buen hablar. Junto a Sócrates, estos pensadores dieron inicio al período antropológico, donde lo importante era reflexionar sobre el comportamiento humano, dejando atrás el período ontológico en donde lo importante era esclarecer qué es la realidad.

Buscar en uno mismo, preguntarse sobre lo que son los seres humanos era el tema de reflexión de ese periodo en la filosofía antigua. Cuál es la esencia humana, cuáles son sus potencialidades y debilidades es lo que se busca para superar las carencias a través del conocimiento, y encierra la máxima socrática que dice, conócete a ti mismo. Por otra parte, desde la visión de los sofistas, el homo mesura de Protágoras describe simplemente las actitudes humanas, al decir que el hombre es la medida de todas las cosas y, por consiguiente, cada individuo ve la realidad como le parece, originando con ello la corriente subjetivista y, así, lo que es bueno para unos puede no serlo para otros.

Michael Ladmann decía que mientras Sócrates enfocó el problema humano desde la perspectiva ética, los sofistas lo hicieron desde la interpretación cultural, de modo que es comprensible el criterio de justicia planteado en su momento por Trasímaco, pues únicamente describe, dentro del marco de las sociedades esclavistas vigentes en ese momento histórico, lo que ese valor representó dentro del modo de producción imperante. Curiosamente, tal aseveración, pasados más de dos mil años, aún tiene vigencia.

En el reino de la naturaleza, dice Goethe, uno tiene el gusto de comerse a los más pequeños, ahí es donde se va uno haciendo grande y preparando a grandes hechos; sin embargo, en sociedad, el imperio de la justicia, como un valor racional de cohesión social, debe prevalecer.

Así, los países del llamado primer mundo determinan las pautas que deben seguir los que están en vías de desarrollo, de modo que si un país pequeño rompe las reglas establecidas, según el criterio de los poderosos, es inmediatamente condenado y sancionado, no siendo así si el incumplimiento se da por parte de los que dictan las reglas del juego.

Eduardo Galeano detalló muy bien, en su libro Patas arriba, las diferencias que hay entre los países poderosos y los débiles, dándole la razón tácitamente al criterio de justicia emitido por Trasímaco. En la guerra en contra de Vietnam, por ejemplo, murieron aproximadamente 58,159 soldados norteamericanos, lo cual contrasta con los más de 3 millones de vietnamitas que perdieron la vida durante esa invasión, al fin y al cabo, dice Galeano, en su larga matanza, los Estados Unidos habían estado ejerciendo el derecho de las grandes potencias a invadir a quien sea y obligar a lo que sea. El que tiene la fuerza ejerce el poder y eso constituye, para ellos, la justicia.

Territorios han sido invadidos, explotados y masacrados a partir del colonialismo europeo en África, Asia y América en donde el denominador común ha sido el poderío militar y la imposición del criterio particular de justicia. La Conquista de América sin lugar a duda, es un claro ejemplo de la expoliación que sufrieron los habitantes naturales de esta región, que llegó al extremo en la Controversia de Valladolid, en el enfrentamiento de Ginés de Sepúlveda y Fray Bartolomé de las Casas con el fin de determinar si los nativos de América tenían alma.

Otro ejemplo se dio en el continente africano durante los años de 1,885 a 1,908 en donde, con el consentimiento y aval de las potencias europeas, Leopoldo II, rey de Bélgica, cometió el genocidio vergonzoso, durante la intervención de ese país en la república del Congo, dejando una secuela de poco más de 15 millones de congoleños muertos. En el año 2,003 en el gobierno de George W Bush, Irak fue invadido con el pretexto de que Sadam Husein estaba construyendo armas de destrucción masiva, hecho que fue desmentido por distintos organismos internacionales y demostrado posteriormente y, aun así, las Naciones Unidas no emitió sanción alguna en contra de tal invasión.

Lo que la razón y el sentido humanitario determinan que es una aberración, para los regímenes poderosos constituye un acto de justicia y qué decir de aquellos pueblos que se creen elegidos de Dios y por lo tanto se consideran intocables y con el derecho de pisotear a otras naciones. Y en países como el nuestro, donde la religión socaba la inteligencia, los apologetas dogmáticos, haciendo acopio del sionismo ortodoxo y del fanatismo, han cimentado la idea que hay pueblos elegidos y que, por lo tanto, todo acto por funesto que realicen es justificable.

En Guatemala, los sectores poderosos han construido su idea particular de Estado de Derecho y de justicia, creando un compendio de leyes que no representan los genuinos intereses del pueblo y sí de la oligarquía dominante. Y ahora, con el control que el pacto de corruptos ha logrado a través de la recién electa Corte de Constitucionalidad, la interpretación de la Constitución la realizan con criterio perverso, que fortalece el sistema inequitativo y corrupto imperante en detrimento de los sectores históricamente marginados.

¿Qué dicen sobre eso los organismos internacionales, no es acaso una forma de dictadura impuesta a través de retorcidas interpretaciones legales de organismos como el congreso, Corte Suprema de Justicia y presidencia de la República a todas luces corruptos? Cuando Trasímaco dijo que justicia es el poder que ejercen los más fuertes y poderosos sobre los débiles, simplemente estaba describiendo el comportamiento perverso de los que ignoran que el vivir en sociedad requiere un criterio digno de lo que es la justicia.

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