Estados de sitio o prevención sin democracia

Miguel Angel Sandoval

Es en los últimos años que la democracia camina siempre del brazo de estados de prevención y en ocasiones con abiertos estados de sitio, que aun si son parciales no dejan de violar libertades democráticas. Si se hace un balance de cuáles han sido los resultados de una y otra figura, es fácil llegar a la conclusión que no hubo ningún adelanto. Ha sido pérdida de tiempo, pero, sobre todo, intentos fallidos para amedrentar a la población y levantar la idea que la democracia se encuentra asediada pero ese cuento ya no se come nadie. Cuando lo que hacen con esas payasadas es recortar derechos y libertades.

Si tenemos que no hay resultados que merezcan la pena, lo que procede es preguntarse las razones por las que los mandatarios y sus equipos en el Gobierno han optado por poner a cada rato este tipo de limitaciones a los derechos democráticos de la población guatemalteca. Sea la lucha contra el narco que termina sin nada concreto que mostrar, o ante los migrantes que no pueden detener pues siguen llegando por miles a EE. UU., y ahora por su mala gestión de la pandemia, pues no es difícil afirmar que los últimos gobiernos no entienden para nada que es la democracia, la gobernabilidad o la gobernanza.

Y este es el ajo del asunto. Afirmo que los últimos gobiernos no saben qué es la democracia o la gobernabilidad. Pretenden con arranques autoritarios mantener a la población bajo control, sujeta a sus políticas desatinadas de gobierno, quietos para que no se movilicen en defensa de sus derechos más elementales, con miedo pues si algo pasa, es la amenaza subterránea o no tanto, de que pueden regresar los milicos al Gobierno y la represión masiva de los años idos.

Es la finca decimonónica que pretenden mantener por huevos o por candelas como dice la gente. Sin consultas, sin entender que, si bien llegar al Gobierno supone una elección más o menos correcta, sin muchos votos de apoyo reales y todo lo que ya sabemos, mantenerse demanda como condición indispensable, legitimidad. Y sabemos que la legitimidad no estriba ni radica en la elección, sino que esta se debe ganar todos los días, con coherencia, con políticas públicas claras, con la idea del bien común siempre por delante. Pero, sobre todo, sin corrupción ni impunidad.

Lo contrario son las derivas autoritarias, que pretenden imponer la voluntad del gobernante, no las ideas centrales de la democracia. La democracia no se hace a base de estados de sitio, de prevención, restringiendo libertades civiles universalmente reconocidas y defendidas. Eso, a lo que nos lleva, es a nuevos escenarios de conflicto y lo grave es que estos nuevos escenarios se producen cuando los anteriores no se han resuelto. La conclusión de ello es la presencia a corto o mediano plazo de explosiones sociales. No hay de otra. Punto.

Fuente ElPeriódico

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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