La financiarización neoliberal de Estados Unidos frente a China

MICHAEL HUDSON, PROFESOR DE ECONOMÍA DE LA UNIVERSIDAD DE MISSOURI, KANSAS CITY

Hace casi medio milenio, Maquiavelo en El Príncipe Maquiavelo describía tres opciones de cómo una potencia conquistadora podría tratar a un estado derrotado… la primera es destruirlo, la siguiente es ocuparlo, la tercera es permitir que vivan bajo sus propias leyes, pero, cobrando un tributo y estableciendo una oligarquía que dependa de la potencia ganadora”. [1]

La primera opción es lo que hizo Estados Unidos en Irak y Libia después de 2001. Pero, ahora en la era de una nueva Guerra Fría el modo de destrucción es el económico, para ello Estados Unidos utiliza instrumentos como las sanciones comerciales y financieras a China, Rusia, Irán, Venezuela y otros países.

La idea es negarles insumos clave, sobre todo, en tecnología esencial, procesamiento de información, materias primas y, acceso a conexiones bancarias y financieras, como las presentes amenazas a Rusia de expulsión del sistema de compensación bancaria SWIFT.

La segunda opción es ocupar a la nación rival. Esto lo está haciendo, parcialmente, las tropas estadounidenses con 800 bases militares que tiene repartida por todo el mundo. Sin embargo, la ocupación más eficiente es mediante la toma de posesión de las infraestructuras básicas por parte de las empresas estadounidenses, que re-envían sus ingresos y recursos más lucrativos al núcleo imperial.

Nos quedamos con el petróleo

El presidente Trump dijo que quería apoderarse del petróleo de Irak y Siria como reparación. Su sucesor, Joe Biden, ha colocado a cargo de la Oficina de Administración y Presupuesto a Neera Tanden, el personaje que hiciera que Libia entregara sus vastas reservas de petróleo como reparación por el costo de destruir ese país: “nosotros tenemos un déficit gigante y Libia tiene mucho petróleo. Si queremos seguir siendo una potencia mundial no parece ninguna locura que los países ricos en petróleo nos paguen con sus reservas de crudo«. [2]

Los estrategas estadounidenses también han elegido la tercera opción de Maquiavelo: dejar que un país, nominalmente independiente, sea gobernar por oligarquías clientes del Imperio.

El asesor de seguridad nacional del presidente Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski, se refirió a estos países como «vasallos». Lo decía en el significado medieval del termino, porque hoy Estados Unidos exige “lealtad” al igual que los señores feudales. Lo hace básicamente imponiendo una economía privatizada, financiarizada y gravando a estos países para que transfieran sus riquezas a la capital imperial.

Las políticas de privatización por parte de las oligarquías clientes de Estados Unidos fue el mayor logró la diplomacia neoliberal en las economías del este de Europa, después de la caída del muro.

La forma en que se crearon estas oligarquías clientes fue rompiendo por completo las interconexiones económicas que integraban a esas economías. Brzezinski, lo escribió sin asomo de pudor: “Para ponerlo en una terminología que se remonta a la era más brutal de los imperios antiguos. Hoy los grandes desafíos de una geoestrategia imperial son, prevenir la colusión y mantener la dependencia de los vasallos. Es decir, mantenerlos tributarios, flexibles y protegidos y, por lo tanto evitar, por cualquier medio, que los bárbaros se unan». [3]

Fianlizada la Segunda Guerra Mundial la diplomacia estadounidense redujo al vasallaje a Alemania y Japón al vasallaje, un año más tarde sometió a Gran Bretaña, y a su área de la libra esterlina. En seguida lo hizo con al resto de Europa Occidental y sus antiguas colonias.

El siguiente paso fue aislar a Rusia y China, evitaba así “que los bárbaros se unieran». Si se unen, advirtió Brzezinski, «Estados Unidos tendria que hacer frente a coaliciones regionales que expulsarán a Estados Unidos de Eurasia, amenazando así nuestro estatus como potencia mundial». [4]

Ya en 2016, Brzezinski veía con temor cómo la llamada “Pax Americana” no cumplía con sus propósitos. En esos años reconoció, explícitamente, que “Estados Unidos ya no es la potencia imperial que era antes «. [5] En definitiva, esta certeza es lo que motiva la creciente agresividad estadounidense contra China Rusia, Irán y Venezuela.

China y Rusia son amenazas existenciales para la expansión global de la riqueza rentista financiarizada.

El problema no fue Rusia, en su momento la nomenclatura entregó gran parte de su país a una cleptocracia de pro-occidental, con el inefable Yeltsin ( Con Putin algo de esto ha cambiado). El problema de fondo es China, porque la confrontación entre Estados Unidos y China no es simplemente una rivalidad nacional, sino un conflicto de sistemas económicos y sociales.

La razón por la que el mundo de hoy está sumergido en una Guerra Fría 2.0, económica (y casi militar) se encuentra en como Occidente se ha beneficiado de la propiedad privada sobre el dinero, la banca, la tierra, los recursos naturales y las infraestructuras.

En términos históricos, este conflicto ya existía hace 2500 años. En esa época había un gran contraste entre los gobernantes del Cercano Oriente y las oligarquías de la antigua Grecia y Roma. A diferencia de griegos y romanos, los gobernantes de Mesopotamia cancelaban las deudas para salvar a sus poblaciones de la servidumbre y redistribuían las tierras para evitar que la propiedad se concentrara en manos de acreedores y terratenientes.

Desde el punto de vista capitalista actual el crédito, el dinero, la tierra y los recursos naturales deben ser privatizados y concentrados en manos de rentistas. Esta política económica, que favorece a los acaudalados, es la dinámica básica del neoliberalismo patrocinado por Estados Unidos.

Entonces, para entender porque Estados Unidos ha iniciado una Guerra Fría 2.0 hay que comprender que su objetivo es evitar por todos los medios que China (y otros países) mantengan socializados sus sistemas financieros, la tierra, los recursos naturales, los servicios públicos y, las infraestructuras.

Estados Unidos esperaba que China fuera tan crédula como los dirigentes de la Ex Unión Soviética y adoptara una política neoliberal que permitiera privatizar su riqueza para venderla a los estadounidenses. Para Clyde V. Prestowitz, asesor de Reagan: «lo que el mundo libre esperaba cuando dio la bienvenida a China a la Organización Mundial del Comercio era que China se conduciría inevitablemente a la mercantilización de su economía y, a la desaparición de sus empresas estatales «. [6]

Según Prestowitz, “en lugar de adoptar las políticas de mercado el gobierno de China apoyó la inversión industrial y mantuvo el control del dinero y de la deuda en manos del Estado”. Este control gubernamental está «en desacuerdo con el sistema global liberal basado en reglas».

Para Prestowitz, la economía de China es incompatible con las principales premisas del sistema económico global encarnadas hoy por la Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y otros acuerdos de libre comercio. Estos pactos asumen que las economías se deben basar principalmente en el mercado dejando al Estado con un papel muy restringido. Las grandes decisiones quedan en manos los intereses privados que operan bajo “un estado de derecho”.

Para la manera de pensar de los neoliberales estadounidenses la economía China es un problema existencial. No pueden aceptar que las empresas estatales representen un tercio de la producción; que los planes económicos quinquenales se orientan a sectores de alta tecnología; que el Partido Comunista nombre a los directivos de las principales corporaciones y que haya células en todas las empresas; que el valor de la moneda sea gestionado, que las ganancias corporativas estén controladas y, que comercio internacional este sujeto a los fines estratégicos del desarrollo del país.

Todo este discurso es de una hipocresía asombrosa, como si la economía civil estadounidense no estuviera fusionada con su complejo militar-industrial, y el país no administraran su moneda o su comercio internacional como un medio para lograr fines estratégicos. De hecho, el propio ultraliberal Prestowitz exigió al actual inquilino de la Casa Blanca: » Biden debería invocar la Ley de Producción de Defensa Nacional para aumentar la producción con sede en EEUU”

Mientras que los estrategas estadounidenses contraponen la «democracia» estadounidense con una supuesta autocracia china, el principal conflicto entre Estados Unidos y China es el apoyo gubernamental a la industria que es política del gobierno chino.

La actual elite estadounidense olvida, intencionadamente, que su industria creció en el siglo 19 gracias a las subvenciones del gobierno, al igual que lo está haciendo China ahora. Después de todo, esa era la doctrina del capitalismo industrial. Pero, en las ultimas décadas mientras la economía estadounidense depende totalmente del capital privado financiero, el país se desindustrializa a marcha forzada.

China ha demostrado ser consciente de los riesgos de la financiarización y ha tomado medidas para contenerla. Esto y otras políticas le han ayudado a proporcionar servicios de infraestructuras a bajo precio y seguir creciendo a un buen ritmo.

Este es uno de los dilemas de la política estadounidense: mientras el gobierno apoya la rivalidad industrial con China, también apoya la financiarización y privatización de la economía nacional, la misma política que ha desindustrializado el país.

El capitalismo industrial financiarizado no quiere un estado que de trabajo y, que cuide a los consumidores, al medio ambiente o que se comprometa con políticas sociales. El capital financiero sabe que esas políticas erosionan sus ganancias y sus rentas.

Independencia y autosuficiencia

Los intentos de Estados Unidos de globalizar la política neoliberal han llevado a China a oponer resistencia la financiarización occidental. Y en sentido contario, el éxito chino está proporcionando a otros países una lección objetiva para evitar la financiarización. Su progreso económico ha demostrado que la permanente búsqueda de rentas del capital financiero aumenta los gastos generales de la economía y, por tanto, el costo de vida y del comercio.

China está brindando una lección práctica sobre cómo proteger su economía y la de sus aliados de las sanciones extranjeras. Una de sus respuestas ha sido evitar que surja una oligarquía nacional respaldada por Estados Unidos o Europa. También mantiene el control gubernamental de las políticas financieras y crediticias, de propiedad y de tenencia de la tierra. El gobierno chino trabaja con un plan a largo plazo.

Pero, mirando hacia atrás en la historia, esta política china es similar a las políticas de los gobernantes del Cercano Oriente de la Edad del Bronce que evitaron que surgiera una oligarquía que amenazara sus economías. Esta tradición persistió en la época bizantina, cuando los gobernantes gravaron la riqueza y distribuyeron las tierras para construir una economía autosuficiente.

China al proteger su economía de las sanciones apunta a la autosuficiencia. Esto implica independencia tecnológica y capacidad de proporcionar suficientes recursos energéticos y alimentarios para sustentar una economía que pueda funcionar aislada del bloque unipolar estadounidense. También implica desvincularse del dólar estadounidense y de los sistemas bancarios vinculados a él y, por lo tanto, de la capacidad de Estados Unidos para imponer sanciones financieras. Asociado con este objetivo está la creación de un medio computarizado nacional que sea alternativa al sistema de compensación bancaria SWIFT.

El dólar todavía representa el 80 por ciento de las transacciones globales, pero ya menos de la mitad del comercio chino-ruso, y la proporción está disminuyendo rápidamente porque las empresas rusas evitan los pagos en dólares, ante el temor que sus cuentas sean incautadas por las sanciones estadounidenses.

Los movimientos protectores de Rusia y China han limitado las amenazas de Estados Unidos. Pero, si Biden no rectifica sus provocaciones a su naciente gobierno sólo le quedará la primera opción de Maquiavelo: destruir a las naciones (en primer lugar, a China y Rusia) no se sometan a la extracción de las rentas financiarizadas. Claro nadie quiere esto en su sano juicio.

NOTAS

Niccolo Machiavelli, El Príncipe (1532), Capítulo 5: «Sobre la forma de gobernar ciudades o principados que vivían bajo sus propias leyes antes de ser anexados». ?

Neera Tanden, «¿Debería Libia devolvernos el dinero?» memorando a Faiz Shakir,

Peter Juul, Benjamin Armbruster y NSIP Core, 21 de octubre de 2011. El Sr. Shakir, a su favor, respondió: “Si creemos que podemos ganar dinero con una incursión, ¿lo haremos? Creo que ese es un grave problema de política / mensajería / moral para nuestra política exterior «. Como presidente del Center for American Progress, Tanden respaldó una propuesta de 2010 para recortar los beneficios del Seguro Social, lo que refleja el objetivo a largo plazo de Obama-Clinton de austeridad fiscal tanto en el país como en el extranjero. ?

Zbigniew Brzezinski, The Grand Chessboard: American Primacy and its Geoestrategic Imperatives (Nueva York: 1997), p. 40. Ver la discusión de Pepe Escobar, «Para Leviatán, hace tanto frío en Alaska», Unz.com, 18 de marzo de 2021. ?

Brzezinski, ibíd ., Pág. 55. ?

Brzezinski, «Towards a Global Realignment», The American Interest (17 de abril de 2016). Para una discusión, consulte Mike Whitney, «The Broken Checkboard: Brzezinski se rinde ante el imperio» , Counterunch , 25 de agosto de 2016. ?

Clyde Prestowitz, “Blow Up the Global Trading System, Washington Monthly , 24 de marzo de 2021 ..

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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