La dictadura de los números, Ucrania y la geopolítica

ANDREI MARTYANOV , EXPERTO MILITAR RUSO (VIVE EN ESTADOS UNIDOS)

Analicemos algunos números muy interesantes desde el punto de vista geopolítico. Comenzaremos con dos: 447 millones y 4 mil 670 millones. Estos dos números dicen mucho y están en la base del declive de Estados Unidos y del comportamiento cada vez más irracional que puede llevarnos al punto nunca visto.

El primer número es la población de la Unión Europea, el segundo es la población de Asia. La población de Asia constituye alrededor del 60% de toda la población mundial. En este recuento el siguiente lugar lo ocupa África, con alrededor de 1.370 millones de habitantes, y el tercero, América Latina y el Caribe con unos respetables 659 millones – que es considerablemente mayor que la población de la Unión Europea. La población de América del Norte es de alrededor de 371 millones, lo que mirado desde un

punto de vista comparativo no parece tan impresionante. De hecho, no lo es.

La historia del colonialismo en relación con el capitalismo clásico fue más que una simple explotación de las colonias en beneficio de las metrópolis. Si bien las imágenes de la extracción de recursos naturales y su envío a las metrópolis son correctas, no forman una imagen completa.

Al final, las colonias fueron utilizadas como mercados donde la metrópoli vendía sus productos manufacturados. Cuanto más grande era la colonia y más numerosa su población, más grande era el mercado de productos fabricados por la metrópolis. Todo esto tenía un sentido económico a menudo sangriento. En los tiempos del capitalismo industrial, la metrópoli obtenía recursos de la colonia y los convertía en productos terminados, luego los vendía en su colonia con valor agregado.

Así funcionó, más o menos, durante un par de siglos el capitalismo. Cuantos más y mejores artículos se produjeran, más rico se volvía la metrópolis. Esto funcionó hasta que el pos-industrialismo llegara a los países centrales del sistema capitalista. El cambio avanzó rápidamente y en mayo del 2.000, cuando Estados Unidos aprobó una nueva ley de comercio de China, se inició un nuevo periodo de esta historia.

Clinton el gran insensato

En esa oportunidad Bill Clinton hizo una de las declaraciones más insensatas e ignorantes de las políticas económicas:

“Hoy, la Cámara de Representantes ha dado un paso histórico hacia la prosperidad continua en Estados Unidos, la reforma en China y la paz en el mundo. Si el Senado vota como acaba de hacer la Cámara, para ensanchar las relaciones comerciales normales con China, se abrirán nuevas puertas de comercio para Estados Unidos y nuevas esperanzas de cambio en China. Hace siete años, cuando asumí la presidencia, tracé un nuevo curso para una nueva economía: un curso de disciplina fiscal, inversión en nuestra gente y comercio abierto. Siempre he creído que abriendo mercados en el exterior abrimos oportunidades en casa. Hemos trabajado arduamente para avanzar en ese objetivo: un comercio más abierto y más justo desde 1993, hasta llegar a la histórica legislación que firmé hace unos días para expandir el comercio con África y la Cuenca del Caribe”.

Esta declaración es de un patetismo insufrible, es casi el equivalente económico de las palabras de Chamberlain después de firmar la capitulación ante Hitler en Múnich.

Las afirmaciones de Clinton sacudieron incluso a quienes no prestan mucha atención a los asuntos económicos.

China, no estaba molesta, ¿por que seria?

Tanto el TLCAN como la adhesión de China a la OMC sirvieron como una aspiradora masiva que le quitó la vida a las industrias estadounidenses. La manufactura comenzó a salir en masa de sus propias costas. El país comenzó a perder su más valiosa herramienta: la capacidad de fabricación.

Sin duda, Estados Unidos todavía produce algunas cosas: aviones civiles, por ejemplo. Pero, después del fracaso del Boeing 737 Max, la aviación comercial estadounidense ha perdido de facto la competencia con el Airbus de la Unión Europea.

Automóviles, por ejemplo. ¿Seguro? Aunque sigue siendo competitivo en la fabricación de camiones, los automóviles estadounidenses ya no son competitivos. Salen perdiendo frente a los fabricantes japoneses y coreanos tanto a nivel nacional como internacional.

En el campo del poder blando el poder de Hollywood, también está perdiendo su poder hegemónico. De hecho, ya lo perdió. Esta afirmación habría sido objeto de risa hace 20 años. Pero las películas hechas en Rusia dominan la taquilla de Rusia. Lo mismo ocurre con el mercado cinematográfico de chino donde dominan las películas chinas, y claro, el mismo fenómeno esta ocurriendo con las películas nacionales en Asia, Europa y América Latina.

Por supuesto, hay productos que fabrica Estados Unidos que todavía tienen demanda, porque sino se les compra los gobernantes sufren presiones de todo tipo. El mejor ejemplo, de este tipo de coacción es la venta de las armas estadounidenses que están muy sobrevaloradas y son dudosamente efectivas.

Pues, bien, esto es lo que queda de lo que alguna fue “la poderosa industria estadounidense”, que podía producir cualquier cosa, desde calcetines y cosechadoras hasta excelentes aviones comerciales y sofisticadas armas de combate.

¿La Unión Europea es clave para Estados Unidos?

Hoy esta capacidad ya no existe, China es el principal fabricante de bienes de consumo del mundo, y la única forma para que Estados Unidos asegure su mercado de armas es retener a Europa como su principal cliente y vasallo. Para esto precisamente está la OTAN, que compra “con gusto” las armas norteamericanas para “la defensa de Europa”.

Entonces, para convencer a los 447 millones de residentes en la UE, que supuestamente necesita la protección de Estados Unidos, el “imperio americano” precisa que Rusia entre en guerra con Ucrania.

Sin embargo, si esta guerra significa la destrucción de las Fuerzas Armadas Ucranianas al Pentágono no le importaría absolutamente nada. A los gerifaltes de la “nación indispensable” no les importa cuántos nativos mueren en las guerras que provocan.

Estados Unidos se está deteriorando porque cada vez tiene menos sustancia, es decir, ya no produce vienen con alto valor agregado para vender al mundo y, tal como están las cosas, en poco tiempo no será capaz de competir con el gigante económico que es Eurasia.

Es muy probable que en un corto plazo Estados Unidos ya no sea competidor viable en Eurasia. En ese momento, la otrora superpotencia, sería relegada al estado de potencia regional, todavía poderosa en relación con sus vecinos continentales, pero sin posibilidades de influencia y de ganar en los mercados que tienen una población de 4.670 millones de seres humanos.

Ahora imagínese si Estados Unidos pierde a la Unión Europea. De repente, 4 mil 670 millones de personas se convierten en 5 mil 117 millones, el 65% de la población del planeta Tierra. Esta es la gran mayoría de la población mundial y, lo que es más importante, es la población que puede comprar.

En resumen, Estados Unidos no puede permitir que se produzca la consolidación de un mercado entre Europa y Asia, equivaldría a una capitulación. Por lo tanto, lo que hará es aferrarse a la UE (antes que la UE colapse) y a la OTAN, que seguirá siendo la única herramienta para someter a los europeos.

Hacer que Rusia destruya las Fuerzas Armadas de Ucrania es una manera de asustar a los europeos pacíficos, también es una forma de negarles el acceso a la energía de Rusia y obligarlos, de paso, a renunciar a competir económicamente con Estados Unidos.

Además, Europa es una única masa continental aislada de Estados Unidos por dos océanos. Y teniendo en cuenta el nivel extremadamente bajo de erudición occidental- en el campo de la geopolítica y de la geoeconomía – ya no importa si el Estados Unidos “retiene” Europa. Las razones del fracaso de las predicciones de sus «académicos» son numerosas, pero vale la pena centrarse en algunas de ellas.

Europa ya no es un socio comercial crucial para Rusia

El comercio mutuo la UE y Rusia se ha desplomado en los últimos años. Esta tendencia continuará, pero no se debe solo a la presión de Estados Unidos, aunque también, sino que es el resultado del cambio de Rusia, tanto del modelo económico como de su reorientación hacia Asia, que ahora está en gran parte completa.

Rusia simplemente ya no necesita los productos que solía comprar en la UE. La política de sustitución de importaciones ha sido un éxito y Rusia continuará aislándose económicamente de Occidente.

El oleoducto Nord Stream 2, en realidad, ya no es un proyecto económico crucial para Rusia. Rusia puede absorber las pérdidas si el proyecto finalmente es saboteado por Estados Unidos y caniches europeos como Polonia. Pero para Alemania, en particular, y la UE en general, este sabotaje resultará en una catástrofe, esto debido a las políticas energéticas que hacen que los bienes europeos extremadamente dependiente de la energía. En realidad, los intentos de Estados Unidos de sabotear Nord Stream 2 están dirigidos principalmente contra Alemania y la Unión Europea, no contra Rusia per se.

Estados Unidos perdió la carrera armamentista.

El proceso de producción de armas estadounidense y su doctrina militar ya no es un proceso normal, lógico y justificado. S aún es capaz de producir algunas plataformas y habilitadores de última generación (como procesamiento de señales, computadoras de combate, redes de comunicaciones, activos de reconocimiento) en términos de armas reales para el combate esta bastante atrasado.

Estados Unidos comienza a quedarse atrás de Rusia no solo en años sino en generaciones de armamentos. Recientemente, febrero de 2021, el informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso admitió que Estados Unidos está indefenso ante un ataque de los nuevos misiles de crucero de Rusia. Washington no tiene nada que los detenga.

Los sistemas de defensa aérea de EEUU están retrasados dramáticamente con respecto a los rusos y la brecha solo ha crecido con el S-500 de Rusia – en producción en serie – y el último S-350 ya desplegado en las unidades de primera línea.

Estados Unidos no ha podido desarrollar un misil supersónico y su Marina se ha visto obligada a comprar el misil de ataque naval noruego “Kongsberg”, un misil subsónico decepcionante, que no es rival para las modernas armas de ataque hipersónicas y supersónicas que Rusia ha desplegado. De esta manera una defensa aérea moderna no puede sobrevivir en un entorno ECM.

Por último, el nivel intelectual de las élites estadounidenses está en un preocupante declive. Lo pudo confirmar cualquiera que haya visto el penoso debate televisivo entre dos candidatos que deberían estar en el geriátrico.

La pérdida de legitimidad de Estados Unidos como una entidad capaz de llegar a acuerdos hace más difícil la diplomacia, a su empañada reputación como el matón del barrio ahora a suma unas élites ignorantes.

¿Con quien se puede hablar en occidente?

Estados Unidos ya no cumple con una serie de criterios imperativos para el estatus de superpotencia, entre los cuales el militar es decisivo. Si algunos de sus «estrategas» todavía ejercieron la idea suicida de luchar contra Rusia en Ucrania, sería una absoluta locura. El imperio en declive no puede ganar una guerra convencional en las cercanías de Rusia y cualquier fuerza estadounidense sería aniquilada. Esto deja a Estados Unidos solo dos opciones:

De hecho, sí intentara desatar el caos en Ucrania, provocando a Rusia con una operación militar directa, sus fuerzas fracasarán miserablemente. No sólo esas fuerzas serían aniquiladas, sino que las naciones de la OTAN participantes enfrentarían la posibilidad que sus instalaciones militares sean destruidas.

Este escenario plantea la posibilidad que Estados Unidos escale el conflicto al umbral nuclear, lo que significa que Estados Unidos puede dejar de existir como país. Este es un plan indeseable para todo el mundo y la mayoría de los políticos estadounidenses, salvo algunos casos con graves de trastornos psicológicos, entienden lo que significa.

Aunque no es completamente imposible, la probabilidad que se implemente un plan de este tipo es bastante baja. Que Estados Unidos combata de manera convencional en las fronteras de Rusia requeriría un despliegue de fuerzas que dejarían pequeñas a las que movilizó en Vietnam y en la Primera Guerra del Golfo.

Entonces, lo que queda para los rusofobos es empujar a Ucrania a una campaña suicida. Lo que Estados Unidos no reconoce es el hecho de que esta política militar deja las manos libres a Rusia, que ya tiene un abrumador despliegue, no sólo en la frontera con Ucrania, sino cerca de quienes quieren “dar todo su apoyo» al régimen irracional de Kiev.

Rusia tiene muchas opciones, en este caso Estados Unidos tiene sólo una: la guerra en el Donbass. Según las cabezas calientes de Washington, esta guerra les permitiría seguir controlando Europa para, supuestamente, salvar su estatus hegemónico.

Washington utiliza, por el momento, otros recursos para seguir actuando como “superpotencia”: mantiene el dólar como moneda de reserva mundial (eso si con más y más impresión de billetes sin respaldo) y domina los medios occidentales con una permanente, pero cada vez menos sutil campaña de propaganda.

Pueden ocultar por un tiempo sus decrépitas ciudades, las largas “colas del hambre”, los disturbios masivos, la destrucción del sistema educativo, la incompetencia de políticos y militares, las prácticas sociales suicidas, el colapso de la ley y el orden.

Pero, el “imperio americano” tiene que reconocer, aunque le duela, la inmensa capacidad de fabricación de China y el poderío militar avanzado de Rusia. Entre ambas naciones están cambiando la correlación de fuerzas internacionales al impulsar la unificación del mercado euroasiático.

Después, del sangriento golpe en Ucrania, Rusia entendió que no hay nadie con quien hablar en Occidente. Las sociedades occidentales se han vuelto cada vez más incapaces de enfrentar su realidad, no reconocen que vivimos en un mundo altamente industrializado que necesita energía, industrias y armas que las defiendan. Tanto China como Rusia tienen todos estos factores determinantes para el desarrollo.

EEUU no puede detener un proceso que se ha estado desarrollando durante años. Como existe hoy no tiene futuro, con o sin Europa.

Clinton pudo haber pensado que «trazó el nuevo rumbo para una nueva economía» en 2000. Una lástima para él, y una lastima para Estados Unidos. La «nueva economía» resultó ser muy vieja.

¿Acaso Bill Clinton creía que los jeans, los teléfonos inteligentes y los misiles crecen en los árboles?

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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