Prisioneros de una nueva era

Autor: Jairo Alarcón Rodas
Si la internet ha posibilitado que legiones de idiotas puedan opinar, según palabras de Umberto Eco, tiempo atrás, las licencias de conducir automóviles determinaron que cafres tuvieran acceso al volante y, antes de ello, que toda una serie de herramientas que pudiendo ser empleadas para el provecho de la humanidad, fueran usadas para su deterioro y destrucción. En dichos casos, el tema ha sido el empleo que las personas hacen de la tecnología y, con ello, la falta de criterio. Muchos hacen uso de la tecnología, no obstante, saber la técnica no confiere la posibilidad para su buen uso.

Karel Kosik decía que la práctica utilitaria inmediata y el sentido común correspondiente ponen a los hombres en condiciones de orientarse en el mundo, de familiarizarse con las cosas y manejarlas, pero no les proporciona una comprensión de las cosas y de la realidad. Al parecer, a la mayoría de los habitantes del planeta no les interesa entender lo que es la realidad sino más bien, se conducen pragmáticamente dentro de esta, lo cual es preocupante debido a la serie de errores en los que pueden incurrir.

El comportamiento humano siempre ha llegado tarde al encuentro con los avances que le imprime la tecnología. Los acelerados cambios en la ciencia, que repercuten bidireccionalmente en el orden industrial, dan por resultado toda una serie de objetos a disposición, en la ruta del mercado, que escapan al entendimiento y a su vez aturden el comportamiento humano al ser usados. ¿Con qué criterio se pueden utilizar la serie de aparatos que, en el área de las comunicaciones, por ejemplo, se encuentran a disposición? Las herramientas cognitivas, en cuanto al comportamiento, no se han desarrollado a la velocidad del exorbitante desarrollo tecnológico. De ahí que solo ha servido de factor de alienación, distracción y de consumo en un sistema donde lo más importante es la acumulación de riqueza.

La humanidad vive en la inmediatez y ante la disyuntiva de una satisfacción o gratificación mediata a otra inmediata, el común de las personas valora lo que satisface en el acto, pues la expectativa que les depara el futuro les parece incierta y lo más seguro es la satisfacción a una inquietud al instante. La gratificación instantánea es el deseo de experimentar placer o satisfacción sin demora ni aplazamiento. En ello no cuenta la espera, la reflexión y de ahí que aumente el riesgo.
Tal valoración particular, suscrita dentro de la coordenada espacio-tiempo, se le debe al capitalismo que, al nutrirse del consumo, requiere que lo nuevo producido sustituya a lo considerado obsoleto, a lo viejo, dentro de una lógica en donde lo más importante es la novedad como aliciente para fomentar las ventas. Con relación a eso el motivador británico Simon Sinek dice, la satisfacción instantánea está empujando a no tener visión de largo plazo de las cosas importantes. A no desarrollar habilidades necesarias para esos procesos, a no disfrutar del camino, sino, sólo preocuparse por llegar. Sin embargo, es un proceso que se ha desarrollado en sociedades donde la estabilidad no tiene sentido.

Las irrupciones de una nueva era sitúan a la especie humana en la ruta de un accionar incierto, por momentos torpe y altamente manipulable que solo ha beneficiado a los especuladores de la llamada economía supersimbólica, dentro del sistema capitalista, que son los que tienen el control del mercado en las sociedades de consumo. Todo cambia y los que tienen bajo su control los hilos conductores del sistema, aprovechan la actitud cambiante que imprime el capitalismo con el incremento de las necesidades artificiales y el fortalecimiento del tener.

Las nuevas tecnologías se desarrollan aceleradamente, en virtud de las exigencias del mercado, de la eficiencia y eficacia, del confort y dentro de un ambiente de lo que Bauman llama la modernidad líquida. Así, dentro de ésta, saber cómo usar la tecnología no representa tomar su control. Basta recordar la forma como los antepasados humanos lograron distinguir la diferencia entre los utensilios, de uso común en algunas especies de animales, de lo que constituyen las herramientas, la cuales encarnan propiedades humanas transmisibles en sociedad, de igual forma a los actuales habitantes de este planeta, mujeres y hombres, se espera que puedan diferenciar lo que constituye el hacer uso de los recursos que otorga la tecnología de lo que implica el criterio racional para su empleo.

Si embargo, los que viven dentro de la sinergia de la tecnológica no alcanzan a darse cuenta del control que esta toma sobre sus vidas y de igual forma como los cavernícolas de la alegoría de la caverna de Platón viven adormecidos, esclavizados por las cadenas que solo les permite ver las sombras; hoy en día, persiste el brazo esclavizador, a través de las redes sociales y la cibermanía que impone el poder mediático.

La tercera ola, de la que hablaba Alvin Toffler en la década de los ochenta, se está consolidando a través de las llamadas sociedades del conocimiento y con estas, la era de las Tecnologías de la Información y la Comunicación TIC, pero como el mismo Toffler señaló, dentro de las nuevas condiciones humanas, no todo nuevo conocimiento es «correcto», positivo o, incluso, explícito. Gran parte del conocimiento, en el sentido que se da aquí al término, es tácito, consiste en una acumulación de supuestos, de modelos fragmentarios, de analogías inadvertidas, e incluye no sólo informaciones o datos lógicos y aparentemente objetivos, sino valores, productos subjetivos de la pasión, por no mencionar la imaginación y la intuición. Toca a los seres humanos poder distinguirlos.

Si en los albores del capitalismo, a los niños se les encadenaba a las máquinas para que no se apartaran en ningún momento de estas y pudieran producir en mayor cantidad, en la actualidad, los jóvenes están absortos dentro de las redes sociales, con la diferencia que en el pasado estaban obligados a producir mercancías y ahora la virtualidad los ha hecho cautivos de la alienación, de entretenimientos, de posverdades y consumo.

Fortalecer el pensamiento crítico, al margen de pensamientos absolutistas, de criterios mágico-religiosos e intereses sectarios, es tarea de aquellos que pretendan mejores condiciones humanas en un mundo cambiante atrapado dentro de un capitalismo salvaje. En este momento histórico que vive la humanidad, bajo el dominio de los grandes consorcios económicos que imprime el capital, la era de la informática constituye una nueva y sofisticada prisión. Saber lo que está sucediendo y tomar el control constituye una necesidad humana de supervivencia.

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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