Libertad para Bernardo Caal Xol

Autor: Jairo Alarcón Rodas
El sistema justicia está corrompido en Guatemala, ya que castiga a los más humildes y es ciego ante los actos criminales de los funcionarios de cuello blanco y la oligarquía intransigente. Los que basan su arrogancia en el capital que han acumulado, producto de los favores que el sistema les otorga, acentúan las desigualdades y derrochan privilegios a unos pocos. Los sistemas que basan su fortaleza en la acumulación de riqueza y con ello determinan la concentración de la riqueza en un número reducido de persona, compran voluntades para hacerse con el monopolio del poder, disponen las reglas del juego y con ello, el control del país.

Siendo así, la justicia, como la señalaba Trasímaco, consiste en el poder que ejerce el más fuerte sobre los débiles. Criterio que, en este país, mantiene su vigencia, se fortalece en frágiles sociedades marcadas históricamente por la miseria, la ignorancia y la ausencia de oportunidades para el desarrollo. Con la ausencia de la imparcialidad, como el criterio esencial de la justicia, se pierde el basamento real que debe sostener a toda sociedad y que, en Guatemala, se encuentra en franco deterioro.

Cuando la justicia cae en manos de los poderosos, se pervierten las leyes, se retuerce su interpretación y se castiga, se somete y elimina a los adversarios. Eso ha ocurrido con Bernardo Caal Xol, defensor de la naturaleza, luchador incansable en contra de la avorazada actitud de los que no les importa contaminar el ambiente, destruir la naturaleza, devastar selvas, derribar bosques, aniquilar los ríos si con ello sus bolsillos se mantienen repletos de dinero.
¿Por qué se hace necesaria la justicia dentro de una sociedad? ¿Qué es lo que la hace imprescindible? La cohesión de personas que conviven dentro de un territorio, a pesar de que persiguen un ideal común, su bienestar, poseen inquietudes variadas, que requiere del cumplimiento de preceptos que regulen su conducta. Para lograrlo, se hacen necesarias normas y leyes que no sean arbitrarias, que sean para todos y cumplidas por todos. Es decir, que tiendan a la justicia. Quizás ese sea el primer rasgo de lo que determina lo que es justo de lo que no lo es, la imparcialidad, como lo señalaba John Rawls.

Hans Kelsen planteaba que la justicia no es un fin en sí misma, sino un medio para el bienestar de una comunidad. Al igual que la libertad, la justicia se inspira a partir de criterios racionales que permitan su concreción. Es por lo que se debe tener en claro el criterio que se deba a asumir al referirse a lo que es la justicia. De ahí que esta sea el mecanismo que permite la convivencia, que resguarda el orden público y provee del marco institucional, dentro del cual se configura un Estado de Derecho.

El imperativo categórico de Kant afirma que se debe obrar de acuerdo con la máxima que se desearía se convirtiera en norma general. En otras palabras, la conducta humana es buena o justa cuando está determinada por normas que las personas que actúan deban desear que se convierta en obligación para todos. Sin embargo, gobiernos perversos, que responden a intereses sectarios, crean un marco de referencia donde la justicia deja de ser lo que es y es interpretada casuísticamente, respondiendo a intereses subjetivos. Así, la interpretación casuística es retorcida subjetivamente atendiendo intereses sectarios y personales.

Dentro de las sociedades donde el capital prevalece sobre los valores humanos, la justicia no es igual para todos y constituye una ficción que beneficia a los poderosos, justicia selectiva; así cobra sentido la expresión que dice para mis amigos todo, para mis enemigos la ley. Ley que es emitida, interpretada retorcidamente, a conveniencia de los sectores privilegiados. La ley por sí misma no garantiza un Estado de Derecho, si lo logra cuando tiende a la justicia.
La historia del martirio de Bernardo Caal comienza con las acciones emprendidas por la empresa Oxec en su afán de construir una planta de energía eléctrica, sin importar que con ello se cause un impacto negativo en la naturaleza, en detrimento de los habitantes del municipio de Santa María Cahabón, en el departamento de Alta Verapaz. Empresa que, con sus acciones, según denuncias de la población, taló 15 hectáreas de bosque, destruyó 3 cerros sagrados y está dejando sin agua a las comunidades.

A pesar de las acciones ilegales de la empresa Oxec, con la complicidad del Ministerio de Energía y Minas y del Ministerio Público, Bernardo Caal Xol está siendo criminalizado. En este caso el bien particular está prevaleciendo sobre el bien común, contraviniendo el espíritu del artículo 1 de la Constitución de la República de Guatemala, que literalmente dice: El Estado de Guatemala se organiza para proteger a la persona y a la familia; su fin supremo es la realización del bien común.
Fabricando acusaciones falsas en contra de Bernardo Caal por el Delito Especial de Estafa, El 27 de marzo, el Ministerio Público emitió una orden de captura contra del ambientalista, con el fin de paralizar su lucha social. La lucha del líder comunitario está relacionada con su defensa de los Ríos Cahabon y Oxec, en el departamento de Alta Verapaz, constituyendo, para los intereses de la empresa Oxec, un obstáculo que hay que apartar del camino de cualquier forma.

Es claro que, en este país, prevalecen los intereses particulares sobre los comunitarios ya que en donde reina el capital y tiene omnisciente presencia, los sobornos, la compra de voluntades, los chantajes, las injurias, la criminalización de cualquier adversario está a la orden del día. El caso de Bernardo Caal es un claro ejemplo de la desnaturalización de la justicia, común en Guatemala. Bejamin Franklin decía, aquel que opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe sospechar con fundamento que será capaz de hacer cualquier cosa por dinero. En este caso el dinero pervierte a la justicia y con ello, la serie de inequidades que existen en este país.

Personajes de la historia como Mahatma Gandhi, Lenin, Antonio Gramsci, Miguel Hernández, Roque Dalton, Nelson Mandela entre otros, así como mujeres y hombres anónimos han sido encarcelados injustamente por luchar por sus ideales y en aras de construir un mundo justo y humano. Así como ellos, Bernardo Caal está siendo mancillado en sus derechos esenciales, encarcelado injustamente por un sistema donde los valores humanos son pisoteados por intereses perversos.

La libertad de Bernardo Caal es una exigencia que demanda una sociedad que aspira a un sistema de justicia en donde los valores humanos no son canjeables por un bien monetario.

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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