¿Qué hacer en la Usac?

César Antonio Estrada Mendizábal

Como es de conocimiento público, luego de las investigaciones de la Fiscalía especial contra la impunidad (Feci) en el caso de Comisiones paralelas 2020 fueron capturados el rector y un exrector de la Universidad de San Carlos. Este grave hecho viene a sumarse a otros males de larga data o recientes como los que llevaron a las tomas de las instalaciones de la universidad en 2019 y, hace unos pocos meses, de los edificios de la Rectoría y de la Dirección general de administración, todo lo cual es síntoma inequívoco del grave estado de la universidad, y -como ocurre en otras instituciones- evidencia la necesidad de cambios profundos en nuestra casa de estudios superiores. La educación pública crítica y con sentido social debe ser rescatada y fortalecida -aun en contra de los poderes opuestos a lo público- y parte de esto son los esfuerzos conscientes de la realidad nacional que dentro de la Carolina empiezan nuevamente a gestarse para depurar su sistema político interno y su aparato administrativo.

Luego de los embates sufridos en las últimas décadas por la política estatal contrainsugente, en la San Carlos quedan universitarios preparados y conscientes, conocedores de nuestro devenir histórico, que se están planteando qué hacer para aprovechar esta penosa coyuntura y empezar a transformar su institucionalidad científica, educativa y política que nos lleve recuperar el camino de la universidad que vislumbramos para nuestro país. La marcha es difícil, complicada y puede ser larga pero debe iniciarse: los problemas son de tal magnitud y tan dependientes unos de otros que debemos emprender la reforma de la Usac y no limitarnos a cuestiones legales o burocráticas más de forma que de contenido. Para ello, no obstante, hay dos formidables valladares que deberán ser superados: la precariedad del auténtico espíritu universitario y la legalidad vigente.

a) La precariedad del auténtico espíritu universitario. Es necesario un movimiento universitario político, científico, educativo y probo, la organización en distintos niveles de los profesores y estudiantes donde se promueva la comunicación y discusión de ideas con miras a definir la universidad que queremos y necesitamos. Debemos liberarnos tanto de las taras de nuestra azarosa historia, de nuestra idiosincrasia legalista, suspicaz, formalista, autoritaria y, por otro lado, sumisa, corta de miras, como de las corrompidas prácticas de los politiqueros pseudoacadémicos y sus grupos que pululan en nuestro centro de estudios. Lamentablemente, la ausencia o la debilidad de este movimiento es una de las carencias de la universidad, y habrá que subsanarla a marchas forzadas. La participación de los universitarios más idóneos y claros es aquí indispensable.

b) La legalidad vigente. Idealmente, las leyes deberían estar al servicio de la vida, de las personas en sociedad, sin distingo entre ellas, y no sólo ser un instrumento opresivo de las clases que detentan el poder. La Revolución de 1944, en una de sus primeras acciones le otorgó autonomía a la Universidad Nacional para que pudiera darse el tipo de administración y de organización que más convenga a sus funciones de proyección social en sus vertientes científicas, educativas y políticas, pero quedó constreñida por lo que le señalan su Ley Orgánica (Decreto 325 del Congreso de la República) y la Constitución Política de la República. Desde la perspectiva de llevar a la práctica, de efectivamente realizar los cambios y transformaciones esenciales que se requieran para la regeneración del Alma máter, dichas leyes prescriben que el máximo órgano de gobierno de la Usac es el Consejo Superior Universitario (CSU), el cual desde hace décadas ha venido degenerando y alejándose del espíritu que le dio origen hasta convertirse en un obstáculo insalvable para los cambios. Habrá que encontrar la forma de hacer a un lado a este caduco y cerrado ente para que no mediatice las necesarias transformaciones.

El cambio de la universidad -su refundación, incluso-, la reforma, debe ir a las raíces, al fondo del estado de cosas. Las ramas, lo secundario o accesorio podrán considerarse y enfrentarse en su debido momento. Habrá que estar dispuestos a cambiar lo que sea necesario aunque haya que derribar tabúes, prejuicios o estructuras rígidas que la costumbre, la falta de preparación o la estrechez de miras han hecho creer que son inamovibles. La engorrosa e impráctica planificación oficial que se hizo de la reforma (luego de varios años de infinitas trabas), su famosa “Metodología”, tendrá que ser echada por la borda o radicalmente simplificada. Las deliberaciones y acuerdos de la reforma deben ser racionales y libres, donde puedan participar los universitarios preparados e interesados en el bien común sin necesidad de haber sido “electos” en dudosos procesos o nombrados a dedo para ello.

Será imprescindible establecer (y velar porque así sea) que las decisiones acordadas por los universitarios en las deliberaciones de la reforma deben ser respetadas y acatadas por el CSU y demás autoridades universitarias (que, después de todo, no son los “jefes” o los “dueños” de la Institución sino miembros de la misma en posiciones transitorias de poder), incluso en asuntos tan fundamentales para la sana vida universitaria como podría ser la abolición del mismo Consejo Superior Universitario para dar paso a otras formas de organización institucional más acordes con los tiempos que permitan a la Universidad Nacional y Pública de San Carlos (algunos ya la nombran Universidad Autónoma de Guatemala) desarrollar su noble labor en bien del pueblo de Guatemala que tanto lo necesita.

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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