Miseria humana y tráfico de la vacuna

Miguel Ángel Sandoval

Los escándalos ocasionados por la mala gestión de la vacuna contra el COVID-19 se encuentran a la orden del día. En los diferentes países adquiere un nombre particular. Así en Perú la mala gestión de la vacuna, con corrupción hay que decirlo, dio lugar al llamado “vacunagate” y ello se tradujo en una comisión del Congreso de ese país para investigar a las autoridades por el tráfico de influencias para vacunar a notables, o dicho, en otros términos, a los integrantes de la oligarquía peruana. El colmo es Brasil en donde se vacuna de mentiras a los ancianos.

Mientras que, en Argentina, se acuñó la idea de una “vacunación VIP” que casos más, casos menos, es el mismo expediente peruano. En este país, el escándalo dio como resultado la renuncia del ministro de Salud por estar comprometido en ese tráfico de influencias. Al tiempo que funcionarios se defienden hablando de una “confusión”. Lo cierto es que el presidente Fernández cambió de ministro de Salud.

Se podría pensar que se trata de una campaña de las derechas para afectar el gobierno peronista en un caso, o en otro caso, pensar en un ataque desde las izquierdas. Ni una cosa ni otra. Es una de las tantas expresiones sistémicas de la corrupción en nuestro continente. Primero fue el ejemplo de Odebrecht. Ahora es la corrupción con la vacuna para la pandemia. En nuestro país, hasta el momento no hay vacuna, no llega quién sabe por qué razones, pero lo cierto del caso es que hay opacidad, para decir lo menos, en ese proceso. Tan grave es la situación que hay denuncias de compraventa en pruebas de COVID-19 falsas

En Guatemala, sabemos que hay recursos asignados para la compra de vacunas. Pero estas no llegan. Lo cierto, es que hay en el mercado no tradicional de los monopolios. Digo esto pues hay información, suelta, dispersa, sujeta a confirmación, en sentido que habrá un retraso mundial, por la compra masiva de países ricos en detrimento de los pobres. 7 países compraron el 50 por ciento de la vacuna.

No permitamos que los ejemplos de Argentina, Perú, Brasil se repitan. Ya existe mucha molestia por la tardanza en la adquisición de la vacuna, el nivel de tolerancia es cada día más estrecho. Exigimos transparencia, agilidad, y eficacia. Recordemos, la vacuna es un asunto de salud pública no de mercado.

No está demás recordar que hace falta vacunar al menos a 11 millones de los 17 que habitamos este país y que 100 o 200 mil dosis no alcanzan ni para el inicio. Que hay recursos suficientes, pero que hay ausencia de agilidad en la compra de la vacuna, así como miedo a la vacuna rusa, china o cubana. Insisto, la salud de los guatemaltecos es un tema de seguridad nacional, por ello urge tomar decisiones de compra cuanto antes.

Fuente El Periódico

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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