Cuestión de valores y ética

Autor: Jairo Alarcón Rodas

Iván Velásquez recién publicó a través de las redes sociales que la calidad de los elegidos deja al descubierto la calidad de los electores, lo cual muestra a cabalidad el accionar de los habitantes de ciertos países y encaja como anillo al dedo con el comportamiento de muchos guatemaltecos. La pregunta que surge es ¿será que la mayoría de los guatemaltecos son corruptos, dado que los gobiernos que hemos tenido así lo han evidenciado? Y si es así, ¿en qué les ha beneficiado la corrupción?
Las condiciones materiales en las que ha vivido el pueblo de Guatemala, en las que las desigualdades sociales, en cuanto a oportunidades, justicia y desarrollo, son el denominador común, plantea un escenario ignominioso en donde un segmento significativo de la población se encuentra en condiciones deplorables, sin acceso a los elementales satisfactores para sus necesidades básicas.
Otro sector, constituido por las capas medias, padece la alienación que les provee el sistema a partir de sus brazos ideológicos. Modelos educativos obsoletos que, en vez de propiciar la liberación del individuo, lo esclavizan, inculcándoles valores pragmáticos y utilitarios alejados del sentir humano que conlleva la solidaridad y el interés por los demás, priorizando el tener sobre el ser, lo superficial sobre lo esencial, los mitos sobre la racionalidad.
La conciencia separó a los humanos del resto de animales a través del desarrollo de su intelecto, la racionalidad les permitió realizar un sinfín de funciones y con ello, reflexionar sobre lo otro, el universo y también volver a él mismo, analizando sus debilidades y fortalezas. Es más, también le permitió mirar al futuro no simplemente añorar el pasado o estar anclado en el presente.
Pero, quizás uno de los aspectos más relevantes sea que la racionalidad, les permitió a los humanos la posibilidad de afinar sus sentimientos, elevarlos a un plano superior. No obstante, hay animales que tienen desarrollado los nexos sociales, la fidelidad; no son conscientes de ello, sienten y devuelven con acciones tales estímulos, pero son los humanos los que interpretan tales actos.
Es evidente la importancia de la racionalidad en los seres humanos ya que fue esta la que posibilitó que se irguieran en lo que son, los convirtió en posibles actores de maravillosas historias, aunque también de viles sucesos. La razón lo potencializa todo, abre las puertas al conocimiento, a descubrir un sinfín de aspectos de la realidad, permite no solo patentizar las emociones sino también entenderlas y distinguir hacia quién y el momento que deben aflorar.
Sin embargo, muchas personas prefieren interpretar dogmáticamente la realidad, aceptando que en el fondo existen aspectos mágico-religiosos que la determinan y rigen, llegando incluso a considerar que la naturaleza humana depende de tales fuerzas extrañas y, por lo tanto, el humano no es un ser autónomo. Abiertos exclusivamente a herramientas que les permitan hacer, olvidan el papel que deben tener en la naturaleza y la sociedad.
Cuál es la causa de que el comportamiento humano muchas veces sea erróneo, que a pesar de experiencias pasadas de nuevo se equivoque, a qué se debe que constantemente cometa errores. Equivocarse de por sí no es algo punible para los seres humanos, Agustín de Hipona decía si me equivoco, al menos es cierto que existo, en alusión directa al cogito cartesiano, pero continuar haciéndolo, es lo que constituye una necedad que rasa en la torpeza.
Las equivocaciones, el desatino constituye parte del accionar humano y de su aprendizaje existencial que se da por ignorancia cuando se tiene una concepción errónea de la realidad, en este caso social, o por intereses determinados que motivan acciones que se convierten en perjuicios para la sociedad. Los seres humanos son seres sociales y, en consecuencia, se deben a las acciones que realizan juntamente con sus semejantes por lo que requieren de la construcción de una existencia en armonía en vez de discordia.
Los valores sociales, que deberían cimentar la conducta de las personas, se ven sustituidos por criterios individuales y egoístas, donde la presencia del otro desaparece, deja de tener importancia y cobra irracional relevancia lo propio. Los intereses personales actúan en contra de los comunes, propiciando con ello crisis social y en una sociedad con criterios capitalistas, donde el consumir es lo más importante, las necesidades artificiales y los excesos prevalecen sobre la templanza y lo justo.
Por qué en países como Guatemala se elige a los mismos corruptos, políticos reciclados que han demostrado su ineptitud; sin duda que, por una parte, el sistema no permite que se elija a un candidato ajeno a los intereses de la oligarquía dominante y por otra, a que la población no tiene el criterio para escoger a un candidato diferente.
La construcción de valores sociales que visualicen lo importante que son los otros dentro de la convivencia humana, determinará un cambio de actitud en las personas. La adiáfora se impone en sociedades donde las transacciones comerciales pesan más que el bienestar humano y en lugar de fomentar la solidaridad, establece un escenario en donde prevalecen los individualismos egocéntricos y la competencia.
La indiferencia al dolor ajeno no solo insensibiliza a las personas, sino que, con ello, crean un caos social que favorece a los sectores tradicionales que ven en las personas nada más que mano de obra a la que pueden explotar para sus viles intereses. Sin duda que la calidad de los elegidos deja al descubierto la calidad de los electores, pero a la vez desnuda lo perverso que es una sociedad dentro de un sistema que, en vez de humanizar, cosifica.

Facebook Comments Box
Comparte, si te gusto