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Desafíos para la Universidad de San Carlos

Autor: Jairo Alarcón Rodas

Se inicia un nuevo ciclo educativo en la Universidad de San Carlos con la incertidumbre que plantea la pandemia del coronavirus en el mundo. Cambios en el comportamiento humano también han transformado el proceso de enseñanza-aprendizaje, la educación virtual ha sustituido casi por completo al modelo presencial. De ahí que, el deseo de volver a la presencialidad se convierte en una inquietud a mediano o largo plazo, dadas las condiciones de salubridad en el país y en el mundo.

La crisis no ha pasado, es más, en los actuales momentos se está recrudeciendo debido a las medidas inatinentes y a las condiciones en las que se encuentran muchos sistemas de salud alrededor del planeta, por lo que se ha recomendado continuar con las clases virtuales, lo que representa un nuevo reto debido a las actuales condiciones.

La acelerada implementación de la educación no presencial, a través de plataformas virtuales, sin duda ha traído inconvenientes dentro del proceso de aprendizaje y enseñanza que ameritan la revisión de su metodología y probable resolución. De igual forma, tal proceso educativo visibilizó problemas éticos en cuanto a la honestidad y la confianza que la nueva modalidad demandaba por parte de los docentes como de los estudiantes.

Es importante señalar que la universidad de San Carlos padece de un deterioro estructural que ha afectado directamente a la academia, por lo que requiere atención por todos los que somos parte de esa casa de estudios. Preguntas como, hemos cumplido con la función que la sociedad nos ha encomendado, se ha cumplido con la tarea de id y enseñad a todos y en caso negativo, qué hemos hecho para remediarlo. Esas cuestionantes deberían de ser tema de discusión, análisis y respuesta.

Parte de la crisis se debe a la injerencia que se le ha otorgado a la universidad en instancias políticas del Estado, lo que ha socavado a la academia convirtiéndola en botín de siniestros personajes y guarida de políticos sin escrúpulos. Sin embargo, su deterioro comenzó a gestarse a raíz del conflicto armado interno, con la serie de asesinatos perpetrados en contra de sus mejores representantes. Diezmada internamente tanto en el sector estudiantil, personal administrativo y de servicio como en el docente, la universidad de San Carlos sufrió un duro golpe.

Paulatinamente la academia está cediendo su lugar a la politiquería y con ello, a las componendas arbitrarias de grupos que persiguen intereses ilegítimos. Para ello se recluta a personas afines, cómplices de proyectos perversos en detrimento de la academia. Pesan más los amiguismos y los pagos políticos que una selección honesta con base a atributos profesionales y humanos. Lo importante no es cumplir con el mandato académico que la universidad tiene con la sociedad, sino lograr el mayor poder posible a través de operadores afines y personal instrumentalizado.

No obstante, existen grupos de estudiantes, docentes, personal administrativo y de servicio que, conscientes de esa situación, luchan por cambiar el rumbo de las cosas a pesar de que resulta una tarea difícil por los intereses que están en juego y el personal enquistado desde hace mucho tiempo.

La educación, la investigación y extensión están lejos de cumplir su misión. En el proceso de enseñanza aprendizaje, por ejemplo, la calidad de contenidos y formas de aprendizaje debería estar íntimamente ligados a un procedimiento adecuado de presentarlas, más bien de trasladar y hacer comprensible lo enseñado. No se trata de domesticar al alumno sino de problematizar los contenidos para que comprendan su importancia. Únicamente de esa forma se podrán obtener resultados que permitan el desarrollo integral del individuo, de cara a la sociedad.

No se puede desligar de los procesos de enseñanza los aspectos éticos, axiológicos y teleológicos, lo cual obliga a plantear una concepción del mundo y del accionar humano. Dado que el aspecto ideológico y, entre éste, el religioso, influyen en los individuos, cobrando nuevamente valor lo expuesto por Karl Marx cuando dijo, la condición de clase determina la forma de pensar de los individuos, forma de pensamiento moldeado por el sistema, sistema que a su vez se sirve de la educación oficial y los medios de comunicación para continuar teniendo vigencia.

Si las universidades no pueden transformar las actitudes y conductas de los estudiantes con relación a los valores que poseen frente a la sociedad, ¿qué sucede con relación a los conocimientos y saberes que dentro de las aulas universitarias se generan y que los estudiantes deben asimilar? La respuesta no dista de ser diferente, al menos en las carreras con contenidos sociales humanísticos, por lo que se puede inferir que nuestra universidad no ha cumplido con el papel que a partir de su visión y misión está encomendada a cumplir. Quizás los contenidos y métodos empleados en la enseñanza de esos conocimientos y valores no son los que corresponden al cumplimiento de tales fines.

Todo educando busca ser educado con contenidos que le merezca un interés particular pues al adquirir nuevos conocimientos, relacionados con determinada disciplina, se pueden incorporar con mayor facilidad al mercado laboral, cada vez más exigente en contratar mano de obra calificada. En consecuencia, en sociedades en vías de desarrollo e inclusive en las desarrolladas, al menos en primera instancia, la educación tiene un objetivo utilitario.

Es por lo que las carreras técnicas y de las ciencias de la salud son las más apetecidas por los estudiantes al llegar a la universidad, caso contrario ocurre con las humanidades. Por ello el fortalecer el nivel académico no sólo con respecto a los conocimientos técnicos sino también en cuanto a valores humanos, es tarea que diversas universidades se deben trazar. Volver al humanismo, fortalecerlo, será quizás la tarea esencial de la universidad de San Carlos, pero ello se logra dejando atrás la visión pragmática y utilitarista que demanda el capitalismo globalizante.

El aprendizaje tiene esencial importancia para el mantenimiento y permanencia de los seres humanos en la tierra. Con el aprendizaje, los humanos se convirtieron en seres poseedores de cultura y a su vez, desarrollaron su intelecto que afinó sus lazos afectivos, para así fortalecer sus vínculos sociales.

Aprender no significa asimilar correctamente lo que se enseña, no es repetir lo que diga el docente. El contenido de lo que se enseña en las aulas universitarias puede estar equivocado, de ahí que sea labor del aprendizaje el conformar una visión crítica sobre las cosas que se asimilan.

Como consecuencia, aprender no es memorizar y repetir las enseñanzas recibidas, es mucho más que eso. Es verificar si lo que se enseña y se está aprendiendo es producto de un diálogo con las cosas y corresponde a las mismas. Se hace necesaria una labor crítica que verifique experimentalmente, que constate lo que se está aprendiendo a partir del criterio de verdad.

De ahí que en todo proceso de aprendizaje deba existir el diálogo, la dialogicidad que permita hacer florecer la mayor forma posible la aproximación a la verdad sobre las cosas, lo cual no significa que esta sea absoluta. El docente se convierte también en un sujeto que pregunta y también aprende en dicho proceso y el alumno a su vez, en determinado momento, en el que provee luces sobre los temas en discusión.

El aprendizaje requiere de una concepción de la realidad, de un método y una técnica que permita presentar con claridad el objeto de aprendizaje. Pero no solo ello, requiere también de una actitud activa y reflexiva por parte del sujeto, pues es éste el que busca aprender y saber. En tal sentido, todo agente de conocimiento debe poseer ciertas facultades y condiciones que hagan factible el proceso de conocimiento, su aprendizaje y enseñanza, siendo éstas: la posibilidad, la capacidad, el interés y la voluntad.

Alcanzar estos aspectos desde los procesos educativos constituirá el reto fundamental del educando y el educador. A pesar de que el problema de la deserción en la universidad de San Carlos está relacionado con las estructurales sociales del país, existen factores propios del proceso de enseñanza aprendizaje que se deben destacar.

En el 2005, ya José Humberto Calderón Díaz señalaba que parte de ese problema, en lo referente a los aspectos institucional y pedagógicos, se debe a la carencia institucional de inducción al estudiante al nuevo sistema de educación superior. Falta de orientación vocacional previo a iniciar una carrera a nivel de licenciatura. Todavía se tienen modelos de enseñanza-aprendizaje que consisten en la transmisión de información.

Esos aspectos, destaca Calderón Díaz, propician que el estudiante no se inserte en la universidad de forma conveniente y la abandone. Ya han pasado poco más de quince años de la realización de ese estudio y las cosas no han cambiado, es más, se han agudizado; y lo que es más preocupante, no se ha hecho nada por enfrentar ese tipo de problemas.

Al parecer, parte del problema recae en el sistema educativo del país, el cual no permite que a los estudiantes se les provea de las herramientas pertinentes para insertarse adecuadamente en la universidad. Lo cual es comprensible dadas las inclinaciones que ostentan los que han detentado el poder en Guatemala durante mucho tiempo que se ven reflejadas en los modelos educativos impuestos, los cuales reproducen sujetos dóciles que se insertan sin dificultad a los engranajes del sistema. Ni la educación primaria ni la secundaria han sentado las bases para el surgimiento de agentes críticos.

No se han implementado modelos innovadores de educación que permitan el surgimiento del criterio. Por el contrario, se empecina en difundir la educación tradicional que reduce al individuo, en el mejor de los casos, en receptores de contenidos teóricos y técnicos robotizados empecinados únicamente en el hacer sin contar con el criterio del porqué se hacen las cosas y de, indudablemente, su impacto social.

Se inicia un nuevo año y con él nuevos retos dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje en la universidad de San Carlos, retos que indudablemente requieren de la reinvención de todos los que estamos involucrados en dicho proceso. No obstante, eso solamente se logrará si se dejan por un lado los intereses personales y sectarios y se retomen los genuinos ideales de nuestra querida tricentenaria universidad. Los enemigos han avanzado mucho pero todavía se puede rescatar la academia con trabajo y dedicación, es cuestión de emplear el criterio y actuar con honestidad.

El fortalecimiento de la academia permitirá el aniquilamiento de la politiquería y la instrumentalización de las aulas universitarias en pro de causas nefastas en detrimento de los interese sociales.

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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