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¿Cúal será la política internacional de Joe Biden?

MIKHAIL MAGID, HISTORIADOR EGIPCIO

Para aclarar las incógnitas existentes aquí nos atrevemos a explicar- en una breve síntesis- las principales orientaciones de la politica internacional que se propone implementar el gobierno de Joe Biden.

Fortalecer el atlantismo. Joe Biden no sólo robustecerá la OTAN, sino que tratará de implementar un Acuerdo Transatlántico de Libre Comercio. Ambas iniciativas están asociadas por una actitud negativa hacia la Federación Rusa, que es vista por la nueva administración como su principal oponente. Estrechar la unidad entre Estados Unidos y la Unión Europea se considera como una efectiva forma de contener a Moscú.

Rodear a China. En el este de Asia, las acciones de Estados Unidos se dirigirán contra la República Popular China, esta politica incluye el desarrollo de una Alianza Militar con el arco de países que rodean China (India, Japón, Australia, Estados Unidos). Además, la administración Biden tiene previsto volver a la idea de crear una Asociación Comercial Transpacífica (TPP); un mercado libre que integre a Estados Unidos con los vecinos de China.

Estos dos macroproyectos tienen como objetivo la creación de dos anillos, que incluirían a una población total de más de 2 mil millones de personas, con un mercado único sin fronteras y con la voluntad de articular sus fuerzas militares.

Sin embargo, a Biden le será muy difícil implementar ambos proyectos debido, entre otros factores, a la actitud proteccionista de los sindicatos, algunos grupos empresariales nacionales y a los ciudadanos en general, que temen a la competencia y a la pérdida de empleos. Además, las políticas proteccionistas de India y Japón podría obstaculizar sus planes globalistas.

Bajo esta doctrina, el principal adversario de Estados Unidos es la República Popular China, una nueva superpotencia y un gigante económico. Esto significa que tanto Rusia como China deben esperar nuevas sanciones de parte de Estados Unidos y sus aliados. Ante este tipo de amenazas lo que veremos a continuación será un mayor acercamiento entre Rusia y la República Popular China.

Desde hace mucho tiempo, la clase política estadounidense está interesada en una integración política, militar y económica con Alemania y Japón, dos estados económica, científica y tecnológicamente poderosos del planeta (después de Estados Unidos y China).

Las políticas demasiado independientes de estos países pueden ser peligrosas para Estados Unidos, como lo demostró la historia del siglo XX, cuando Estados Unidos se enfrentó dos veces a Alemania y contra Japón. Por tanto, Joe Biden revisará el legado de Trump (que criticó con la OTAN y planteó exigencias a Alemania y Japón). Ahora, haciendo una vuelta de tuerca, Joe Biden pretende fortalecer la OTAN y la Alianza con Japón bajo el liderazgo de Estados Unidos. Esta política probablemente generará complicaciones en las relaciones de Rusia con esas naciones.

Turquía en el centro del tablero

El tema turco puede convertirse en el más importante en las relaciones entre Estados Unidos y Rusia. Turquía se ha enfrentado con los aliados de Rusia tres veces en los últimos años: en Libia (donde las tropas turcas operaron con éxito contra el comandante de campo Khalifa Haftar), en Siria (en Idlib, donde el ejército turco aplastó a las fuerzas de Assad en febrero-marzo) y en el Cáucaso (donde Turquía ayudó recientemente a Azerbaiyán en guerra con Armenia).

Por otra parte,Turquía está construyendo una estrecha cooperación con el complejo militar-industrial de Ucrania que aspira a convertirse en una asociación militar-estratégica entre ambas naciones. Para algunos estados, la cooperación con Turquía puede ser un activo valioso; algunos estrategas sostienen que mientras la Unión Europea se especializa en inversiones y tecnologías, la Turquía Erdogan debería brindar apoyo militar directo a sus países amigos con sus drones “Bayraktar”.

El gobierno de Trump ha apoyado a Turquía en estas maniobras. Trump bloqueó las sanciones anti-turcas que el Congreso de EEUU había exigido, en respuesta a la compra -por parte de Turquía- del sistema ruso de defensa aérea / antimisiles S-400.

A diferencia de Trump el equipo de Biden dice estar preocupado por los derechos humanos y es posible que a Turquía le apliquen algún tipo de sanciones por la persecución de políticos kurdos, de activistas civiles y de la oposición al régimen neo-otomista.

Los partidarios de las sanciones contra Turquía constituyen un tercio del equipo de política exterior de Biden. Si se llegarán a implementar sus planes, ses podría producir un acercamiento entre Ankara, Teherán y Moscú. Hasta ahora Erdogan ha actuado hábilmente para mantenerse en el poder con artimañas propias de un equilibrista de circo.

Al mismo tiempo, los partidarios en Estados Unidos de la política conciliadora con Turquía tienen una clara ventaja en relación al equipo sancionador de Biden: Ankara puede restablecer sus lazos transatlánticos y «contener a Rusia» en Libia, Siria, las regiones del Mediterráneo Oriental, el Mar Negro y el Cáucaso.

Al respecto, la revista Bloomberg, ha informado que Erdogan ve la situación de la siguiente manera: “Biden sabe que los lazos transatlánticos aumentarán los acuerdos militares de Estados Unidos con Turquía , no hay que olvidar que somos miembro de la OTAN. Nuestra presencia en zonas de guerra en el Medio Oriente mejora la capacidad de la alianza para contener a Rusia»,

En este complicado escenario está claro que el equipo de Biden criticará la política rusa desde una perspectiva de los “derechos humanos”. Sin embargo, a Rusia sólo se le puede acusar construyendo un falso discurso en torno al tema del derecho a casarse de los gais y del movimiento transgénero.

Para cerrar este intringulis, los halcones del equipo de Biden afirman que una política de sanciones por «los derechos humanos» enfrentará a Turquía y otros aliados y, por tanto, perjudica un acabado diseño de una geoestrategia que pretenden retomar la supremacía imperial estadounidense.

Observatorio de la Crisis

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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