La perversión no tiene límites

Autor: Jairo Alarcón Rodas
El mundo está viviendo momentos críticos en donde una amenaza, que es ya una realidad, ha hecho estragos causando, hasta el momento, poco más de 1,800 mil muertes en el mundo. Un virus que sin duda va a cambiar el comportamiento humano, que ha dejado secuelas tanto físicas como psicológicas a muchos habitantes de este planeta. No obstante, no ha impedido que siniestros personajes de la política en Guatemala continúen con su actitud perversa y, en vez de reaccionar en forma congruente a los acontecimientos, con cinismo siguen robando impunemente.

La corrupción no tiene límite para aquellos que han hecho del arte de gobernar, la perversión en la política. Hoy, con toda la desfachatez, el juez Mynor Moto se postula para ser candidato a la Corte de Constitucionalidad, parecería un acto grotesco digno de una comedia, sin embargo, en este país todo puede suceder, es parte del imaginario colectivo del guatemalteco, de su cotidianidad y del eterno drama que se vive en Guatemala.

Una de las más recientes resoluciones de este polémico juez fue no girar orden de captura, al hasta hoy prófugo de la justicia, José Luis Benito Ruiz, exministro de comunicaciones del gobierno de Jimmy Morales. A esto hay que agregar que, en contra el juez Moto pesa la solicitud de antejuicio que presentó la Feci, ante la Corte Suprema de Justicia, por actos de corrupción, dentro del caso denominado Bufete de la impunidad.

El único bastión, que sin embargo años atrás fue parte del sistema y del pacto de corruptos que ha gobernado al país, la Corte de Constitucionalidad, y que actualmente escapa al control de dicha alianza, requiere nuevamente estar alineada y para ello, las personas que mantienen bajo su dominio a los restantes poderes del Estado y sus operadores trabajan para lograrlo y no cesarán hasta colocar dentro de esa institución a personajes que se ajusten a sus intereses.

La crisis de salubridad que invade al mundo no ha sido impedimento para que las mentes perversas, al servicio del sistema, continúen maquinando la forma de obtener el control total del país y con ello, realizar las más perversas acciones para su beneficio. En el mundo al revés decía Eduardo Galeano, premia al revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo, de ahí que los opresores son los buenos y los que aspiran a la justicia social, a la equidad, son declarados comunistas y en tal sentido, los malos a los que hay que perseguir y castigar.

Con tal criterio, y confiados que la sociedad no reaccionará a sus proyectos, persisten en su siniestra labor, saben que el pueblo se encuentra neutralizado, que las acciones de algunos no cambiarán los planes trazados y así los diputados no eligen a las cortes, la Fiscal General desestima la persecución de funcionarios corruptos, jueces dejan libres a personajes implicados en actos criminales y con ello, continúa el robo descarado de las arcas públicas.

El año está por finalizar y no se avizora un cambio sustancial en el país que se traduzca, por ejemplo, en la elección de una Corte Suprema de Justicia honesta y la posibilidad de un Ministerio Público eficaz que cumpla su esencial función, la de perseguir al crimen organizado enquistado dentro de las estructuras del Estado. Así como llevar ante la justicia a diputados, funcionarios públicos y miembros de la iniciativa privada que incumplan con la ley y que con esas acciones contribuyen a sumir en la miseria al país.

La perversión no tiene límites para aquellos que viven de la corrupción y que alejados de lo que es una auténtica convivencia en armonía social, ven en el prójimo la posibilidad de sacar provecho para sus aviesas intenciones. Sin embargo, permanecer al margen de tales acciones, ser indiferentes ante esos hechos, constituye un acto de complicidad que fortalece el criminal estado en el que han sumido al país la oligarquía corrupta, los diputados, magistrados, jueces y funcionarios serviles.
Decía Federico Nietzsche que, quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Y en un país como Guatemala, donde la corrupción se encuentra diseminada en todos los ámbitos, hay que tener sumo cuidado en no sucumbir en sus garras. El criterio y la integridad de cada habitante de este país debe permitir no solo alejarse de tales males, sino también combatirlos.

Denunciar todo acto de corrupción, visibilizar tales hechos y a los personajes que los cometen, constituye una obligación ciudadana, así como exigir que sean enjuiciados y en su momento castigados. El año está por terminar y no se debe permitir que las cosas continúen igual o peor en Guatemala, el nuevo año que está por comenzar exige grandes acciones de todos aquellos que desean un cambio sustancial para este país.

Comparte, si te gusto