La corrupción en Guatemala

Autor: Jairo Alarcón Rodas
Cuando los poderes del Estado están cooptados por mafias que se protegen bajo un pacto de corruptos, que les propicia un manto de impunidad, es porque la sociedad está en crisis y requiere de un cambio radical que permita su transformación. Sin duda, este país está muy mal como resultado de una estructura jurídica perversa que ha permitido su fortalecimiento.

Así, diputados protegen a jueces, jueces a diputados, diputados a la Fiscal General quien, al ser nombrada por el presidente de la república, ve garantizada su impunidad, con determinadas excepciones. Diputados, jueces y la Fiscal General se unen con el denominador común de protegerse y continuar expoliando las arcas del Estado.

La Fiscal General y Jefa del Ministerio Público, cuya función, entre otras, es la investigación, persecución y desarticulación de las estructuras criminales, de la acción penal pública en contra de estas para el fortalecimiento de un Estado de Derecho, con claridad se evidencia que en vez de perseguir estructuras criminales y corruptas, desvía la atención y la persecución de los verdaderos focos de corrupción enquistados en el país, en consecuencia, la cooptación del Estado está garantizada y con ello, el perverso estado de cosas.

Cuando una fiscal presume de datos estadísticos que miden y cuantifican la cobertura de la entidad que representa sin demostrar con evidencia la desarticulación de los grupos de funcionarios que vorazmente se llenan los bolsillos sin importar la miseria en la que se sume el pueblo, como lo hace Consuelo Porras, no hay otra respuesta que pedir su inmediata destitución, que no llegará pues corrupto no hiere a corrupto cuando hay un pacto de complicidad.
La corrupción galopa a sus anchas en terrenos donde la miseria propicia que el humano sea reducido a mercancía y por ello, tenga un precio. El ser humano es, al igual que todo animal viviente, un ser de necesidades, las cuales debe satisfacer para subsistir. Sin embargo, cuando ve imposibilitada o amenazada la posibilidad de satisfacer sus necesidades vitales, lo hace aun incurriendo en actos de corrupción y deshonestidad. Lo ideal sería que el estado proveyera de oportunidades para que eso no sucediera.

En Guatemala, se han generalizado los actos de corrupción en las instituciones públicas, por lo que los trámites burocráticos tienen diferente resultado si para su resolución median los sobornos, si hay dinero de por medio, tipificados estos actos jurídicamente como cohecho activo y pasivo. No obstante, tales actos de corrupción, aunque punibles, no se comparan con los que realizan los altos funcionarios del Estado, políticos y funcionarios que, prometiendo servir a sus electores o al cargo al que fueron designados, se sirven de estos para beneficiarse personalmente.

Robar para los funcionarios de gobierno se convierte en cotidianidad al frente del desempeño de sus funciones, algo normal, al extremo que haya personas que digan en el país, “es mejor que roben pero que hagan algo por el pueblo”. Ser electos diputados constituye para muchos, la oportunidad de robar a manos llenas. No les pido que me den, sino que me pongan donde hay dice un dicho popular guatemalteco que ilustra muy bien este comportamiento. De ahí que ser nominado como candidato para un cargo público en Guatemala, tiene un costo, que no cualquier guatemalteco puede pagar.

En el caso de un congreso corrupto como el de Guatemala, es impensable que tomen decisiones honestas y justas si han demostrado, con toda una serie de maniobras oscuras, tranzas, maquinaciones, que lo que les interesa es enriquecerse sin importar las consecuencias. El pueblo se ha equivocado y lo ha hecho por mucho tiempo en la elección de sus representantes, lo cual se debe esencialmente a una obsoleta ley electoral y de partidos políticos y a la ignorancia que ha sido fomentada por el sistema a través de sus brazos ideológicos.

La corrupción se propaga por todo el país, llega a todas las esferas, se convierte en algo común, se prolifera por todas partes, se convierte casi en un rasgo cultural. Una nación que se ha cimentado en la ignorancia, donde hay miseria y escasez de oportunidades, resulta muy difícil no adoptar otra forma de accionar sino aquella que impone la sinergia de los que mantienen el control del sistema y que es común en Guatemala.

Jimmy Morales dijo durante su mandato presidencial, al ser cuestionado por los actos de corrupción imputados a su hijo y hermano, que estos son normales en este país y efectivamente lo son, pues el sistema y gobernantes como ellos lo han permitido y fomentado. Para los sectores populares, para el ciudadano común, el verse en un país en tales condiciones, les resulta muy difícil subsistir sin involucrarse dentro de esta dinámica perversa, pues se les ha vedado la oportunidad de desarrollarse dignamente.

La corrupción tiene dos ramificaciones, la primera es la que efectúan los funcionarios perversos, que con deseos e inclinaciones egoístas y motivados por la deformación que tienen sobre la realidad social, actúan en detrimento de los demás, apropiándose de lo bienes del Estado o de otros recursos en empresas, oficinas y entidades y la segunda, en la que la circunstancia lleva a las personas a cometer actos de corrupción como salida a sus vicisitudes.

El sistema propicia la corrupción y en aquel en donde se privilegia la acumulación de riqueza, el lucro, donde las pérdidas y ganancias son más importantes que el bienestar y los valores humanos, la posibilidad que la corrupción se difunda y entronice es más factible. Richard Sennett indica que, en un sistema competitivo, los que ganan barren con las ganancias mientras que la masa de perdedores tiene que repartirse las migajas. Y muchas veces esas migajas no alcanzan o no llegan a los perdedores y eso socaba, pervierte las estructuras de un país, lo corrompe, propiciando que se viva en un país como Guatemala.

¿Quiénes tienen un precio y por qué sucede eso? El afán de lucro no tiene límites y el acumular riqueza y bienes se convierte en el deseo de aquellos que ven en la sociedad la oportunidad de sacar provecho personal, aun en detrimento de los demás. La sociedad se estructura para el bien común, lo cual significa que la solidaridad debería prevalecer sobre los deseos egoístas, sin embargo, eso está lejos de las mentes y las acciones de aquellos que ostentan el poder en este país.
La liberación de los pueblos solo se logra a través del pueblo mismo. Pero al hacerlo, se debe tomar en cuenta lo señalado por Robespierre cuando dijo, el secreto de la libertad radica en educar a las personas, mientras que el secreto de la tiranía está en mantenerlos ignorantes. Libertad que se logra también de un sistema corrupto y opresor que mantiene en la miseria al país, por lo que urge una nueva Constitución para Guatemala.

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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