La ideología y el pensamiento crítico

Autor: Jairo Alarcón Rodas

El pensamiento surge como resultado del contacto que tienen los seres humanos con la realidad, a través de experiencias visuales, auditivas, táctiles, etc., las que, al convertirse en ideas, producen los juicios, los razonamientos y los pensamientos. Fue la necesidad de salir de su mismidad, lo que determinó que el homo sapiens se convirtiera en lo que es. De ahí que los seres humanos sean producto del contacto con lo otro, con la naturaleza y demás miembros de su especie. Es decir, de la relación dialéctica con otros sujetos y con las cosas.

Así, el paso de lo concreto a lo abstracto requiere que la información que llega al intelecto sea lo más fiel a los objetos que se perciben y, desde luego, que las relaciones entre los antecedentes y los consecuentes se realicen de forma correcta. Todo proceso cognitivo tiene una intencionalidad que puede obstaculizar o viabilizar tal proceso.

Es necesario comprender la realidad, porque es imprescindible para los seres humanos actuar en ella. Sin embargo, si el proceso es equivocado, las acciones que se emprendan pueden conducir al error. Es por ello la importancia que tiene el conocimiento de las cosas y los procesos tanto físicos como sociales. Es claro que no es lo mismo el conocimiento que la creencia, mientras el conocimiento requiere el criterio de verdad, la creencia no.

Las personas que perciben la realidad pueden tener una lectura equivocada sobre la realidad, lo cual es motivado, en parte, por una inadecuada estructuración del pensamiento, en el que las ideas se unen a partir de juicos de valor y no de razón, es importante comprender que la adecuada estructuración del pensamiento sigue un procedimiento lógico, del cual Aristóteles fue su sistematizador, que requiere del cumplimiento de determinados principios que hacen factible el correcto razonamiento.

Si embargo, la comprensión de la realidad tiene una intencionalidad, que puede ser obtener una lectura correcta de esta o bien, su instrumentalización para ejercer el control y poder sobre las personas que están ajenas a este proceso. De ahí que la racionalidad puede ser objetiva y subjetiva, la primera apunta a develar los secretos de las cosas, la segunda, en cambio, puede tener una intencionalidad perversa; por lo que Marx y Engels la llamaba, falsa conciencia o ideología, enmascaramiento de la realidad.

La realidad es una, pero las interpretaciones que se convierten en juicios sobre esta son múltiples, lo que da origen a criterios subjetivos. Cada uno puede tener una lectura sobre las cosas, lo cual ensancha la visión que se tenga de estas, pero tener una lectura particular no significa que se le agregue a la realidad aspectos que no le son propios; el problema de la multiplicidad de criterios sobre las cosas, es decir de su interpretación, no recae en el objeto sino es el sujeto quien determina lo que son las cosas, el que realiza una lectura sobre la realidad, pudiendo ser certera o incorrecta.

Los juicios equivocados conducen al error, de ahí la importancia del conocimiento en la relación sujeto y objeto. Por qué si existe una sola realidad, surgen diversas interpretaciones que obstaculizan su comprensión. Es cuando no se poseen las herramientas pertinentes para interpretar lo otro cuando la realidad adquiere un atavismo particular y subjetivo que da lugar a la diversidad de criterios culturales y a la distorsión de las cosas.

La ideología, como falsa conciencia, ha sido instrumento de dominación de los pueblos, religiones, demagogia, cultos, sectarismos, consumismo, han alienado a la población del mundo para beneficio de unos pocos. Las religiones, por ejemplo, a las que Karl Marx consideró como el opio de los pueblos, adormecen las conciencias para que los sectores que mantienen el poder y el control del sistema continúen explotando y sojuzgando sin que las personas se den cuenta.

Sectas evangélicas, más concretamente pentecostales, se multiplican en Guatemala con el fin esencial de mantener el estado de cosas, ofreciendo un paraíso celestial a cambio de sumisión. Según la Alianza Evangélica en Guatemala hay poco más de 40 mil iglesias evangélicas. Así, difunden mensajes religiosos, ideología que aparta a las personas del contacto objetivo con la realidad, distractores que adormecen la conciencia. La ideología, decía Ludovico Silva, es un sistema de representaciones, creencias y valores inconscientemente impuestas a los hombres en las relaciones sociales de la producción que en su mente funcionan como ídolos.

Si para actuar correctamente en el mundo se requiere simplemente creer en un dios, el mundo sería un paraíso, las creencias son criterios particulares, no comprobados, que obedecen a aspectos muchas veces emotivos e inciertos. El accionar humano no requiere de creencias celestiales suprasensibles, requiere de criterios coherentes que develen la realidad tal cual es y propicien a su vez un accionar ético que conduzcan a la armonía entre los habitantes de este planeta.

La intencionalidad de los grupos hegemónicos es mantener a la población alejada de la realidad, que continúe inconsciente de las causas que determinan la circunstancia social que la sojuzga y empobrece y desde luego, evitar que identifique a sus responsables. Es por lo que, a través de sus brazos ideológicos, mantienen el control de la población fomentando el oscurantismo.

Sumidos en la ignorancia, ajenos al pensamiento crítico, y con ello a la posibilidad de cuestionar el sistema en el que viven, atrapados en un ambiente de alienación y de letargo, la posibilidad de despertar se hace sumamente difícil. Diseminar ignorancia, fomentarla, lleva la intención de dominación lo que determina que los habitantes se mantengan sin responder a las condiciones perversas que imponen sistemas y gobernantes corruptos.

Las diferentes formas de gobierno, que deberían tender a la justicia, se corrompen por intereses particulares y dan origen a formas bastardas de su ejercicio. En Guatemala, la elección de sus gobernantes en procesos supuestamente democráticos, donde hay posibilidad de escoger a los candidatos que imponga el sistema, dentro de un ambiente de inequidad, pobreza e ignorancia, origina que las decisiones de la mayoría se impongan, aunque sean equivocadas y determinen la elección de gobiernos corruptos, títeres de la oligarquía.

Imponer una creencia requiere tomar el control de los medios de comunicación, del sistema educativo y hacer uso de la persuasión, de la elocuencia, apelar a las emociones como lo hacen los políticos, las religiones y la publicidad. En la antigüedad los sofistas fueron amos de la elocuencia, convertían los argumentos más débiles en los más poderosos, ahora lo son los políticos, pastores, curas y vendedores los que han sofisticado ese recurso.

De la opinión surge la creencia y esta se convierte en conocimiento cuando se robustece con su demostración, cuando se hace pública. No obstante, el mundo está lleno de creencias, de opiniones, de doxa lo cual no es malo, pero es necesario pasar de la opinión a la argumentación y eso solo se logra al instruirse, al capacitarse y alcanzar el conocimiento de las cosas. La ignorancia es la madre de la maldad y de todos los demás vicios, decía Galileo Galilei y es por lo que se hace necesario desterrarla de toda conducta humana.

Ideología y pensamiento crítico son criterios distintos que son y han sido empleados para juzgar la realidad, sin embargo, mientras que la ideología oculta la realidad, el pensamiento crítico tiene por tarea interpretarla de forma correcta, de develar lo que son las cosas. Todo proceso va de lo simple a lo complejo y el ascenso de la oscuridad a la luz requiere no solo ser libre de cadenas dogmáticas sino también de un espíritu de búsqueda.

El pensamiento crítico se basa en aspectos cognitivos que enlazan la conciencia de un sujeto con la realidad, previo análisis y síntesis. Como consecuencia, el criterio no puede fundarse en creencias inciertas, producto de la racionalidad subjetiva. Con relación a esto, Max Horkheimer señalaba que, cuanto más se debilita el concepto de razón, tanto más fácilmente queda a merced de la manipulación ideológica y de la difusión de las mentiras más descaradas. Al debilitarse la razón, las opiniones inciertas, las suposiciones fantásticas, las consideraciones mágico-religiosas se instalan, oscureciendo el entendimiento y posibilitando la alienación de las personas.

Por el contrario, con el uso de la razón, estructurada a través de principios lógicos, al margen de juicios de valor, de una visión pragmática y utilitaria, la certeza se abre camino por medio del conocimiento. De tal forma se establece la relación dialéctica entre la naturaleza y el pensamiento, que da lugar al criterio de verdad que, no siendo absoluto, sí debe ser objetivo.

El paso de la oscuridad a la luz señalaba Platón, puede ser doloroso si no se emplea el método adecuado que permita tal transición. Pero el darse cuenta de que se es ignorante y que como consecuencia se puede ser objeto de engaño es el comienzo para buscar el saber. Cerrarse al conocimiento, ser cautivos de distractores, de cadenas invisibles que son impuestas, constituye tierra fértil para el explotador.

En sociedades donde la iniquidad llega a su límite, el despertar se convierte en una obligación. Un país en crisis, como Guatemala, donde la miseria, la desnutrición infantil, la falta de escolaridad, el machismo y la violencia es parte de la cotidianidad, continuar siendo complacientes con ello, el ser cómplices de tales desgracias, el darse cuenta de las perversiones del sistema y no accionar en contra de tales condiciones, se convierte en un acto de complicidad criminal.

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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