Construir una Guatemala más allá de una finca o la patria del criollo.

Lorena Medina Patzan

El 21 de noviembre se encendió nuevamente el fervor y la indignación ciudadano en la plaza, por el descontento popular causado por la gran corrupción, indiferencia, negligencia y autoritarismo con que Giammateii ha in-gobernado el país y la gota que derramó el vaso, fue la aprobación del presupuesto 2021, que en la oscuridad fraguaron los poderes espurios, representados en el Congreso de la República, endeudando al país por generaciones y con ausencia de las prioridades sociales de la población: educación, salud, alimentación, desarrollo de los Pueblos y de las Mujeres, etc.

La indignación se ha ido acumulando, por el constante atropello de los Derechos Humanos, más esenciales durante la gestión del gobierno de Giammateii, en el que, ha sido evidente el mal manejo de la crisis generada por la pandemia de COVID 19, endeudando al país en forma desmedida y velando únicamente por entregar los recursos del Estado y los multimillonarios préstamos internacionales para beneficio desmedido del sector empresarial, bajo el argumento de la «reactivación económica». Sin embargo, los hospitales han colapsado, los médicos y personal de salud no han recibido pagos salariales a tiempo y la población no ha recibido la ayuda alimentaria y económica para paliar la pobreza que se agravó con la llegada de la pandemia. El abandono a la población, ha sido total, en medio de la pérdida de empleos y sus medios de vida para la subsistencia. A este gran malestar social, se sumó la la falta de pago del Bono Familia, que se utilizó demagógicamente, para justificar el endeudamiento aprobado por el Congreso. Dicho bono no sólo no llegó a los sectores más vulnerables, sino que además se redujo en su pago final de Q.1000 presupuestados, a Q.250.

En medio de todo ello, la inseguridad alimentaria crece, incrementando la precariedad y la desnutrición infantil y de las mujeres y niñas particularmente.
El presupuesto 2021 aprobado en una noche, dejó fuera a las mujeres, a la niñez y a otros sectores altamente afectados por la pobreza y por la crisis económica y social generada por el covid 19, recortando 200 millones a programas destinados a desnutrición infantil y por otro lado, beneficiando a los diputados y al Gobierno con incremento en rubros para sus gastos alimentarios, lo cual es una gran contradicción e incoherencia y una afrenta a gran parte de la población que muere de hambre y a la parte restante, que lucha por la pura sobrevivencia.

El 21N pese a fuertes medidas de control por parte de las fuerzas represivas del Gobierno, las masas populares avanzaron de la Plaza Mayor hacia el Congreso, se caldearon los ánimos contra el pacto de corruptos y de un momento a otro. No está claro cómo iniciaron las ardientes llamas del hemiciclo parlamentario, pero si se dió en medio de gran confrontacion y represión policial contra los manifestantes.

El Congreso se ha tornado en símbolo del poder hegemónico, colonial y servil. También ha sido otrora el escenario de sendos plantones y demostraciones de descontento social frente a los desmedidos actos de corrupción de los diputados que representan obscuros intereses.

El 21N, fue el escenario para expresar el hartazgo popular frente a los atropellos del Gobierno y de los diputados del pacto de corruptos.

Como se expresó, la represión hacia los manifestantes, al mejor estilo de retrógradas dictaduras ochenteras, no se hizo esperar y dejó en claro que la única respuesta del Gobierno ante el clamor y descontento popular es el terror y la criminalización de la protesta social.

La quema del Congreso se dió luego de la aprobación de un presupuesto que nuevamente representa el saqueo de los recursos y bienes del Estado, que el pueblo paga día a día con su trabajo e impuestos.

Tras el acontecimiento, toda la semana siguiente al 21 de noviembre se han ido generalizando las protestas, tanto en la ciudad como en los departamentos, hasta culminar el día 28N con un nuevo llamado de sectores estudiantiles, populares, de las mujeres y Pueblos Indígenas y de otros sectores democráticos a manifestar su rechazo a los diputados y al Gobierno de Giammateii, exigiendo su renuncia.

Muchos coinciden en que no se trata solamente de la forma se aprobó el presupuesto 2021, ya que también ha generado gran descontento por la indiferencia y abandono de la población afectada por las tormentas ETA e IOTA aunado a la población afectada por la pandemia, que ha impactado fuertemente a las comunidades, frente a la indiferencia y abandono gubernamental.

La salud y seguridad alimentaria del pueblo no es prioridad para este gobierno. La pandemia les dió la oportunidad de drenar fondos del Estado y vía préstamos internacionales a manos llenas, mediante el reiterado estado de calamidad y en muchas las comunidades, del represivo estado de sitio.

El poder paralelo ejercido por el Centro de Gobierno también ha sido un detonante del descontento social por los onerosos gastos que implica para el país y por lo nefasto para la gobernabilidad democrática y transparente que demanda la ciudadanía, pues duplica la gestión ministerial y concentra demasiado poder en una persona.
Lo que ha quedado claro para el pueblo es que ya nos endeudaron por generaciones y seguimos sin beneficios que lo ameriten. No ha habido paliativos para que las familias logren recuperarse y mejorar la deteriorada economía familiar y menos aún, para quienes han perdido sus medios de vida permanentemente.

Guatemala está viviendo en medio de un Estado Fallido, inoperante y que carece totalmente de representatividad y legitimidad ante el pueblo de Guatemala.
Las plazas seguirán llenándose de personas organizadas o en forma individual. El ciudadano de a pie se autoconvoca, los movimientos sociales están también ejerciendo mucha agitación, pero un actor relevante emergiendo lo constituyen la juventud y los estudiantes a todo nivel, especialmente los universitarios.

El peso de una juventud crítica, que está despertando con gran energía revolucionaria y sin temor a la represión policiaca se está haciendo sentir en todo el país, lo que da mucha esperanza.

La pregunta que ha desatado el enardecimiento social es ¿Dónde está el dinero?. Ha ido avanzando hasta llegar a un rotundo RENUNCIA YA, Fuera diputados y al desconocimiento de Giammateii como Presidente.

Las acciones represivas no han podido frenar a la población indignada. Por el contrario, se ha evidenciado que estás luchas no cesarán y van más allá de lo que la coyuntura deja ver.

La oportunidad de generar cambios sustantivos está asomando por la puerta y no es momento de desaprovecharla.

Los llamados a la unidad y a ir más allá de protestar por el presupuesto 2021 y de exigir renuncias, de reformas leves que terminen con los sueños de tener un mejor país son el motor de nuevos derroteros. La última vez que se movilizó el país para lograr la dimisión del gobierno, en la histórica coyuntura de 2015, no logro los cambios esperados y hemos seguido cosechando más corrupción y abominables realidades. Los calcinados cuerpos de las niñas del Hogar In- Seguro y todas las víctimas de femicidios que han seguido cayendo ante la indiferencia y la impunidad del sistema, siguen clamando ¡justicia!.

Por todas estas razones y otras miles que tenemos cada uno en nuestro corazón y pensamiento el grito al unísono de FUERA GIAMMATEII va creciendo en todos los rincones del país. Por eso este noviembre 2020 pasará a la historia como el inicio de un nuevo capítulo en el que aún contra toda la represión de un Estado autoritario, fascista y antipopular, las juventudes, las mujeres, campesinos, obreros y ciudadanos indignados tenemos la oportunidad lograr cambios sustantivos para empezar a construir un país diferente, que no sea la finca ni la patria del criollo, dónde no seamos tratados como ciudadanos de segunda, ni pisoteados en nuestra dignidad e identidad, con todo el racismo que exhalan hasta por los poros quienes detentan el poder.

Frijoleros nos han llamado. Lo somos, ya que ese es el alimento más accesible para la población.

Frijoles y maíz constituyen la dieta esencial de las familias guatemaltecas en el campo y la ciudad.
Ese es un gran elemento de unidad e identidad que ha detonado nuevos sentimientos de clase que deben dar el sustento para una lucha constante y sostenida, hasta lograr un proceso de largo aliento que deberá tomar curso desde el establecimiento de una nueva forma de gobierno y de definición de las leyes y políticas.
Hasta ahora la demanda de los Pueblos se ha mantenido en el llamado a conformar una Asamblea Constituyente Popular y Plurinacional. Por el momento no hay otra alternativa por lo que ese es el objetivo más claro para ir más allá que en la coyuntura 2015.

Ejemplos como el de Bolivia y Chile han mostrado que sin ideología ni definición política clara, los cambios no son viables. La identidad de clases está bien definida y polarizada. Esta lucha tiene solo dos bandos: por un lado el pueblo pobre, las clases desposeídas, los explotados, las mujeres en toda su diversidad, los campesinos, los obreros, los subempleados y los desempleados, los que no tienen para comer tres veces al día, las niñas maltratadas, los niños desnutridos, los que perdieron todo por el volcán de Pacaya, por ETA y por cualquier otro embate de la naturaleza que por vivir en zonas tan vulnerables, han sufrido con mayor dureza estos efectos del cambio climático. Por el otro lado los grupos de poderes económicos, voraces, que imponen el modelo extractivista, la palma africana, las mineras, los neoliberales que privatizaron todos los bienes del Estado y siguen desmantelándolo al mejor postor. Los que siguen privatizando los ríos, los bosques y todo aquello que represente ganancias desmedidas, pese al impacto ambiental y social.

Hoy más que nunca se expresan estas luchas como una convergencia antisistema. Es decir convocando a quienes estamos contra el sistema colonial, neoliberal, racista, patriarcal, extractivista que ya caducó. No basta sólo con sacar a uno u otro corrupto, pues no es garantía para que se den los cambios que necesitamos para el Buen Vivir de los pueblos. Hay que releer la historia y no cometer los mismos errores que en 2015 y conformarnos siempre con las mismas fórmulas electoreras del «menos peor», pues a la postre nos quedamos en más de lo mismo.

Si no se sientan las bases para la refundación del
Estado Plurinacional, sobre la base de una reestructuración total del sistema político, económico y social, en Guatemala, no va a cambiar la situación real. Los enemigos del pueblo saben que tienen a su servicio los 3 poderes del Estado coptados por las mafias de siempre.

Aprendamos de nuestra Abya Yala, miremos con ojos bien abiertos la esperanza que empieza a recorrer y a renovar el continente desde el sur, encabezado por Bolvia y el MÁS y las luchas masivas que lograron cambiar la constitución fascista chilena.

Ya es tiempo que los Pueblos Indígenas, como las grandes mayorías que son en Guatemala, decidan y conduzcan los procesos de cambio. Que los cuatro pueblos estén bien organizados y representados y que en medio de ello, las mujeres, las juventudes, la niñez y otros actores excluidos tengan voz y voto, que ejerzan el protagonismo con que han ganado batallas por sus derechos en las calles.
El camino no es fácil, pero hay que hacerlo con consensos, disensos, alianzas y mucha apertura a lo novedoso en pensamiento y prácticas. Mucha creatividad y horizontalidad son claves.

Que de las cenizas surjan nuevos caminos. Que las voces de las mujeres, niños, jóvenes y ancianos se reencuentren sin verticalismos ni rencías viejas entre liderazgos, ni falsos triunfalismos de antaño.

El pueblo organizado y unido puede lograr una Asamblea Constituyente Popular y Plurinacional, para que desde allí defina sus nuevos horizontes y prioridades para sacar avante a Guatemala. Ya hay algunas propuestas en esa vía. No son perfectas, pero el reto es darles vida y con el concurso de todos y todas, ir sumando visiones, demandas y propuestas. Si no aprovechamos está coyuntura para organizarnos más y mejor desde y con las comunidades, con madurez y nuevas prácticas para arribar a consensos y acuerdos entre las clases desposeídas, no habrá manera de lograr los cambios anhelados.

Ya tenemos miles de desaparecidos y otros miles de guatemaltecos y guatemaltecas han dado su vida ya por lograrlo. Sigue corriendo la sangre, hay presos políticos, personas heridas, perseguidas en tribunales, niños, jóvenes y mujeres víctimas del uso de gases lacrimógenos. En algunos departamentos también hubo fallecidos durante las luchas recientes.

Que todo esto nos de la claridad de pensamiento, unidad y coordinación en las acciones, y la mejor definición de los próximos pasos, determinando qué proceso seguiremos como movimientos sociales y como ciudadanos conscientes e indignados y no quedarnos anestesiados con la euforia de un momento que puede darnos sabor a triunfalismo por un tiempo, pero después todo vuelve a la «normalidad».

Que no sea en balde la valentía de quienes ya dieron su vida. Pasemos de la acción a la reflexión de lo que queremos lograr y que queremos si logramos sacar a los corruptos. Atrevamonos a ver y soñar más allá. Vayamos por la Asamblea Constituyente Popular y Plurinacional, para tener la sociedad democrática, plural amplia, incluyente y representativa de todos los pueblos y segmentos poblacionales (Mujeres jóvenes, juventudes, niñez y adolescencia, adultos y adultos mayores, discapacitados, diversidad sexual, etc.) para construir una Guatemala para todos y todas.
L. Medina.

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