Es el momento de despertar

Autor: Jairo Alarcón Rodas
La pereza mental es un mal que avanza y se instala en todos los segmentos de las sociedades del mundo. Adormecidos por un sistema que demanda mayor practicidad que criterio, la mayoría de las personas se suman a aquellas, para las que lo más importante es tener y no ser, en donde el egoísmo resulta ser la herramienta de mayor utilidad para el sistema. Sujetos que evaden los problemas sociales de la humanidad, declarándose apolíticos.

La alienación que impera en este mundo, donde prevalece lo superficial, así lo determina. Erich Fromm decía, el peligro del pasado era que los hombres fueran esclavos. Pero el peligro del futuro es que los hombres se conviertan en robots; futuro que ya es presente y que aceleradamente cosifica a las personas, las deshumaniza y las convierte en robots esclavizados al servicio de una élite.

En algunos, el desafío de vivir en un mundo en donde las oportunidades de desarrollo son escasas, los induce a ser parte del engranaje del sistema, los convierte en una pieza más de la maquinaria de consumo como pago a su subsistencia. Mientras que los perversos son los que se aprovechan de la circunstancia que han creado para beneficiarse en detrimento de los demás y de la tierra misma. Otros en cambio, continúan luchando en contra de los esquemas de pensamiento que cada vez más deshumanizan a las personas y convierten al mundo en un escenario de luchas fratricidas, miseria y caos.

Así, se pueden seguir tendencias impuestas por el sistema corrupto, programas prestablecidos por grupos cuyo interés es mantener el control de las sociedades para su beneficio. Seguir a grupos que persiguen objetivos particulares e ilegítimos o bien, constituirse en sujetos críticos capaces de luchar en contra de lo establecido, con miras a la construcción de una sociedad digna, justa y humana.

Las circunstancias que actualmente se viven en Guatemala propician, por una parte, que los corruptos evidencien sus intenciones en el ejercicio de la política, engrosando al sistema perverso de privilegios, vigente desde hace mucho tiempo en el país. Y por otra, que exista complicidad por parte de aquellos que, por su instinto de conservación, empeñan su dignidad sometiéndose a los cánones establecidos. Ante estos dos grupos, el cambio resulta ser difícil mas no imposible. Lo cual no es algo nuevo, ya que la alienación se ha estado cimentando desde hace mucho tiempo, a través de los brazos ideológicos del sistema.

No obstante, hay algunos que corren el riesgo de luchar para la transformación de situaciones en crisis. Ellos constituyen los sujetos críticos que no han sido adormecidos por el sistema y, a partir de sus acciones, mantienen viva la dialéctica de la revolución, que requiere no solo una adaptación al medio sino su control.
No es suficiente pensar diferente, hay que saber pensar con criterio y eso no puede surgir a partir de visiones e interpretaciones arbitrarias sobre las cosas, de juicios subjetivos y erróneos. La racionalidad debe relacionarse directamente con la realidad, a manera de tener una lectura cada vez más profunda sobre esta. Con ello, las perspectivas que surjan sujetos críticos, que vean más allá de lo aparente, que analicen y reflexionen antes de actuar, lejos está de ser una realidad en un mundo cada vez más automatizado y alienado.

Las diversas interpretaciones que se hacen de la realidad al margen del conocimiento, en vez de unificar a los seres humanos, los divide. Las cosmovisiones mágico-religiosas y las tradiciones acríticas, al no ser un conjunto de conocimientos lógicamente estructurados, susceptibles de ser verificados tanto experimental como racionalmente, llevan implícitas otros elementos de convencimiento y persuasión: la fe ciega, el fanatismo, el celo desmesurado por esas creencias y con ello, la ceguera y sordera ante argumentos de otro tipo. No se trata de uniformar la visión de la realidad o el pensamiento sobre las cosas, sino evitar la distorsión de una realidad, que aun siendo una, dialécticamente es rica en matices y perspectivas.

La mayoría cree en lo que quiere creer y no en lo que es. Van en búsqueda de la libertad sin saber lo que eso significa y mitologizados por religiones, credos, consignas e interese sectarios, no alcanzan a ver más allá de tales criterios. Muchos exigen tolerancia a sus posturas, pero son intolerantes a la de los otros. Las diferencias en apetencias y criterios no pueden ser marcadamente diferentes cuando se vive en sociedad. Muchos hablan de izquierda y derecha sin saber el origen y alcances de esas palabras y creen que la corrupción está al margen de las inclinaciones políticas.

El momento actual, si se le pudiera caracterizar de alguna forma, sería por la inmediatez en la que se dan las comunicaciones. Lo que antes tardaba mucho tiempo para llegar al receptor ahora es cuestión de minutos. Sin embargo, a través de la inmediatez comunicativa se puede trasladar información certera o falsa y de la misma manera se puede despertar conciencias o adormecerlas. Todo dependerá del que tenga el control de la situación, en este caso de los medios.

Los distractores, en la era de la digitalización y de la comunicación virtual, se amplían e irrumpen en las conciencias indiscriminadamente y para muchos, los vulnerables, es inevitable ser cooptados, ya que todo está determinado a causa de la serie de valores asimilados durante la formación y la programación que sufren a través de modelos perversos de educación.

La información está al alcance, no para todos, sino para aquellos que tienen los recursos para pagar un servicio de internet. Países en donde las desigualdades marginan a una gran parte de la población la información disponible les es ajena. En cambio, para quienes tienen acceso a esos recursos, determinar qué de lo que se encuentra en las plataformas corresponde a la realidad, es decir, constituye información fidedigna, es la tarea por realizar.

El criterio para discernir lo que son los distractores, la información falsa, la publicidad, de lo que es la información valiosa, dependerá de la persona que haga uso de las redes sociales, de su actitud crítica y razonamiento. Lamentablemente, es el criterio el que cada vez más se aleja de las personas, debido al adormecimiento que sufren estos en un mundo que demanda más la inmediatez que la sensatez del buen juicio.

Algunos piensan que la educación ya no debe seguir facilitando más información dentro de los procesos enseñanza, ya que todo está a disponibilidad en los ciber espacios, por el contrario, hay que enseñar cómo se debe utilizar tal información. Es decir, lograr construir pensamiento crítico. Sin embargo, el pensamiento crítico se forja a partir de estructuras lógicas que reflejen tanto a la realidad física como la social de una manera certera y esto no puede ir en contra del método científico, por lo que se debe enseñar a través de conocimientos certeros, de estructuras mínimas de entendimiento que puedan evidenciar lo real de lo ficticio.
El vasto universo de la información, disponible en la actualidad, requiere del aprendizaje de contenidos mínimos de entendimiento que permitan determinar la fiabilidad y buen uso de eso. Esas herramientas no son intuitivas ni surgen por sí mismas en el intelecto, como lo pensaba Leibniz, o como lo plantean algunos constructivistas, sino que requieren del esfuerzo racional y empírico que se establecen a partir de saberes dados, cimentados a lo largo de la historia de la humanidad.

El despertar de la pereza mental se logra creando las condiciones para que más personas ejerzan su inalienable derecho a pensar, lo que significa que, en un país como Guatemala, se comience a transformar sus estructuras, para lograr que cada vez más personas salgan de la ignorancia, rompan sus cadenas impuestas a través del temor e ideas fantasiosas y perversas. Los aparatos inteligentes, curiosamente están determinando que menos personas lo sean.

La robotización está en marcha y la mayoría de las personas, ajenas a la realidad, absortos en su individualismo, necesidades artificiales, creencias inciertas y temores, siguen el guion que les han impuesto, aquellos que mantienen el control del sistema, adormeciendo la función crítica, necesaria para la comprensión y el accionar en un mundo dialéctico, que exige pensar antes de actuar. Por lo que es el momento de despertar.

Comparte, si te gusto