Con la mochila al hombro. Cartas desde la cárcel

César Montes / Para Con Nuestra América
Desde su presidio político en Guatemala

3 de noviembre de 2020.

Día de visitas. A quienes no las reciben les dicen “rusos”, supongo porque los rusos no tienen familiares cercanos que los visiten. Me tocó ser ruso hoy. En la prisión hasta los silencios hablan. Me cuestionan porque no vienen los beneficiados por la Fundación. Aún no es el momento de movilizaciones campesinas. Aquí, ahora, lo que importa es la moral en alto, el espíritu combativo, la coherencia, la determinación, los valores humanos, el endurecerse sin perder la ternura.

Mis compañeros de prisión dicen que aquí se pierden compañeros, amigos, familiares, esposas e hijos en muchos casos. Intento ablandar su amargura, no los culpo porque la depresión los afecta, la rutina termina por minar su espíritu. Lo sorprendente es que no son todos, algunos están afectados y alucinan. Otros mantienen la esperanza, bromean y buscan nuevas actividades. Ejercicios, marchan, corren en las pequeñas distancias de que disponen, juegan ajedrez, cartas, ven videos, inventan. El sistema a lo sumo enseña a hacer veladoras decorativas, aromáticas, para venderlas a bajo costo a los guardias. Nada trascendente. Nadie vivirá de eso, si acaso salen. Llegan hoy varias notificaciones. Ninguna es buena noticia. ¿Vino mi orden de libertad? bromea alguien. Ya te vas a ir … acostumbrando, dicen todos y ríen. El reguetón suena diariamente, cansonamente, hastiante. Sigue el frío, viento ciclónico y llovizna.

Este día tuvo el significado importante de saber de mi hija pequeña de diez años. Inteligente, precoz, gran conversadora. Me envió una bella nota con dibujos de flores y ratificación de su amor. Sólo pude dedicarle seis años de compañía antes de nuestra separación. Extraño verla, estar en la piscina enseñándole a nadar. Llevarle flores y a que montara a caballo los domingos. Responder sus preguntas y escuchar sus consejos como si fuera adulta. Reírnos, acariciar a la perrita chihuahua y al gato. Ver la luna llena y contar estrellas. Enseñarle a silbar e imitar pajarillos y palomas. Gozar de su niñez. Ver juntos una película en televisión, ser un padre en edad madura, como muchos europeos. La niña de mis ojos.

Aún en estas condiciones he recibido apoyos para comunicarme con ella. Esa pérdida de mi relación con ella es lo más doloroso de este juicio y persecución política, pero nada llenará de odio mis venas. Mi mejor venganza será el perdón.

4 de noviembre de 2020.

Alguien me preguntó asombrado ¿por qué todos los días lees? ¿y para qué sirve leer? y ¿qué libro lees? Así que eso puede dar luces de cómo estamos de mal.

Mi lectura actual es de la Editorial Planeta, Los años heridos, es la historia de la guerrilla en México 1968/85 de Fritz Glokner, el actual director de la red de librerías Educal. Y respondí orgulloso que soy amigo del autor. La sorpresa de un abogado, ex fiscal del MP fue que hubo guerrilla antes de los zapatistas en Chiapas. A él lo mueve la curiosidad y entró a Wikipedia para ampliar información sobre el autor y su obra.

En este centro carcelario no hay biblioteca ni intención de crearla. Lo propuse y alguien me respondió ¿y para qué? Leer es una forma de salir de la prisión, es una actividad liberadora. El único libro actualmente en esta prisión es el que poseo. Ni su autor sabe cuánto atesoro su lectura. De todos los ejemplares este quizá sea el más valioso.

Ya algunos muestran interés en leerlo cuando yo termine su lectura. Estuve con el autor en el Fondo de Cultura y no le pedí su firma dedicatoria. Nos comunicamos por teléfono varias veces, preocupado por su salud y por la de Jesús Anaya Rosique, que fue director editorial del Grupo Planeta cuando se imprimió mi libro La guerrilla fue mi camino que está agotado en México. Creo que merece la reedición.

Me senté a leer a Fritz Glokner como forma de liberarme de la prisión. Es una gran terapia y me libera. Mi pensamiento viaja junto a Paco Ignacio Taibo II, que en uno de sus libros me dio por muerto y ahora con su apoyo preserva mi vida.

No me trajeron solamente para enjuiciarme, más bien para facilitar el trabajo a quienes intentaran matarme en este o en otro centro de reclusión. Acá los muertos en prisión son muchos y no hay nadie culpado por esas muertes, por el contrario, es ahora Presidente de la República el que ordenó o por lo menos fue cómplice de una masacre de privados de libertad.

5 de noviembre de 2020

Recordé que en las oficinas de la corrupta migra en Acapulco, Guerrero, México, demostré hasta la saciedad que estaba vigente la solicitud de asilo político en la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR). Una y otra vez preguntaban, hurgaban lo que fuera para justificar su arbitrariedad. Durante los recesos de espera leía el libro Los años heridos. ¿De qué trata? Preguntó uno del Instituto Nacional de Migración. Sabiendo el efecto de mi respuesta, dije enfatizando en cada palabra: “de las guerrillas en Guerrero de Genaro Vázquez y Lucio Cabañas”. Sin solución de continuidad preguntó: “¿y qué opinas de AMLO?” como algo ajeno, como un cuerpo extraño. Dije: “Es un ejemplo de constancia y de cómo se ganan las elecciones con votación masiva a su favor”. Sorprendido, argumentó: “Le toca ahora demostrar si puede cambiar algo en el país”. Para ellos no cuenta el año y medio de transformaciones y lucha contra el modelo neoliberal y la corrupción. “Simpatizo con la 4T”, dije pausado. “Eso es política, a nosotros eso nos vale madre, somos policías”, se dio la media vuelta para demostrar que sus palabras eran una bofetada a mi audacia de mencionar la Cuarta Transformación. Pensé que mientras AMLO barre arriba de las escaleras, abajo se preocupan de enriquecerse a cualquier costo antes que la escoba baje los escalones.

Muchos dirigentes democráticos y de izquierda no han entendido que por muy masiva la votación a su favor, el Estado neoliberal y sus instituciones no se difuminan ni expiran el día que toman posesión de la Presidencia. Hay que destruir esas instituciones desde las primeras 24 horas, antes que conspiren que lo harán.

6 de noviembre de 2020

Anoche me avisaron que saldría a la audiencia sobre el caso Cubilhuitz. Prefabricado, falso, calumnioso pero que me tiene en prisión preventiva que puede durar años. Comparto con privados de la libertad que eso les ocurre. Alguno me refirió que ya cumplió su condena hace más de un año y no le dan la orden de libertad, supuestamente por la pandemia. Tiene 21 años detenido.

Desde las tres am estaba despierto. Aún oscuro, a las seis me apuraron que debía salir sin siquiera tomar alimento alguno o café. Dos horas y media para decirnos a mi abogado y a mi que se posponía la audiencia para el 16 de noviembre de 2020. Es una de las tácticas cuando, como en mi caso, no se tienen pruebas, pero se ejerce presión mediática y/o económica para dilatar los procesos. Aquí la justicia no es pronta ni cumplida. Se usan retrasos que mantengan al acusado en prisión, aunque no ha sido escuchado ni vencido en juicio. El diseño es que por lo menos pase navidad y año nuevo preso. Mientras los corruptos empleados de la migra (Instituto Nacional de Migración) de Guerrero pasen el descanso (de Guadalupe-Reyes) con sus familias y el sobre sueldo que les pagaron por mi secuestro y entrega contra pago en la frontera chapín.

Así se violaron mis derechos humanos y lo siguen haciendo por mis ideas políticas anti-sistema. Pero no podrán minar mi moral combativa.

7 de noviembre de 2020.

Día de visita y nadie vino a verme. Dice un privado de la libertad que al caer aquí se parece a un leproso que va a contagiar. A pesar de eso hubo sopa de mariscos y mojarra frita gracias a otro de los detenidos. Algunos de ellos comentan que estos relatos desde la cárcel se están divulgando en las redes, me estimulan a escribir más porque se habla de las injusticias del sistema judicial. No hay ángeles ni arcángeles, pero el encierro represivo que viven es una excelente escuela del delito. Se escuchan relatos de las razones por las que están encarcelados. Hablan del caso de otro, no del suyo. Natural, nadie se mete el cuchillo, cuentan lo ajeno. Hay historias amenas, otras dan justos temores sobre los protagonistas.

Nadie, absolutamente nadie, habla en bien del payaso, acosador, mal comediante y pésimo presidente Jimmy Morales. Todos coinciden en condenarlo por corrupto y todos saben de sus relaciones con los narcos desde su campaña como candidato con el lema “ni corrupto, ni ladrón”. Ambas cosas fue y varios de sus exministros están prófugos de la justicia. Será recordado como un hijueputa más que desgobernó el país. Ya ubiqué al general que por órdenes del expresidente Morales me llamó para pedirme que acusara a un cartel narco. Eso me convertiría en sapo y seguramente objeto de represalias de ese cartel. Aquél general era a la vez informante de la DEA y pasaba avisos a los narcos para evadir golpes. Ahora está de baja del ejército, pero enriquecido corruptamente. Aquí, ahora, se relatan sus nexos que no se limitan a Mario Estrada, narco confeso en prisión norteamericana. El cartel de la ex presidencia y la ex vicepresidencia es reconocido ampliamente.

9 de noviembre de 2020.

Claro que es importante, muy importante la solidaridad internacional, pero lo fundamental es lo que hagamos nacionalmente. Nadie puede venir desde el exterior a donarte la libertad. Las revoluciones pacíficas como en Bolivia se hacen desde adentro. Si vinieran de fuera sería invasión. Mi caso tiene que ser resuelto nacionalmente con el gran respaldo internacional que ya se ha manifestado y que debe crecer. Mi defensa legal no es un negocio, es una tarea técnica, pero sobre todo es tarea revolucionaria. Hasta la posición de los que dicen ser apolíticos, es política.

Mi caso es una persecución política y se necesita una solución política. El sistema insistirá en el aspecto penal, lo cual es insostenible, no tienen prueba alguna, no las necesitan, las inventan. Así de espuria es la justicia en este no-país, país inviable. Hay todas las señales de que no terminará el periodo presidencial, lo cierto es que ningún gobierno cae solo. Hay que empujarlo fuerte. Ahora más que nunca, estoy convencido de que el papel de las iglesias evangélicas es la de paralizar la voluntad de acción, crea conformismos, agradecen estar vivos, aunque no tengan qué comer. Alguien me envió la sugerencia de que deje todo en las manos de Dios; el fatalismo: si han de condenarme es porque Dios así lo quiere y debo aceptarle y darles gracias. Sólo respondí: no basta rezar, hacen falta muchas más cosas para lograr mi libertad. La intensa lucha nacional y una poderosa solidaridad internacional. Confío en la Internacional Guevarista, en la solidad mexicana y salvadoreña.

10 de noviembre de 2020.

Vino la abogada y me dio gran gusto y sensación de apoyo. Hablamos de quiénes quieren apoyar y quiénes no. De la forma de concretar los aportes para mi libertad. Será crucial el apoyo de los pueblos originarios más que el de personas de clase media y alta -dan más los que menos tienen- y de mis hijas y sobrinos. La licenciada trajo un modesto aporte que significa mucho, no es lo que les sobra, implica privarse de algo que se necesita. Confiamos en ella que no se detendrá hasta verme libre.

Bien entrada la tarde llega el abogado y continuamos preparando todo para la próxima audiencia. Pruebas técnicas y testimoniales; acordamos estrategias y compartimos informaciones. También confío en su habilidad y capacidad para mi defensa.

Aparentemente, mi caso va a crecer con en el tiempo. Se va debilitando el gobierno, víctima de sus propias contradicciones. La pandemia y ahora la tormenta tropical aumentaron exponencialmente el hambre y la corrupción, su sed de enriquecimiento lo pondrá contra el pueblo hambriento y seguro no va a ser pequeña la previsible explosión social. El desprestigio del gobierno anterior durante tres años y este con menos de un año ha concitado un repudio generalizado y condena. En la medida de nuestras posibilidades contribuiremos a su caída, que se espera será pronto, a pesar de lo que algunos me sugieren, mantenernos reservando la fuerza organizativa con que contamos, apuntamos a crecer más aún. Más caudal organizativo y político significará más fuerza social.

11 de noviembre de 2020.

Según los periódicos de hoy, en Alta Verapaz el 83.1% está en pobreza y el 53.6% en pobreza extrema, su fuente, la Encuesta Nacional de condiciones de vida. “La actual depresión tropical trajo un desastre mayor al que ya se vivía”. No es el COVID19, ni la tormenta la causa del hambre. Es el sistema y la oligarquía que tiene militares asesorando a la presidencia desde gobiernos anteriores y al presente, lo que tiene a este país con índices de pobreza de los más altos del mundo. Somos la riqueza de Centroamérica y no puede haber un sistema de justicia bueno en un país con tanta crisis.

Saber de mis hijos me alimenta. Supe de la preocupación de mi hijo el rusito por mi prisión. “Te quiero ver libre como el viento” me escribió, le prometí visitarlo y probar de sus productos a la orilla del lago. Hace jaleas picantes, miel purísima, productos naturales que vende al escaso turismo que llega. Sueño con eso.

A lo largo de mi vida he tenido sueños premonitorios. El de anoche me inquietó y fue lo siguiente: era nochebuena o año nuevo, en los sueños no todo está muy claro. Hay un callejón que no transitan los presos y ahí estaba comiendo solo; dos de los detenidos, los de apariencia menos significante, llegaron contratados como sicarios. Les increpé sobre porqué lo hacían, respondieron que “por buena paga”. Argumenté que no les había hecho daño ni a ellos, ni a los que les pagaban, que luchaba por los pobres y eso los incluía a ellos. Su baja estatura, cuerpo delgado era prueba suficiente de la pobre alimentación recibida desde niños. Estaban con tan largas condenas que lo único importante para ellos eran los ingresos que recibirían. De pronto apareció un detenido de muy anchas espaldas y brazos musculosos, les apuró ejecutarme. Lo hicieron sin miramiento alguno. Aún no estoy seguro de que sea uno de mis sueños premonitorios o una simple pesadilla. Aunque no presagie nada es una percepción nada alejada de la realidad. Dentro del marco lógico de las probabilidades no está lejana esa preocupación.

Y mientras “afuera” –como dicen los privados de la libertad—algunos amigos dejan pasar el tiempo y apuestan a que las aguas retornarán a su nivel. Los nubarrones presagian tormentas y no aguas niveladas. Mi caso urge de acciones y no sólo palabras. De todos modos, moriré de cara al sol, con dignidad, si es que me toca. Quizás me impactó el relato que me hicieron del asesinato del Capitán Byron Lima que, con chaleco a prueba de balas y ocho ex kaibiles de guardaespaldas fue muerto por un muchachillo de imagen lastimera, fue quien le pegó un tiro en la cabeza, y aquel día murieron los guardaespaldas y una mujer

12 de noviembre de 2020.

Hubo novedades en el Cuartel Matamoros, en el Centro Penitenciario a la una y fracción movilizaron a los soldados rodeando los módulos por lo que dijeron era un intento de fuga. Esperaron a las cuatro am, para hacer el conteo de presos. Irrumpieron en el módulo a contarnos y especialmente ver si era conmigo el intento de escapatoria. Fueron los vecinos que ya tienen antecedentes de fuga en otro centro. Dijeron que ponían una cortina. ¿A esa hora? Dicen ser acusados falsamente. Llegaron de la Procuraduría de Derechos Humanos (PDH) en el día. Se reforzó el módulo con planchas metálicas previniendo nuevos intentos.

El operativo del ejército anoche demostró que están muy vigilantes pero su actuar estaba dirigido a esperar que se produjera el intento de fuga, para presumiblemente, abrir fuego contra ellos. Ya lo escribí: la vida no vale nada en Guatemala, a pesar de que la canción mexicana lo ubica en su tierra.

Este día era visita, casi al final vino mi abogada y me quitó el señalamiento de “ruso” que les dan a quienes no reciben visita. Revisamos documentos, hablamos ampliamente y nos preparamos para el lunes 16, día de la audiencia. Vamos a enfrentar el juicio por “usurpación agravada” que está afectada por presión mediática y/o presiones económicas.

En la tarde hablé con uno de los guardias que es de origen ixil. Lo saludé en su idioma materno y hablamos de las casas que entregué en Vijolom, una aldea entre Nebaj y Cotzal. De pronto hablamos con otros donde también entregamos casas: Usumatlan, Agua Caliente, Ojo de Agua (el Jute y el Chico de Usumatlan).

Intervino un guardia queqchí y lo saludé en su idioma y hablamos de Jolomjix, antes era la Finca de los Ponce y ahora se llama Crucero Kakijá, que es ejemplo de desarrollo en Panzos en las estribaciones de la Sierra de las Minas, en la Cuenca del Polochic (ahora inundada).

Se llenó de personal de construcción del Sistema Penitenciario por la supuesta fuga. Algunos creen que fue una puesta en escena de un futuro operativo contra algunos de los privados de su libertad.

13 de noviembre de 2020.

A pesar de que algunos lo nieguen, otros simulen ignorarlo, soy fundador de las FAR en 1962 junto a los militares del Movimiento Guerrillero 13 de noviembre de 1960. Las FAR se fundaron en la casa de Otto Bianchi, en El Sauce en diciembre de 1962. Su proclama pública se dio a conocer en febrero de 1963. Los primeros jefes guerrilleros fueron Marco Antonio Yon Sosa, primer comandante, Luis Augusto Turcios Lima, segundo comandante y Luis Trejo Esquivel, tercer comandante en el Frente de Las Granadillas, Zacapa. Yon Sosa en el Frente Guerrillero Alaric Bennet de Izabal, y nosotros junto a Turcios Lima en la Sierra de Las Minas. En la ciudad capital el Frente Guerrillero Urbano lo dirigía el coronel Loarca y su mejor contingente fueron Los Bravos, jóvenes valientes, osados y aguerridos que tuvieron en su puño a la ciudad.

Los militares más rectos y dignos fueron los del Movimiento 13 de noviembre, tanto así que no sobrevive nadie de ellos, todos fueron sacrificados en esta lucha heroica y ejemplar porque el pueblo de Guatemala ha generado cada cierto tiempo líderes populares que con errores y aciertos dirigieron una lucha que queda en los anales de la historia.

14 de noviembre de 2020.

El Perro es un pandillero del Barrio 18, en uno de los motines de los privados de libertad fue herido en la cabeza. A pesar de que un guardia penitenciario pedía que lo remataran, lo dieron por muerto. Durante dos meses estuvo inconsciente en la bartolina, luego de tres días en el hospital.

En septiembre de 2018 murieron siete detenidos.

Aún no se sabe cómo llegó el libro a manos del Perro.

Un día que lo trasladaban de celda pasó frente al colombiano conocido como El Parcero quien le preguntó por el libro que portaba. Dijo no saber de qué trataba por no saber leer ni escribir. Quizá sólo por la portada de una mujer enseñando los pechos le motivó a conservarlo para sus días de masturbación. La autora Isabel Allende, seguro que supo nunca el uso que le asignó un analfabeta a la ilustración de su libro Inés del alma mía, que atesoraba ese texto que ahora, en este momento tengo en mis manos. El arreglo entre el colombiano detenido por las causas que cualquiera puede imaginar y el famoso Perro, a quienes sus “hoomies” llamaban el Snoopy por la caricatura, fue que se lo daba a condición de que le leyera de qué se trataba. Vana esperanza que los textos fueran una especie de Kama Sutra. Pero así, cada tarde el guatemalteco escuchaba las explicaciones de cada palabra que el colombiano debía aclarar ante la incomprensión del único miembro de su exclusivo club de lectura.

Aquel aciago 30 de septiembre sonaron los disparos sin respetar que era día y hora de visitas. Empezaron a escucharse gritos, quejidos, la sangre empezó a correr. El Perro recibió un impacto en la cabeza y cayó sentado. Así, Fernando Lemus o el Snoopy fue dado por muerto, a pesar del culto a la Santa Muerte que hizo posible que otras balas se desviaran al llegar a su cuerpo.

El impacto en la cabeza hizo innecesario que lo remataran, así fue la forma como salvó su vida.

Volvió al reclusorio. Dicen que la Santa Muerte lo salvó.

A los tres meses sostenía el libro bajo el brazo y hablaba con la portada.

Comentan que antes estaba un poco loco (como todos lo estamos) pero el proyectil alojado en el cráneo lo enloqueció totalmente.

Finalmente, a pesar de que El Parcero le leía y daba clases de idioma al explicarle la novela, pidió volver con su “familia”, otros pandilleros recluidos en un área más reducida, insalubre, con más restricciones, pero donde se sintió feliz. Le donó el libro que ahora leo al colombiano, quien tiene su propia historia.

15 de noviembre de 2020.

La historia del libro del Parcero es también una superación de la ficción por la realidad mágica. Él pidió le trajeran un libro cualquiera que fuera. Le respondieron que estaba loco, que luchara por otra cosa, no por algo tan tonto como un libro. Las posiciones se prolongaron, negadas las autoridades a dejar entrar la lectura, que según ellos no servía para nada. Finalmente, recurrió al amparo para obtener el libro. Le prohibieron hablar en inglés con otro recluso, porque “podían estar planeando su fuga”. Se le acusó de loco ante los privados de la libertad. Y por último perdió la batalla. Así que cuando vio el libro de la escritora Allende le brillaron los ojos y se hizo del famoso libro del Perro.

El libro mismo tiene su propia historia, es de la editorial Random House Mondadori, Bogotá Colombia. Alguien lo compró, viajó en avión, quién sabe cuál privado de la libertad lo entró clandestinamente para evitar la censura del sistema penal. El penal considera una locura leer, no lo promueve, lo limita, lo persigue, se opone a que los detenidos lean otra cosa que no sea el Nuevo Testamento. Hubo casos ejemplares de lectores empedernidos vistos como rara avis, sus libros entran a la cárcel pagando dinero y por medios corruptos. Seguramente fue más fácil entrar al reclusorio donde el Perro conservaba el ejemplar de Inés del alma mía junto con las armas que el 30 de septiembre dieron muerte a siete pandilleros, hirieron a otros cuantos, entre los que el Perro fue un sobreviviente. Tal vez por las monedas, la fruta y la veladora que ese día encendió a la Santa Muerte, de su devoción, junto a la cual mantenía este libro famoso.

Publicado por Con Nuestra América

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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