La era Biden-Harris

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Miguel Ángel Sandoval.

“Si quieren buenas relaciones tendrían que cambiar de aliados”

Desde 1954, los aliados de EEUU han sido los del grupo oligárquico-conservador de este pequeño país. Ese grupo adquirió durante esos años múltiples formas, pero siempre siguió siendo el mismo. Es el heredero de los criollos, de los liberales y de la intervención. No hay nada nuevo bajo el sol. Es por esa razón que todos los intentos del gobierno de EEUU de ir modificando su política, aunque sea en pequeña medida, se ha topado con un muro de sordera total, con una lucha feroz por mantener los intereses oligárquicos muchas veces sin disfraz.

Por esa razón, el intento de Clinton durante su mandato de hacer las cosas diferentes no tuvo eco, no dio resultado. Vino al país y públicamente pidió perdón por lo de en 1954, pero eso no tuvo eco. Siguieron los mismos comportamientos de sus aliados locales. Las pruebas se encuentran por todos lados y todos los días. La historia reciente es pródiga en ejemplos.

El último momento compartido, es el que se vio asociado a la idea de un Plan para la Prosperidad, que en pocas palabras trataba de invertir unos cuantos millones en áreas fronterizas para aliviar el fenómeno o migrante. Localmente no hubo eco. Continuaron las practicas corruptas con la oligarquía haciendo cuentas alegres con la plata que iba a venir del norte. Al grado que el responsable de ese plan para la prosperidad hoy es prófugo de la justica por corrupto.

Ese grupo que mantiene relaciones con EEUU es el mismo al que dos o tres cosas le parecen demoniacas. Pago de impuestos, solución al tema agrario, el discurso de la guerra fría como norma. Son temas que en EEUU están resueltos: se pagan impuestos, se subsidia el campo y el discurso delirante queda solo para Trump y unos pocos seguidores. Ese grupo es el que se opuso a la Cicig, y quiere mantener la corrupción y la impunidad a toda costa.

Por ello, ahora que hay un cambio de gobierno en los EEUU y que salen del mismo los fanáticos, supremacistas y racistas, es un momento oportuno para poder plantear una discusión de alcance estratégico. Guatemala puede ser socio de ese país en términos comerciales, culturales, etc. Pero no puede seguir la misma ruta que hasta hoy día.

El nuevo gobierno de Biden si quiere hacer algo diferente tendría que entender que es hora de cambio de aliados, o más precisamente, un cambio de políticas que se decida a pagar impuestos, a abordar el asunto agrario, y que deje de una sola vez, el discurso ideológico de la guerra fría.

Que es momento de mantener relaciones de respeto con sus pares y no relaciones de dependencia sin más. Como fue el caso del momento de la discusión de los TLC, que de un día para otro Trump de hecho abandono a su suerte. Claro que lo pueden hacer, pero es igualmente claro que por esa vía no van a ninguna parte. Aún más. Si siguen esas alianzas es seguro que estarán en franca complicidad con el narco, con los impunes, con los que expulsan miles y miles de migrantes; menos con quienes quieran una nueva situación para las relaciones bilaterales.

En dos platos, los EEUU no pueden seguir apoyando a la misma argolla oligárquica y les corresponde buscar nuevos aliados en el intento de tener relaciones con gobiernos serios y no gobiernos corruptos e impunes. Es por ello que, si las cosas continúan favoreciendo a los corruptos, a los impunes y los expulsadores de migrantes, o los lavadores de dineros del narco, la situación no debe cambiar en nada. Creo que más claro no se pueden plantear los escenarios.

En otras palabras, la alianza con la oligarquía en los años que vienen desde 1954, si bien les ha sido cómoda, les ha generado beneficios económicos y políticos, no es menos cierto que hoy ya dejo de ser funcional. El país se encuentra en quiebra y parte de sus problemas se deben exportar hacia EEUU. Ante ello la responsabilidad de los EEUU es notable. Es lo que hoy día lleva a pensar en planes de apoyo económico excepcional. Una nueva política hacia los migrantes es apenas un paso. Hace falta a medidas económicas como lo recomienda la CEPAL o el propio Banco Mundial. No mirar hacia otro lado ni alzar los hombros.

No se puede pensar en media docena de camiones de asalto o media docena de helicópteros. Se debería de pensar en un programa de cooperación para subsanar los daños de más de medio siglo. Tiene que ser de emergencia. Nuestro país fue demolido por la oligarquía, y sus vecinos más cercanos deberían pagar parte de esas consecuencias, si no se produce pronto ese cambio de rumbo.

Si no tienen interés en nuevas relaciones pues que todo siga igual, pero no esperen que de parte de la sociedad guatemalteca haya un cambio en la visión que hay de EEUU como país imperial que impone relaciones y con ello no cosecha amistades.

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