La pretensión de escamotear la memoria

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Miguel Angel Sandoval

Fue un acto contra la memoria el secuestro del informe sobre las violaciones a los DD. HH. de los estudiantes y profesionales de la Usac ocurrida durante la rectoría de Jafeth Cabrera, insípido como rector y como vicepresidente de la República. El informe fue preparado por Raúl Molina Mejía, Rebeca Morales y Herbert Miranda. Entregado en manos al rector Cabrera, desapareció de su despacho. No hay ninguna explicación.

Hoy con la develación del monumento a la memoria en la explanada justo detrás de Rectoría, se retoma el hilo de la memoria en donde se quiso romper o desaparecer. Por ello es de veras significativo la serie de expresiones familiares que han visto la luz desde el viernes 30 de octubre de este aciago 2020. Con seguridad, en decenas o cientos de familias la inauguración del monumento a la memoria de los universitarios asesinados o desaparecidos durante los años del conflicto armado, tienen un poco de tranquilidad en sus espíritus, pues saben que el sacrificio de sus familiares debe ser reconocido por los estudiantes de ahora y de las generaciones venideras, que encontrarán en el monumento, a uno de sus seres queridos que ahora son los mártires reconocidos de la Usac.

Con lo que ahora se encuentra en las planchas de acero, si tenemos la certeza que se trató de un ataque a la inteligencia del país. Que hubo una especie de decapitación del conocimiento, que la investigación científica tuvo un retroceso, pues desde la cátedra se hizo silencio ante los embates de la represión. Es muy difícil cuantificar el daño, solo se puede decir que es infinito. Ni hablar de las decenas de miles de campesinos, trabajadores, ciudadanos, que corrieron la misma suerte.

Centenas de estudiantes, profesores, profesionales de las más distintas disciplinas perdieron la vida y dejaron de alimentar con su sabiduría a su ‘alma mater’. Centenas fueron al exilio, miles dejaron de asistir a la universidad por el terror desatado, muchos más fueron a las universidades privadas. Ese es el balance que se debe de hacer. No es nada exagerado decir que nos quisieron regresar a las épocas de las dictaduras bananeras. Pero la memoria no puede ser sepultada pues regresa siempre y con mucha más fuerza.

Hoy, los universitarios pueden tener al menos una idea del valor intelectual masacrado por los aparatos militares y policiacos durante la guerra interna que se produjo por la ausencia de espacios políticos, por la intervención extranjera, por la cerrazón de las elites, por el servilismo desde los cuarteles. Es momento de pensar que con la violencia no se elimina la inteligencia, que la represión no termina con las ideas.

No hubo una sola expresión con ideas democráticas, que fuera ignorada por la violencia represiva. Y fueron miles de familiares aterrorizados durante décadas. Apenas ahora conocemos, en parte, la dimensión de la tragedia vivida. ¡Nunca Más!

Fuente El Periódico

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