Morir en un vacío de liderazgo

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Editores del New England Journal of Medicine

La Covid-19 ha creado una crisis en todo el mundo. Esta crisis se ha revelado como un test sobre la capacidad de liderazgo. Sin buenas opciones para combatir un nuevo patógeno, los países se vieron obligados a tomar decisiones difíciles sobre cómo responder. En los Estados Unidos, nuestros líderes han fallado este test. Se encontraron con una crisis y la han convertido en una tragedia.

La magnitud de este fracaso es asombrosa. Según el Centro de Ciencia e Ingeniería de Sistemas de la Universidad Johns Hopkins /1, los Estados Unidos lideran el mundo en casos de Covid-19 y en muertes debidas a la enfermedad, superando con creces las cifras de países mucho más grandes, como China. La tasa de mortalidad de este país es más del doble que la del Canadá, supera la del Japón, un país con una población vulnerable y de edad avanzada, en un factor de casi 50, e incluso empequeñece las tasas de los países de ingresos medianos y bajos, como Vietnam, en un factor de casi 2000. La Covid-19 es un reto abrumador, y muchos factores contribuyen a su gravedad. Pero el único que podemos controlar es cómo nos comportamos. Y en los Estados Unidos nos hemos comportado consistentemente mal.

Sabemos que podríamos haberlo hecho mejor. China, ante el primer brote, eligió la cuarentena estricta y el aislamiento después de un retraso inicial. Estas medidas fueron severas pero efectivas, esencialmente eliminaron la transmisión en el punto donde comenzó el brote y redujeron la tasa de mortalidad a un informado 3 por millón, comparado con más de 500 por millón en los Estados Unidos. Los países que tenían un mayor intercambio con China, como Singapur y Corea del Sur, comenzaron a realizar test de forma intensiva en una etapa temprana, junto con la enérgica localización de los contactos y el aislamiento adecuado, y han tenido brotes relativamente pequeños. Y Nueva Zelanda ha utilizado esas mismas medidas, junto con sus ventajas geográficas, para acercarse a la eliminación de la enfermedad, algo que ha permitido a ese país limitar el tiempo de cierre y reabrir en gran medida la sociedad a un nivel prepandémico /5. En general, no sólo muchas democracias lo han hecho mejor que los Estados Unidos, sino que también nos han superado ampliamente en muchos órdenes de magnitud.

¿Por qué los Estados Unidos han manejado tan mal esta pandemia? Hemos fallado en casi todos los pasos. Tuvimos una amplia advertencia, pero cuando la enfermedad llegó por primera vez, fuimos incapaces de hacer test de manera efectiva y no pudimos proporcionar ni siquiera el equipo de protección personal más básico a los trabajadores de la salud y al público en general. Y seguimos estando muy por detrás en la realización de test. Aunque el número absoluto de test ha aumentado sustancialmente, la medida más útil es el número de test realizados por persona infectada, un índice que nos sitúa muy bajo en la lista internacional, por debajo de Kazajstán, Zimbabue y Etiopía, países que no pueden presumir de la infraestructura biomédica o de la capacidad de fabricación que tenemos /2 .

Aunque tendemos a centrarnos en la tecnología, la mayoría de las intervenciones que tienen efectos importantes no son complicadas. Los Estados Unidos instituyeron medidas de cuarentena y aislamiento tarde y de manera inconsistente, a menudo sin ningún esfuerzo para hacerlas cumplir, después de que la enfermedad se hubiera propagado sustancialmente en muchas comunidades. Nuestras normas sobre el distanciamiento social han sido, en muchos lugares, en el mejor de los casos, carentes de rigor, con una relajación de las restricciones mucho antes de que se hubiera logrado un control adecuado de la enfermedad. Y en gran parte del país, la gente simplemente no usa mascarillas, en gran parte porque nuestros líderes han declarado abiertamente que las mascarillas son herramientas políticas en lugar de medidas efectivas de control de la infección. El gobierno ha invertido adecuadamente en el desarrollo de la vacuna, pero su retórica ha politizado el proceso de desarrollo y ello ha llevado a una creciente desconfianza pública.

Los Estados Unidos entraron en esta crisis con enormes ventajas. Junto con una tremenda capacidad de fabricación, tenemos un sistema de investigación biomédica que es la envidia del mundo. Tenemos una enorme experiencia en salud pública, política de salud y biología básica y hemos sido capaces de convertir constantemente esa experiencia en nuevas terapias y medidas preventivas. Y gran parte de esa experiencia nacional reside en instituciones gubernamentales. Sin embargo, nuestros líderes han elegido en gran medida ignorar e incluso denigrar a los expertos.

La respuesta de los líderes de nuestra nación ha sido siempre inadecuada. El gobierno federal ha abandonado en gran medida el control de enfermedades a los estados. Los gobernadores han variado en sus respuestas, no tanto por el partido al que pertenecen como por su competencia. Pero cualquiera que sea su competencia, los gobernadores no tienen las herramientas que Washington controla. En lugar de usar esas herramientas, el gobierno federal las ha socavado. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (Centers for Disease Control and Prevention), que era la principal organización de respuesta a las enfermedades en el mundo, han sido destruidos y ha sufrido dramáticas pruebas y políticas fracasadas. Los Institutos Nacionales de Salud (National Institutes of Health) han desempeñado un papel clave en el desarrollo de la vacuna, pero han sido excluidos de muchas decisiones gubernamentales cruciales. Y la Administración de Alimentos y Medicamentos (Food and Drug Administration) ha sido vergonzosamente politizada /3, pareciendo responder más a la presión de la administración que a las evidencias científicas. Nuestros líderes actuales han socavado la confianza en la ciencia y en el gobierno /4, causando un daño que ciertamente durará más que ellos. En lugar de confiar en la pericia en la materia, la administración ha recurrido a “líderes de opinión” desinformados y a charlatanes que oscurecen la verdad y facilitan la propagación de descaradas mentiras.

Seamos claros sobre el costo de no tomar ni siquiera medidas simples. Un brote que ha afectado de manera desproporcionada a las comunidades de color ha exacerbado las tensiones asociadas con la desigualdad. Muchos de nuestros niños faltan a la escuela en momentos críticos de su desarrollo social e intelectual. El duro trabajo de los profesionales de la salud, que han puesto sus vidas en peligro, no ha sido utilizado sabiamente. Nuestro liderazgo actual se enorgullece de la economía, pero aunque la mayor parte del mundo se ha abierto hasta cierto punto, los Estados Unidos todavía sufren tasas de enfermedad que han impedido la reapertura de muchas empresas, con la consiguiente pérdida de cientos de miles de millones de dólares y millones de puestos de trabajo. Y más de 200.000 estadounidenses han muerto [217.659 a 19 de octubre. Ndt]. Algunas muertes por la Covid-19 fueron inevitables. Pero, aunque es imposible proyectar el número exacto de vidas estadounidenses adicionales pérdidas debido a políticas gubernamentales débiles e inapropiadas, su número es, por lo menos, de decenas de miles en una pandemia que ya ha matado a más estadounidenses que cualquier conflicto desde la Segunda Guerra Mundial.

Cualquier otra persona que imprudentemente despilfarrara vidas y dinero de esta manera estaría sufriendo consecuencias legales. Nuestros líderes han reclamado en gran medida la inmunidad por sus acciones. Pero las elecciones actuales nos dan el poder de emitir un juicio. La gente razonable ciertamente no estará de acuerdo con muchas de las posiciones políticas tomadas por los candidatos. Pero la verdad no es ni liberal ni conservadora. Nuestros actuales líderes políticos han demostrado que son peligrosamente incompetentes. No deberíamos ser sus cómplices y consentir la muerte de miles de estadounidenses más al permitirles mantener sus puestos.

Referencias

1/ Johns Hopkins University Coronavirus Resource Center. COVID-19 dashboard by the Center for Systems Science and Engineering (CSSE) at Johns Hopkins University (https://coronavirus.jhu.edu/map.html).

2/ Total number of COVID-19 tests per confirmed case, September 14, 2020. Our World in Data (https://ourworldindata.org/grapher/number-of-covid-19-tests-per-confirmed-case).

3/ McGinley L, Abutaleb L, Johnson CY. Inside Trump’s pressure campaign on federal scientists over a Covid-19 treatment. Washington Post. August 30, 2020 (https://www.washingtonpost.com/health/convalescent-plasma-treatment-covid19-fda/2020/08/29/e39a75ec-e935-11ea-bc79-834454439a44_story.html).

4/ Haberman M. Trump admits downplaying the virus knowing it was ‘deadly stuff.’ New York Times. September 9, 2020 (https://www.nytimes.com/2020/09/09/us/politics/woodward-trump-book-virus.html ).

5/ Nueva Zelanda. El modelo de búsqueda de eliminación de la Covid-19. https://vientosur.info/el-modelo-de-busqueda-de-eliminacion-de-la-covid-19/

Editores del New England Journal of Medicine

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