Lobby conservador

Danilo Santos

Los conservadores corrompen a los gobiernos porque desorganizan y confunden las expectativas de las instituciones que deben estar al servicio de las mayorías, capturan y cooptan al Estado y convierten sus ideas en las únicas. Los conservadores hacen que el gobierno sea impotente ante las demandas de la sociedad y se pliegue a las demandas de las cofradías fundamentalistas que, a través de la doctrina y los púlpitos, se apropian y gobiernan la vida de la ciudadanía y establecen una única manera de ser y pensar.

Los conservadores no tienen planes estatales sino intereses ideológicos y económicos, convierten los sueños de un futuro mejor en pecado o comunismo. Critican a los grupos de presión que quieren influir en las decisiones públicas porque no admiten otras ideas o maneras de ver el mundo que afecten la “normalidad”. Su normalidad. Pagan para llevar a representantes al Legislativo, utilizan la fe como chantaje, demonizan la diferencia, segregan el pensamiento crítico.

Hacen todo el Lobby que esté a su alcance, con recursos ilimitados, para decidir sobre las leyes y las políticas públicas; cuentan con inmensas cajas de resonancia en curules, micrófonos y cámaras. Se niegan al crecimiento cultural e intelectual de la población porque la ignorancia y el oscurantismo, a pesar de síntoma de anacronismo, es la fórmula perfecta para el control social y estatal.

Urden redes y relaciones políticamente endogámicas, para atajar cualquier voz que se alce en nombre de los derechos, contra los privilegios, y a favor de la emancipación del Estado y gobierno del yugo dogmático de las religiones. Vigilan ferozmente a sus lacayos, llevan una vida hipócrita de doble moral donde todo se les es permitido, pero donde nada puede ser tolerado a los demás.

Guatemala es desgraciadamente un claro ejemplo de todo lo anterior, si se quiere observar cómo se relacionan, basta entrar a: https://ojoaldato.ec/wikiantiderechos, donde un grupo de periodistas presentan una investigación de conservadores antiderechos, quienes presionan al Estado y a los gobiernos para limitar los derechos de las mujeres y las diversidades sexuales. “Es decir, con una biblia en una mano y el crucifijo en la otra, los antiderechos pretenden legislar desde sus creencias religiosas particulares”.

Estos conservadores en lugar de garantizar y ampliar la base de derechos para la población en general, exigen al Legislativo leyes basadas en creencias religiosas, valores morales y prejuicios sociales; exigen al Ejecutivo políticas públicas que beneficien su obturada manera de ver el mundo, sin tomar en cuenta criterios que ilustran las consecuencias de restringir estos derechos.

Dejemos de hacer caso a los conservadores y arranquemos el gobierno y el Estado de sus manos para que ya no hagan negocios con la fe y la política; profesemos nuestras creencias sin imponer nada a nadie y, procuremos una cosa pública desarrollada sobre bases que representen la diversidad étnica, ideológica y social que existe en el país.

La vida y el mundo no son lo que los conservadores antiderechos nos han hecho creer a través de la historia lineal y vacía que ellos mismos han escrito y vuelto cultura. Es momento de transformar nuestra sociedad y nuestra cultura.

Danilo Santos
dalekos.santos@gmail.com
Politólogo a contrapelo, aprendiz de las letras, la ternura y lo imposible. Chimalteco de nacimiento, barrioporteño de crianza. Desde hace veintiocho años se dedica a las causas indígenas, campesinas, populares y de defensa de los derechos humanos. Firme creyente de que otra Guatemala es posible.

Fuente:
La Hora

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