Friedman y Trump, uno contento y el otro feliz

Francisco Louça

Los súper ricos, entre los que se encuentran algunos de los seguidores de Friedman y Trump, como Elon Musk, siempre han ganado, ya sea con crecimiento o en recesión.

En las últimas semanas, algunos medios, especialmente los de negocios, celebraron el 50 aniversario de la publicación de uno de los artículos más famosos de Milton Friedman, escrito en 1970, seis años antes de recibir el Premio Nobel de Economía. Friedman ya era una de las figuras públicas más destacadas del pensamiento conservador, había sido el principal asesor del candidato republicano Barry Goldwater, que se oponía a los derechos civiles de los negros y que quería acabar con la precaria Seguridad Social de EEUU, siendo el precursor del futuro giro radical. Se necesitaba valor, y Friedman lo tenía. El candidato fue barrido, pero el economista lo logró, siendo el primer académico destacado en su campo en tener un programa en televisión. Así, el artículo publicado en el “New York Times Magazine” demostró su capacidad de imponerse, y se hizo famoso el lema: “Las empresas tienen una y una sola responsabilidad social: utilizar sus recursos en actividades orientadas a incrementar sus ganancias”. El conservadurismo liberal ha sostenido esta bandera desde entonces: el beneficio es la única responsabilidad social de la empresa.

De Friedman a Trump

Una de las personas influenciadas por Friedman, Martin Wolf, quizás el columnista más prominente del Financial Times y ahora discípulo desilusionado con el maestro, contradecía el tono de fiesta del cincuentenario. Wolf está menos preocupado por algunas objeciones que se han planteado desde entonces contra este moralismo acumulativo, como la constatación de otras responsabilidades corporativas, como las externalidades de la producción industrial, con sus efectos ambientales (maximizar las ganancias conduce a maximizar la contaminación), o incluso efectos laborales (maximizar las ganancias implica minimizar los salarios). Su razón es aún más general: que esta regla es antisocial y genera autoritarismo. En sus palabras, hay una línea directa que va de Friedman a Trump.

Wolf argumenta que si el mundo fuera solo un grupo de empresas que luchan por sus ganancias, tendríamos un problema: no habría otra regla que la destrucción social. Por otro lado, escribe, en un mundo donde haya reglas de juego, “las empresas no promoverían una ciencia basura sobre el clima; no matarían a cientos de miles de personas promoviendo la adicción a los opiáceos; no ejercerían presión sobre los sistemas fiscales para que les permitiesen ocultar gran parte de sus ganancias en paraísos fiscales; el sector financiero no promovería una capitalización inadecuada que provoca graves crisis”.

Este mundo desregulado es el de Trump, en el que un magnate en bancarrota puede presumir del derecho a no pagar impuestos y usa la política para protegerse a hierro y fuego. Friedman, además, no hubiera dudado en llevar su noción de responsabilidad social a sus últimas consecuencias, apoyando la dictadura militar de Pinochet, como algunos de los profetas liberales más importantes de su tiempo. Si no hay responsabilidad social, todo es posible.

En cualquier caso, Friedman podría sonreír ante una noticia de esta semana: la publicación del informe anual sobre fortunas del banco suizo UBS. El banco señala que este año ha sido reconfortante para los multimillonarios, que, de abril a junio, es decir, en pleno apogeo de la primera ola de la pandemia, se enriquecieron otro 27,5%. La ganancia fue de $ 10,2 mil millones en este corto período. Pero, si miramos los últimos tres años, el crecimiento de sus activos fue del 70%. Los súper ricos, entre los que se encuentran algunos seguidores de Friedman y Trump, como Elon Musk, pero también otros príncipes de la tecnología y las finanzas, siempre han ganado, independientemente de crecimiento económico o de recesión mundial.

Hay varias explicaciones para este éxito. Una de ellas es la acumulación de capital en China: 389 de los 2189 multimillonarios son chinos, su peso en la tribu ha ido aumentando rápidamente, allí donde crece el capital. La otra razón es el mercado de valores. Esta vertiginosa subida de fortunas fue apalancada por la de las bolsas de valores, los superricos compraron acciones durante la espectacular caída de febrero y luego se beneficiaron de su recuperación. Hicieron el negocio de su vida. No consta que ello haya estimulado su «responsabilidad social». Quizás la historia de los últimos años sea simplemente la de la irresponsabilidad.

Francisco Louça: Economista y activista del Bloco de Esquerda de Portugal, es miembro del Consejo de Estado.
Fuente: “Expresso” 10 de octubre de 2020
Traducción: G. Buster

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