Frei Betto: “Es totalmente ingenuo querer humanizar el capitalismo”

Entrevista a Frei Betto, teólogo de la liberación brasileño (Bárbara Schijman de Monthly Review)

¿Qué pensamientos le sugiere este mundo pandémico?

Creo que la pandemia es una suerte de “venganza de la naturaleza”, el resultado de años de dominación y devastación. Todo lo que hemos estado haciendo durante los últimos 200 años es la búsqueda del lucro y la máxima explotación de los recursos de la naturaleza.

No hemos cuidado la preservación del medio ambiente, las cadenas ecológicas están completamente interrumpidas por la intervención humana. Muchos hablan del “antropoceno”, es decir, la era de la intervención humana en la naturaleza; pero prefiero llamar a esta época “capitaloceno”. En otras palabras, la hegemonía del capital, la era de la búsqueda indiscriminada del lucro ha provocado un desequilibrio total en el medio natural.

Todo este proceso de devastación ambiental es fruto de los procesos que facilitan las ganancias del capital privado. El problema no es el ser humano; el problema es el capitalismo neoliberal. Y debemos recordar que la naturaleza puede vivir sin nuestra incómoda presencia; nosotros no podemos, necesitamos de la naturaleza.

¿Cómo analiza la actual situación de Brasil?

En mi país, la situación es catastrófica porque tenemos un gobierno neofascista. Yo llamo al presidente Jair Bolsonaro, “Bagman”. Le puse ese apodo antes de que lo hiciera The Economist. En la Amazonía y en otras áreas Brasil es pasto de incendios intencionados. Y el presidente no tiene interés en mejorar la situación Todo lo que signifique destrucción le conviene. Vivimos bajo un gobierno genocida y mentiroso.

Es tan descarado que en su último discurso en la ONU dijo que los culpables de los incendios en la Amazonía son los campesinos, los pequeños agricultores y los indígenas. Lamentablemente en Brasil vivimos una situación catastrófica manejada por un gobierno neofascista, que utiliza el fundamentalismo religioso para legitimarse.

Al gobierno la salud importa tan poco como la educación. Bolsonaro sabe muy bien que un pueblo educado es un pueblo que tiene conciencia crítica. Por eso es mejor para él que la gente no tenga ningún tipo de educación.

Y como si todo esto fuera poco, ahora mi país está de nuevo en el mapa del hambre, según la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) hay una gran cantidad de personas que no tienen el mínimo los nutrientes necesarios para vivir. En resumen, estamos viviendo una situación tremenda. Veremos qué pasa en las elecciones municipales de noviembre.

¿Qué escenario imagina?

Creo que las elecciones serán un termómetro para evaluar cómo lo ve nuestra gente. Pero la verdad es que no soy muy optimista. La pandemia ha ayudado para que Bolsonaro instale la hegemonía en su narrativa. Las manifestaciones públicas no existen – están prohibidas o no son convenientes – por tanto la gente solo se escucha la voz del gobierno.

Al votar a favor del juicio político contra Dilma Rousseff, Bolsonaro dedicó su voto a la memoria de un torturador del Ejército. Su comportamiento no debería sorprendernos. Pero, ¿cómo se explica que todavía mantenga un nivel considerable de apoyo popular?

Tengo dos explicaciones para esta situación. Primero, la derecha ha dominado las redes digitales, que prefiero no llamar “social” porque no necesariamente crean sociabilidad. Creo que mucha gente de izquierda, progresista, aún no domina estos instrumentos . Además, dado que los dueños de estas plataformas son favorables al gobierno, utilizan algoritmos para difundir fake news y todo tipo de mentiras. Este es el primer factor. El segundo factor está relacionado con la incorporación de las personas más pobres a las iglesias evangélicas conservadoras. Y luego están las personas que han abdicado de su libertad para buscar seguridad.

Frente a la narrativa hegemónica que describe, ¿qué pasa con las voces de la izquierda?

Nosotros, los que nos sentimos de izquierda, somos responsables porque hemos abandonado el trabajo con las personas más pobres de este país. En los trece años que la izquierda estuvo en el gobierno no se realizado un trabajo de base y este espacio lo han ocupado las iglesias evangélicas y algunos sectores católicos fundamentalistas conservadores.

Este tipo de iglesias han progresado mucho. Y esto también tiene que ver con un proyecto de los servicios de inteligencia de Estados Unidos elaborado en la década de 1970. En dos conferencias que tuvieron lugar en México, la CIA y el Departamento de Estado apuntaron a la Teología de la Liberación como una idea más peligrosa que el marxismo en América Latina. La decisión fue iniciar una contraofensiva religiosa. La aparición de estas iglesias electrónicas que fueron exportadas a Latinoamérica desde Estados Unidos es parte de esta contraofensiva.

La religión es el primer sistema de significado inventado por el ser humano. No hay otro sentido más poderoso y globalizador que la religión. Por eso que buscan dominar este sistema. Y nosotros, los partidarios de la Teología de la Liberación, hemos hecho un trabajo intenso y muy positivo en la base durante la dictadura militar brasileña.

Pero, después han venido dos pontificados muy conservadores. Con Juan Pablo II y Benedicto XVI se produjo 34 años de desmovilización de la iglesia de base, de la iglesia de las comunidades eclesiales de base; fueron 34 años de prejuicios contra la Teología de la Liberación. Esos papas abrieron el espacio para la contraofensiva de la derecha evangélica.

¿Ha argumentado que “no hay futuro para la humanidad fuera del socialismo? ¿Cómo se construye el socialismo en esta coyuntura?

No debemos esperar al fin del capitalismo para construir el socialismo. Tenemos que construir el socialismo dentro del sistema capitalista, es decir, desarrollar iniciativas populares de solidaridad económica, compartir bienes, fortalecer las bases populares.

Tenemos que denunciar el sistema capitalista pero también tenemos que crear alternativas efectivas a este sistema. De esa manera podremos romper este sistema, pero tenemos que tener iniciativa, debemos hacer presión política construyendo alternativas.

¿Puede darnos algunos ejemplos de estas iniciativas?

En Brasil, el Movimiento de los Sin Tierra es una iniciativa típicamente socialista. Recientemente, con la tremenda subida del precio del arroz, el MST, que es un gran productor de arroz, no ha subido sus precios y ha tenido un gran éxito con esta medida. Aquí, con el MST, muchas personas conocen las ventajas de la agricultura familiar, donde los servicios y ganancias se reparten entre las familias asentadas o acampadas. Son pequeñas iniciativas que tenemos que fortalecer.

Lamentablemente no hemos aprovechado utilizado todas las posibilidades que estaban en nuestras manos y, sobre todo, no hemos hecho un trabajo, que para mí es fundamental, que tiene que ver con la alfabetización política de la gente. Deberíamos haber invertido mucho tiempo en eso. Si tenemos otra oportunidad de volver al gobierno tendremos que afrontar este trabajo, que es fundamental.

Aunque los trece años de gobierno del Partido de los Trabajadores impulsaron muchos avances sociales en Brasil – los mejores de nuestra historia republicana- el PT no trabajó en la alfabetización política del pueblo, en el la fortalecimiento de los movimientos populares y en la democratización de los medios de comunicación.

Hay quienes sostienen que el capitalismo debe humanizarse. ¿Es eso posible?

Es una idea totalmente contradictoria. Humanizar el capitalismo es lo mismo que quitarle los dientes al tigre, pensando que eso le quitará la agresividad; es totalmente ingenuo querer humanizar el capitalismo. Es una quimera; el capitalismo es intrínsecamente malo. Su propio mecanismo endógeno es un mecanismo necrófilo.

Es un sistema que se alimenta de los que trabajan, de los que consumen, de los pobres. Definitivamente es imposible humanizar el capitalismo; esta es una postulación muy ingenua y lamentablemente todavía hay gente que cree en ese mito.

¿Cómo trabajar la democratización de la sociedad en tiempos como estos?

Mediante sistemas de comunicación -digitales, impresos, audiovisuales, etc.-, traduciendo al lenguaje popular muchos de los conceptos de los cuales hablan los políticos . La gente sencilla a menudo no comprenden conceptos como deuda pública, inversión extranjera, fluctuaciones del tipo de cambio y mecanismos de mercado. Esto requiere metodología – la que enseña Paulo Freire – y equipos de educación popular.

¿Podrá Lula volver a ser presidente de Brasil?

Quizás tenga la oportunidad porque están revisando las sentencias llenas de prejuicios y falsedades. Con suerte, tendrá la posibilidad de volver a ser candidato-

¿Se imagina una Iglesia católica menos conservadora?

Como decía, la Iglesia Católica lleva 34 años de pontificados conservadores que han desmovilizado gran parte del trabajo popular de las comunidades eclesiales de base, materia prima de la Teología de la Liberación. Esta teoría no viene de las cabezas de los teólogos, viene de las bases. Todo esto se ha desmovilizado. Puede que los cambios propuestos por el Papa Francisco lleven a algo, pero aún así la jerarquía, quienes tienen el poder en la Iglesia no ha cambiado.

Todavía tenemos un gran número de obispos y sacerdotes que son muy conservadores y que no quieren involucrarse en las luchas populares, tienen miedo o buscan su conveniencia y no quieren arriesgarse. Hay mucho trabajo por hacer, pero hay sectores de la Iglesia Católica y de América Latina que están muy comprometidos con estas luchas por la defensa de los derechos de los más pobres, por los derechos humanos; esto es muy fuerte en muchos sectores.

¿Qué piensa sobre el futuro inmediato?

Creo que en el futuro inmediato va a haber una exacerbación del individualismo. La pandemia ha obligado a cortar las relaciones cara a cara, por lo que la gente va a estar cada vez más aislada, con menos oportunidades para conectarse y unirse en las calles, en los sindicatos, en los movimientos sociales, al menos hasta que llegue una vacuna y nos saque de esta situación. Y aquí vuelve a aparecer la importancia de saber gestionar las redes digitales.

La izquierda progresista, tiene que aprender a gestionar estas redes y a cambiarlas, porque sabemos que muchas de ellas están ahí solo para favorecer el consumo o incluso vinculadas a servicios de espionaje, inteligencia, para el control de las personas. Hay mucha lucha por hacer en torno a esto porque es un elemento que vino para quedarse. Mucha gente se informa a través de estas redes digitales. Tenemos que crear grupos con capacidad para dominar estas redes,refutar las fake news y difundir la verdad, los hechos reales. Esta es la única forma en que podemos hacer un trabajo virtual de educación política.

¿Existe hoy una teología de la liberación?

Sí, por supuesto. La Teología de la Liberación se ha abierto su campo a otros temas que no sólo son luchas sociales. Ahora también aborda la ecología, las cuestiones de la nanotecnología, la astrofísica, la cosmología y la bioética.

El problema es que más bien hemos perdido los cimientos populares, que eran la base de la Teoría de la Liberación. Estos cimientos se han perdido durante 34 años de pontificados conservadores. Nuestra tarea principal es volver a las bases, volver a los barrios, volver a las periferias, volver a los pobres, a los oprimidos, a los excluidos, como los negros, los indígenas, los LGBT. Todos tenemos que estar en esta lucha.

¿Es optimista?

Tengo un principio. Tenemos que ahorrarnos el pesimismo para mejores días. No podemos hacer el juego a un sistema que quiere que estemos callados, deprimidos, desanimados; tenemos que seguir luchando. La historia tiene muchos giros y vueltas. He pasado por muchas cosas, algunas tremendas, otras positivas. La cárcel bajo la dictadura, la fuerza de los movimientos populares, la elección de Lula, la elección de Dilma… Soy optimista, Sí. No podemos considerar definitivo ningún momento histórico.

*Nota: Carlos Alberto Libanio Christo, más conocido como Frei Betto, es un reconocido referente progresista latinoamericano y una de las principales figuras de la Teología de la Liberación. Escritor, periodista y fraile dominico, estuvo preso cuatro años durante la dictadura militar en Brasil, a la que se opuso en cuerpo y alma.

Durante su labor como fraile conoció, en las favelas de Sao Paulo, al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, de quien fue asesor, y en cuyo gobierno participó en el programa Hambre Cero. Ha escrito más de 60 libros, entre ellos Fidel y Religión. Conversaciones con Frei Betto (1985); Misticismo y espiritualidad (1997); El trabajo del artista. Una visión holística del universo (1999); y El oro perdido de los Arienim (2016).

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