Los hombres de Estados Unidos siguen estando a la cabeza del Banco Mundial

Éric Toussaint

En 2020, el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) han cumplido 76 años. Estas instituciones financieras internacionales (IFI), creadas en 1944, están dominadas por Estados Unidos y algunas grandes potencias aliadas que actúan para generalizar políticas contrarias a los intereses de los pueblos.

El BM y el FMI otorgaron, sistemáticamente, préstamos a los Estados con el fin de influir sobre sus políticas. El endeudamiento externo fue y es todavía hoy utilizado como un instrumento para someter a los deudores. Desde su creación, el FMI y el BM han violado los pactos internacionales sobre derechos humanos y no dudaron, ni dudan, en sostener a dictaduras.

El enlace entre los medios de negocios, el gran capital de Estados Unidos y el Banco Mundial se percibe de inmediato cuando vemos el origen de los trece ciudadanos estadounidenses que se sucedieron a la cabeza del Banco Mundial, hasta ahora.

La opción inapelable de George W. Bush a favor de Paul Wolfowitz muestra con toda claridad quien manda en el Banco Mundial

La decisión del presidente George W. Bush de nombrar como presidente del Banco Mundial a Paul Wolfowitz, subsecretario de Estado de Defensa y uno de los principales arquitectos de la invasión de Afganistán en 2001 y de Iraq en 2003, hizo correr mucha tinta en marzo de 2005. Antes de esa decisión, varios medios de comunicación, tales como el diario financiero británico Financial Times, habían realizado una campaña para que el décimo presidente del Banco fuera elegido por su competencia en materia de desarrollo y preferentemente entre los ciudadanos del Sur. El Financial Times proponía la candidatura de Ernesto Zedillo, que había sido presidente de México a finales de los años 1990. La opción inapelable de George W. Bush a favor de Paul Wolfowitz muestra con toda claridad quien manda en el Banco Mundial. Los 24 gobernadores del Banco acataron esta decisión.

Pero ¿quién era Paul Wolfowitz? Pues un puro producto del aparato de Estado de Estados Unidos, que a una muy larga experiencia en las esferas del poder agregaba una corta carrera universitaria. Diplomado en matemáticas, trabajó desde los 23 años para el gobierno en la oficina de presupuesto (1966-1967). En 1969, pasó a una comisión del Congreso dedicada a convencer al Senado de la necesidad de que Estados Unidos se dotara de un paraguas antimisiles frente a los soviéticos. Y lo consiguió. Desde ese momento, Paul Wolfowitz se comprometió a fondo en las cuestiones de estrategia militar. El hilo conductor de su reflexión estratégica fue identificar a los enemigos (URSS; China, Iraq…) y demostrar que eran más peligrosos de lo que se imaginaba, con el fin de justificar un esfuerzo suplementario de defensa (aumento del presupuesto, fabricación de nuevas armas, un mayor despliegue de las tropas en el exterior), e incluso llegar al lanzamiento de ataques o de guerras preventivas, contra amenazas potenciales y no para responder a agresiones confirmadas y reales.

Fue profesor durante dos años en la universidad de Yale y obtuvo en 1972 el título de doctor en Ciencias Políticas en la Universidad de Chicago, uno de los centros intelectuales de la reacción conservadora. Luego, durante cuatro años, trabajó en la Agencia de Control de Armas y Desarme (1973-1977) en relación directa con George Bush padre, quien, en ese momento, dirigía la CIA. En 1977, entró directamente en el Pentágono, donde permaneció hasta 1980 al servicio del presidente demócrata Jimmy Carter. En ese puesto montó un dossier para demostrar que los soviéticos se estaban procurando nuevas armas nucleares. Luego se comprobó que tales armas eran en gran parte producto de fabulaciones. A pesar de que trabajó para un presidente demócrata y después de haber pasado un año de purgatorio como profesor en la Johns Hopkins University, logró el gran desafío de entrar, en 1981, al servicio del presidente Ronald Reagan, como director del departamento de planificación del Departamento de Estado. Entre 1983 y 1986, dirigió el sector de Asia del Este y el Pacífico del Departamento de Estado con Reagan. De 1986 a 1989 fue embajador en Indonesia. De 1989 a 1993, dirigió la estrategia del secretario de Estado de Defensa, Dick Cheney, en la administración de George Bush padre (primera guerra del Golfo) y, después de los dos mandatos de Clinton, fue nombrado subsecretario de Estado de Defensa, compartiendo con Donald Rumsfeld la dirección de las guerras de Afganistán y de Iraq. En el ínterin, durante la presidencia de William Clinton, de 1993 hasta 2001, reanudó su carrera universitaria como decano de la Paul Nitze School of Advanced Internacional Studies (750 estudiantes), subvencionada por la Johns Hopkins University. Hizo maravillas recolectando 75 millones de dólares para financiar dicha institución y trabajó como consultor de una de las principales firmas de la industria militar de ámbito mundial, la Northrop Grumman. En 1997, participó en la fundación de un grupo de presión neoconservador denominado PNAC (Projet for a New American Century – Proyecto para un nuevo siglo americano-), del cual también formaron parte Donald Rumsfeld (secretario de Estado de Defensa en 2001), Dick Cheney (patrón de Halliburton en esa época y vicepresidente de Estados Unidos en 2001), Jeb Bush (hermano de George W. Bush), Richard Perle y Robert Kagan. Desde 1998, el PNAC inició una campaña para que William Clinton lanzara un ataque preventivo contra Iraq y contra cualquier Estado potencialmente agresor.

Durante el período 1983-1989, cuando Paul Wolfowitz estaba comprometido en la política de Estados Unidos en Asia del Este, apoyó activamente a regímenes dictatoriales. En efecto, y al contrario de la imagen que pretende dar, sostuvo las dictaduras militares de Ferdinand Marcos en Filipinas, de Chun Doo Hwan en Corea del Sur y de Suharto en Indonesia.

A comienzos de los años 1980, trató de salvarle el puesto a Ferdinand Marcos convenciéndolo de que hiciera algunas reformas democráticas. En esa época, en Filipinas, la combinación de una poderosa guerrilla revolucionaria y una fuerte oposición burguesa antidictatorial (dirigida por Aquino) podría asestarle una nueva derrota a Estados Unidos, a imagen y semejanza de lo que había pasado en 1979 en Nicaragua, cuando los revolucionarios sandinistas hicieron frente común con la oposición burguesa. No fue Wolfowitz quien hizo saltar a Ferdinand Marcos, sino la movilización popular, que lo sacó del poder en 1986, mientras Estados Unidos le aseguraba la huida a Hawái, el 50º estado de Estados Unidos.

En cuanto a Corea del Sur, Wolfowitz presume de haber convencido al dictador Chun Doo Hwan (responsable de las masacres durante la rebelión de 1980) de que se retirara en 1987. En realidad, fueron los millones de estudiantes, obreros y ciudadanos quienes, con sus movilizaciones, forzaron al dictador a dejar el poder.

En Indonesia, donde las movilizaciones antidictatoriales eran menos potentes (por fuerza, ya que Suharto, para tomar el poder en 1965, había masacrado a 500.000 civiles), Estados Unidos sostuvo al dictador hasta comienzos de 1998. Paul Wolfowitz, quien, recordémoslo, fue embajador en Yakarta desde 1986 a 1989, declaraba todavía en mayo de 1997 ante el Congreso que “cualquier juicio equilibrado concerniente a la situación de Indonesia en la actualidad, incluido el tema muy importante y muy sensible de los derechos humanos, debe tener en cuenta los progresos importantes ya realizados por Indonesia y conviene reconocer que mucho de este progreso debe adjudicarse al liderazgo, a la vez fuerte y destacable del presidente Suharto”.

Paul Wolfowitz fue uno de los que concibieron la estrategia de guerra «preventiva» puesta en marcha en Afganistán y en Iraq, a partir de octubre de 2001

El pasado reciente de Paul Wolfowitz es más conocido: fue uno de los que concibieron la estrategia de guerra «preventiva» puesta en marcha en Afganistán y en Iraq, a partir de octubre de 2001. Es uno de los principales responsables de las mentiras sobre el peligro que constituía Sadam Hussein para la comunidad internacional. Es uno de los inventores de la existencia de armas de destrucción masiva y del supuesto apoyo de Sadam Hussein a Al-Qaeda y al terrorismo internacional en general. Al comienzo de la guerra, había afirmado que los soldados estadounidenses serían siempre considerados los libertadores de Iraq y acogidos como tales por los iraquíes. Sostenía que Iraq pagaría el coste de su liberación gracias al petróleo. Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz, George W. Bush y Dick Cheney utilizaron la ocupación y la «reconstrucción» de Iraq en beneficio de las transnacionales estadounidenses.
La ofensiva de Washington contra las organizaciones multilaterales

La designación de Paul Wolfowitz debe relacionarse con la ofensiva de Estados Unidos sobre diversas instituciones multilaterales.

Acto 1º: El 18 de enero de 2005, Kofi Annan, secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, decidió nombrar a Ann Veneman, ministra de Agricultura del gobierno Bush, en el puesto de directora ejecutiva de la UNICEF, aunque Estados Unidos y Somalia habían sido los únicos países que se negaron a ratificar la Convención sobre los Derechos del Niño, ratificada por 189 países. Podemos imaginar las presiones de Washington que tuvo que soportar Kofi Annan para adoptar tal decisión.

Acto 2º: El 7 de marzo de 2005, George W. Bush eligió a John Bolton como embajador ante las Naciones Unidas. Este ultraconservador, que manifiesta un odio visceral a la ONU, no dudó en declarar: “El edificio de la secretaría de la ONU en Nueva York tiene 38 plantas. Si hubiera 10 menos, no habría ninguna diferencia”. Intentó hacer cambiar de parecer a Mohamed El Baradei, que dirigía la institución de las Naciones Unidas encargada de seguir el programa de desarme de Iraq justo antes de la guerra de 2003. Es, también, quien consiguió que Estados Unidos no ratificase el Tribunal Penal Internacional y el que se retiró de la conferencia de las Naciones Unidas sobre el racismo de Durban (Sudáfrica) en agosto de 2001. Para Bolton, la ONU no debía obstaculizar la política exterior de Estados Unidos. Tuvo la osadía de declarar que «la ONU sólo puede funcionar si la dirige América (Estados Unidos)».

Acto 3º: El 10 de marzo de 2005, George W. Bush anunció su decisión de proponer a Paul Wolfowitz como candidato al puesto de presidente del Banco Mundial. El 31 de marzo, el Consejo de Gobernadores del Banco lo eligió por unanimidad como presidente de la institución. Bush demostró de esta manera, a la comunidad internacional y a sus partidarios, que tenía la voluntad y la capacidad de aumentar el liderazgo directo de Estados Unidos sobre las instituciones multilaterales.

En cierta forma, la designación de Paul Wolfowitz se asemeja a la de Robert McNamara en 1968. Éste era secretario de Estado de Defensa y había sido retirado de la dirección de la guerra del Vietnam al comienzo del marasmo. Paul Wolfowitz fue retirado de su puesto en pleno fracaso de la guerra en Iraq. Tanto uno como otro tuvieron la experiencia de la dirección de una gran administración: el Pentágono. Y tanto uno como otro fueron consejeros de política exterior del presidente de Estados Unidos.
La precipitada dimisión de Paul Wolfowitz

Acusado de nepotismo, el presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz tuvo que dimitir en 2007. Había abusado de su poder como presidente de esa institución por aumentar el salario de su compañera, también funcionaria del Banco Mundial, en un 45 %. El personal del Banco no lo soportó y se produjo un gran escándalo.

Las declaraciones para reclamar su dimisión se multiplicaron: la asociación del personal y ex ejecutivos del Banco Mundial; uno de los dos directivos ejecutivos, el neozelandés Graeme Wheeler: altos responsables del Partido demócrata de Estados Unidos como John Kerry; el Parlamento Europeo, etc. Finalmente, Paul Wolfowitz no tuvo más remedio que dimitir.

Robert Zoellick: el 11º presidente, un banquero y un representante del comercio de Estados Unidos

Aunque varios países miembros del Banco Mundial afirmaban que ya era el momento para poner a la cabeza de la institución a un ciudadano o una ciudadana del Sur, el presidente de Estados Unidos designó para presidirla, por undécima vez, a un ciudadano estadounidense: Robert Zoellick (2007-2012).

Sin embargo, Zoellick no tenía ningún título en materia de desarrollo. Bajo la precedente presidencia de George Bush (hijo), había sido el representante principal de Estados Unidos en la OMC, donde había sistemáticamente puesto la prioridad en los intereses comerciales de la principal potencia económica en detrimento de los intereses de los países en desarrollo. Durante los preparativos de la reunión de la OMC en Doha, en noviembre de 2001, realizó un recorrido visitando a gobiernos africanos con el fin de comprar sus votos. Se trataba de que se aprobara la agenda de Doha, que felizmente sigue en el limbo desde fines de 2007. Posteriormente, se especializó en la negociación de tratados bilaterales de «libre» comercio firmados entre Estados Unidos y diferentes PED (Países en Desarrollo): Chile, Marruecos, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, República Dominicana, Jordania, etc. Tratados que favorecen los intereses de las trasnacionales estadounidenses y limitan el ejercicio de la soberanía de los países en desarrollo. Luego fue secretario de Estado adjunto con Condoleezza Rice (secretaria de Estado). A partir de julio de 2006, Robert Zoellick fue vicepresidente del Consejo de administración del banco Goldman Sachs, encargado de los asuntos internacionales. Es importante señalar que Goldman Sachs es uno de los principales bancos de inversiones de Wall Street, netamente implicado en la crisis de la deuda privada que estalló en Estados Unidos en agosto de 2007. Goldman Sachs también participó muy activamente en la creación del colosal montaje de las deudas privadas a partir de la burbuja especulativa del sector inmobiliario. Robert Zoellick abandonó Wall Street para coger el puesto de Paul Wolfowitz en la presidencia del Banco Mundial en julio de 2007, justo a tiempo para evitar estar directamente implicado en la crisis de 2007-2008.

Durante su mandato, Zoellick consiguió que el Banco Mundial prestara 3.750 millones de dólares para contribuir a la financiación de la construcción de la central eléctrica de carbón en Medupi (Sudáfrica), que es extremadamente contaminante. Además del carácter antiecológico del proyecto, esos contratos beneficiaron a Eskom e Hitachi Power Africa, dos empresas que dirigentes de la ANC poseen en parte o por completo. La ANC es el partido político en el poder, Esto permitió a esos dirigentes enriquecerse mediante la corrupción y la malversación de fondos. La amplitud de la corrupción fue de tal magnitud que numerosas son las voces que se alzan para que se anule esa deuda odiosa. También hay que señalar, que un año después del fin de su mandato en el Banco Mundial, Zoellick retomó, en 2013, su puesto de dirigente en el banco Goldman Sachs.

Entre 2012 y 2019, Jim Yong Kim, también estadounidense, dirigió el Banco Mundial hasta su dimisión voluntaria, cuyo motivo fue un puesto en un fondo de inversiones privado, especializado en el sector de las infraestructuras. El 7 de enero de 2019, de forma súbita, JimYong Kim, presidente del Banco Mundial, anunció su dimisión. La dirección interina fue cubierta, a partir del 1 de febrero de 2019, por Kristalina Georgieva, hasta que el presidente de Estados Unidos Donald Trump nombrase uno de sus hombres de confianza a la cabeza del Banco Mundial. Además, Kristalina Georgieva pasó a ser directora general del FMI, en remplazo de Christine Lagarde, en octubre de ese mismo año.

Antes de su dimisión, en mayo de 2017, JimYong Kim acompañó a la hija del presidente millonario, Ivanka Trump, en un viaje de negocios a Arabia Saudí para defender los intereses de la mayor potencia política del mundo en ese país, aliado histórico de Estados Unidos. Gracias a una promesa de donaciones a un Fondo para mujeres emprendedoras, esa visita tenía por fin permitir que la monarquía saudí, ultra reaccionaria, intentara forjarse una imagen progresista, a pesar de que pisoteaba, y pisotea, permanentemente los derechos de las mujeres. En realidad ese fondo, lanzado bajo la égida de Ivanka Trump, JimYong Kim y Justin Trudeau tenía por objetivo participar en la acumulación de capital a nivel mundial, bajo el pretexto de hacer progresar la emancipación de las mujeres.

Contrariamente a un retrato lisonjero que algunos quieren hacerle, JimYong Kim no hizo nada para contribuir a la reforma del Banco Mundial, que continuó como siempre defendiendo los intereses del capital y de los países más ricos y poderosos, con Estados Unidos, Canadá, Europa occidental y Japón a la cabeza, en detrimento de los derechos humanos y de la preservación del planeta. El 7 de enero de 2019, JimYong Kim, inesperadamente, presentó su dimisión como presidente del Banco Mundial, había decidido proseguir una carrera más remuneradora en el sector financiero privado. La dirección interina del BM desde febrero a abril de 2019 fue cubierta por la europea Kristalina Georgieva, hasta que el presidente Donald Trump nombró a uno de sus hombres de confianza a la cabeza del BM: David Malpass. Kristalina Georgieva se convirtió, en octubre de 2019, en directora general del FMI en remplazo de Christine Lagarde.
David Malpass, también banquero, 13º presidente

David Malpass, en abril de 2019, se convirtió en el 13º presidente del Banco Mundial. Malpass había trabajado para el Tesoro estadounidense y para Asuntos Internacionales durante los mandatos de Ronald Reagan y de George H.W. Bush (1988-1993), luego fue economista jefe en Bear Stearns, un gran banco de inversiones… hasta su quiebra en 2008 ¡en plena crisis de las subprimes! En agosto de 2007, Malpass publicó un artículo de opinión en The Wall Street Journal, en el que invitaba a sus lectores a no inquietarse por el estado de los mercados financieros, llegando a escribir que «los mercados inmobiliarios y de la deuda no representaban una parte significativa de la economía estadounidense o de la creación de empleos». Se unió al equipo de Donald Trump a partir de mayo de 2016, en el que ocupó el puesto de subsecretario del Tesoro para Asuntos Internacionales, antes de ser nombrado presidente del Banco Mundial.
La conquista del BID por Donald Trump

En septiembre 2020, por primera vez en la historia del Banco Interamericano de Desarrollo, Donald Trump logro hacer elegir a un ciudadano norteamericano como presidente de la institución. Mauricio Claver-Carone es un abogado y jurista estadounidense. Como asesor del gobierno de Donald Trump, ha defendido una línea dura en la política internacional de Estados Unidos, en especial respecto a Cuba o hacia Venezuela.

Como lo escribe Ariela Ruiz Caro, “Mauricio Claver-Carone fue elegido presidente del BID con el apoyo de 30 de sus miembros, 16 abstenciones y 2 ausencias, entre las que se encuentra China. Según un comunicado de la cancillería argentina, se abstuvieron cinco países latinoamericanos (Argentina, Chile, México, Perú, y Trinidad y Tobago), además de los países socios miembros de la Unión Europea. Desde que Trump postulara a la presidencia del BID a su actual asesor para la región en el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, a mediados de junio, expresidentes de América Latina y de Europa, diplomáticos, personajes de la vida política, cultural, académica y la ciudadanía en general, no cesaron en denunciar la necesidad de postergar la elección porque se viola el derecho internacional consuetudinario (Resolución 73/203 del 20 de diciembre de 2018 de la Asamblea General de las Naciones Unidas) al postular a la presidencia a un candidato que no es latinoamericano o caribeño”.

Hay que reemplazar el Banco Mundial y el FMI por otras instituciones mundiales caracterizadas por un funcionamiento democrático. El nuevo Banco Mundial y el nuevo Fondo Monetario internacional, cualquiera sea su nuevo nombre, deben tener misiones radicalmente diferentes de sus predecesores: deben garantizar la satisfacción de los tratados internacionales sobre los derechos humanos (políticos, civiles, sociales, económicos y culturales) en el ámbito del crédito internacional y de las relaciones monetarias internacionales. Esas nuevas instituciones mundiales deben formar parte de un sistema institucional mundial promovido por las Naciones Unidas radicalmente reformado. Es esencial y prioritario que los países en desarrollo se asocien para constituir lo antes posible entidades regionales dotadas de un Banco común y de un Fondo monetario común.

Si los movimientos populares accedieran a los gobiernos en varios países PED y pusieran en marcha su propio banco de desarrollo y su propio fondo monetario internacional, esos países serían perfectamente capaces de prescindir del Banco Mundial, del FMI, del BID y de las instituciones financieras privadas de los países más industrializados.

Fuente https://www.elsaltodiario.com/banco-mundial/eric-toussaint-hombres-estados-unidos-siguen-estando-cabeza-bm
Imagen Wikipedia

Comparte, si te gusto