Segundo tropiezo grave de la vacuna británica de AstraZeneca

Alfredo Jalife-Rahme

El New YorkTimes (NYT) coloca en la picota la vacuna sueco-británica de AstraZeneca con la exhumación de un segundo caso «neurológico» grave (https://nyti.ms/3iUkJCt), de dos mujeres con mielitis transversa (inflamación de la médula espinal): «los expertos están preocupados (sic)» de que AstraZeneca no sea transparente con los casos aludidos.

La experimentación de las pruebas clínicas en la “fase 3 (https://bit.ly/301Yxiv)” ha desembocado en un enorme escepticismo en la opinión pública de EU, de acuerdo con recientes encuestas. Con el debido respeto a todas las vacunas, en particular a la polémica de AstraZeneca, un servidor había expuesto el fracaso en su fase de experimentación con monos (https://bit.ly/3ckYTWm). EU, que hubiese sido el principal consumidor de la fracasada vacuna, ha detenido su prueba clínica.

En su sofista protocolo de 111 páginas, AstraZeneca ha disminuido hasta “50 por ciento (sic) su efectividad (https://bit.ly/3mJKYOE)”. ¿Como está eso? La tambaleante vacuna sueco-británica se ha brincado todas las trancas, incluyendo el número mínimo de casos experimentales bajo la falacia de contar con una vacuna para «uso de emergencia».

El doctor Eric Topol, «experto» de pruebas clínicas en Scripps Research (San Diego, EU), indicó que tanto la vacuna de AstraZeneca como las dos estadunidenses de Moderna y Pfizer exhiben una «característica problemática: cuentan con casos relativamente leves (sic) de Covid-19 para medir su eficacia, lo cual puede obstaculizar los esfuerzos para determinar si la vacuna previene la enfermedad moderada o severa», cuyos «planes no son compartidos por el público» cuando los «reguladores de Gran Bretaña» no han sido transparentes en su decisión de reanudar las pruebas. ¿Y quién regula a sus seudorreguladores?

En forma inusitada, el portal ruso Sputnik coincide con NYT: “La prueba de la vacuna basada en adenovirus de chimpancés (sic) se había cuestionado repetidamente por la «peligrosa» falta de ensayos suficientes acerca de los virus de chimpancés, así como por las consecuencias poco claras de la nueva tecnología grave (https://bit.ly/32SsfYZ)”. Llama la atención que «el adenovirus de chimpancé» experimentado por AstraZeneca «nunca se había utilizado antes en ninguna vacuna aprobada en el mundo», a diferencia del «vector adenoviral humano, que ha sido ampliamente estudiado y utilizado». Los científicos rusos alegan que «debido a la ausencia de estudios a largo plazo de estas vacunas, nadie sabe si presentan riesgo de cáncer o afectan la fertilidad».

Dato nodal: «el adenovirus de chimpancés (sic) sólo lo usa AstraZeneca, mientras las otras vacunas de CanSino, de China, Johnson&Johnson, de EU, y la rusa Sputnik V (del Instituto de Investigación Gamaleya) usan adenovirus de humanos (sic)».

La prestigiosa revista británica medica, quizá la mejor del planeta, The Lancet (https://bit.ly/2EsR18W) había aprobado los resultados de las fases 1 y 2 de los ensayos clínicos de Sputnik V, concluyendo que la vacuna rusa es «segura, eficaz y no causa ningún efecto adverso». Ya había señalado en Bajo la Lupa que la muy controvertida vacuna de AstraZeneca era la «vacuna electorera» de Trump para ser usada antes del 3 de noviembre y ayudarle a su relección, además de haber demostrado su carácter eminentemente bursátil (https://bit.ly/32T5jcl).

En realidad, el «momento Sputnik» de la vacuna rusa (https://bit.ly/3hTvXWN) y el éxito de dos chinas (CanSino y Sinovac), además de tres de EU –la de Johnson&Johnson, la de Moderna (donde ostenta intereses el célebre infectólogo italoestadunidense Anthony Fauci) y la de Pfizer– no han mostrado hasta ahora ningún tropiezo antes de la otrora ineludible «fase 3» que parece haber vivido sus mejores tiempos debido a la premura y a los alcances geopolíticos de (ob)tener el liderazgo global.

A Gran Bretaña se le está cayendo su control global de las vacunas mediante su monopólica «alianza de vacunas» y su perturbador GAVI: “llave médica para el gobierno mundial de Davos (https://bit.ly/32QCn4K)”.

www.alfredojalife.com
La Jornada

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