Cinco razones por las que Estados Unidos perdió la lucha contra la COVID-19

Global Times , periódico Chino

Se espera que el número de muertos por la COVID-19 supere los 200,000 en los Estados Unidos. Esto es una verdadera tragedia para un país que perdió menos de 170.000 soldados en Europa durante la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo la administración Trump dice no haber cometido errores en el combate contra la epidemia. La Casa Blanca se ha negado hacer correcciones. El presidente afirma que el número de muertos podría haber superado los 3 millones si no fuera por su «excelente trabajo».

La estrategia de Trump para hacer frente a la epidemia ha sido pasarle la pelota a China y hacer que la gente crea que el desastre fue causado por China.

Para ser justos, Donald Trump hizo algo para combatir la epidemia… su gobierno fue el primero en suspender los viajes internacionales. En su momento esta decisión parecía audaz, pero, a decir verdad, fue la medida más fácil de tomar.

En primer lugar, el gobierno de Trump y el conjunto de la sociedad estadounidense tardaron mucho en llegar a un consenso sobre la gravedad de la epidemia de la COVID-19.

El presidente Trump y “las celebridades estadounidenses ”, minimizaron la amenaza y desconocieron la autoridad de expertos como el Dr. Anthony Fauci. En cambio – después de una entrevista televisiva del epidemiologo Zhong Nanshan – la sociedad china entendió rápidamente el peligro que implicaba el virus.

En segundo lugar, ante la urgencia de salvar la salud de la gente y la importancia de proteger la economía muchos norteamericanos priorizaron la economía . Su reacción fue tan fuerte que lograron reprimir las voces más racionales. Como resultado, Estados Unidos no ha logrado movilizar a su población en la lucha contra la epidemia.

En tercer lugar, un porcentaje muy alto no han escuchado las recomendaciones de los expertos. El uso de mascarillas es una medida de prevención básica que ha demostrado su eficacia en China y en otros países de Asia oriental. La medida es barata y fácil de promover, pero muchos estadounidenses, incluido el presidente Trump, se negaron a usar las mascarillas. La falta de una defensa tan elemental ha aumentado la propagación del virus, matando a muchas personas que podrían haber sobrevivido si hubieran usado este adminículo.

Cuarto, combatir la epidemia equivale a luchar en una guerra. Pero Estados Unidos carece de una estrategia, no ha formado un comando de alto nivel, ni realiza acciones conjuntas a nivel nacional. El trabajo contra la epidemia ha sido enturbiado por la política pequeña.

Es cierto, cada país tiene su propia debilidad sistémica. Los primeros tres errores podrían haber sido evitados con decisiones correctas de los gobernantes, pero el cuarto error pareciera ser un problema consustancial de las elites políticas de la nación “indispensable”.

En quinto lugar, los estadounidenses han demostrado ser incapaces de corregir sus errores. La sociedad se ha equivocado en la lucha contra la epidemia, pero se resiste a cambiar de actitud. Y los partidos políticas no consiguen unirse para enfrentar el virus. Lo primero que les preocupa es cómo librarse de su responsabilidad y endilgan las culpas a sus rivales.

En cualquier caso, 200.000 muertes son una vergüenza para el país que presume de ser el más poderoso y avanzado del mundo. Es también humillante para las élites de Washington, que no han administrado con eficacia los enormes recursos que tiene su nación.

La gestión de la pandemia es deshonrosa para el sistema político estadounidense. La mayoría de las 200.000 personas que han muerto son pobres y afroamericanos. ¿Cuántas personas tendrán que morir para que su régimen bipartidista norteamericano tome medidas y termine con la trágica pérdida de vidas de sus ciudadanos?

Un estado tan poderoso como Estados Unidos no tiene dirigentes que sirvan de corazón y desinteresadamente a su gente. Por eso el coronavirus está devastando el país más opulento del mundo.

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