El blanco y Negro dentro del Arcoíris, del que nadie quiere hablar

Por: Alexander Bejarano/ ojos de obsidiana y la cola del quetzal, actualmente dirigiendo la Enredadera.

Nadie puede negar que ser una persona que integra la diversidad sexual en un país como Guatemala equivale a una condena de muerte. A veces, de manera metafórica y muchas otras, de manera literal. Pero no quiero hablar, solo por esta vez, de lo ya obvio. Creo que es momento de hablar de manera interna de una comunidad que únicamente tiene el nombre, pues sigue careciendo de unidad.

La diversidad sexual es un tema por mucho extenso y complejo desde cualquier punto de vista que se aborde. Sin embargo, hoy quiero invitarles a verlo desde la mirada diversa de un joven gay, pero quien no se cansa de cuestionarse si realmente existe una comunidad dentro de la diversidad. Y es que muchas veces no me he sentido particularmente incluido dentro de ella. ¿La razón? Muchas veces es la discriminación y los prejuicios infinitos que se viven en nuestro contexto.

Se pensaría que nuestro arcoíris está compuesto únicamente por colores vivos y llenos de aceptación, pero muy en el fondo se maneja un matiz blanco y negro que llega a incomodar a quien se encuentra en la cima de la pirámide de privilegios. Desde clasismo, racismo, bifobia, transfobia y un sinfín de actitudes nefastas que empañan un lugar que debería de ser seguro, tomando en cuenta los peligros a los que estamos expuestos por amar a quien queremos.

Existen tantos prejuicios y modelos estándar sobre cómo deberías verte; no tiene sentido seguir creando más moldes absurdos en los cuales me rehúso a encajar. No quiero que la frase “no se te nota” “no seas loca” “no seas tan obvio” se normalicen como algo que debamos soportar y mucho menos tolerar. La visibilidad que le damos a los hombres gay por sobre las demás personas que integran esta comunidad es violencia. Todas las personas tienen el mismo derecho a existir, incluso si no caben dentro de un modelo occidentalizado y muchas veces estereotipado de nosotras, nosotros, nosotres mismos.

Es de esperar que el abusado se convierta en el abusador en algún momento de su vida si se le presenta la oportunidad, pero seguir perpetuando desigualdades y tratar de entendernos desde lo que parece ser una mirada heterosexual y homogénea, solo nos aleja cada vez más de nuestra esencia, pues como su mismo nombre lo menciona, somos “diversidad” y eso ya debería de darnos una pauta para saber que no existe un patrón o una forma correcta de “existir”.

Asumirme diverso es una batalla diaria en contra de esta sociedad, pero también lo es a veces dentro de mi propio mundo. Cuanto más blanca sea mi piel, cuanto más masculino me vea, son factores que te pondrán dos pasos al frente de la fila. Los privilegios no son el problema, el no asumirte como una persona privilegiada si lo es, nuestra diversidad no la encontrarás dentro de una discoteca un sábado por la noche en la Ciudad de Guatemala, la verdadera diversidad está en todas aquellas personas que sin importar el área geográfica donde vivan, trabajen, estudien, convivan, sin importar su etnia, creencia, condición económica y política puedan existir siendo ellos y ellas mismas, sin miedo, donde puedan salir de un mal llamado “closet”, aquellas voces de mujeres trans que son ignoradas y silenciadas con violencia, las y los que han muerto tratando de hacernos entender que los problemas del infierno no se arreglan en el cielo.

No pretendo con este texto invalidar o descalificar al movimiento al cual también pertenezco, pero sí busco crear consciencia sobre las problemáticas que manejamos a nivel interno y que solo porque incomode hablarlas, no significa que dejen de estar ahí. Ellas son como el fantasma que acecha, pero que nadie puede darle paz. Debemos sanar nuestras heridas y comenzar a crear comunidad desde el amor y la humildad. Quiero comenzar a ver una comunidad verdadera y no un club elitista repleto de prejuicios.

Tenemos bastante que aprender y mucho por cambiar. Debemos comprometernos a no dejarle a las nuevas generaciones una comunidad paradójicamente excluyente y con la cual no se sientan identificados e identificadas. La mejor arma contra el odio siempre ha sido el amor y la mejor arma para combatir la ignorancia es la humildad de poder decir “estaba equivocado”.

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