Democracia o barbarie

Miguel Ángel Sandoval

La democracia en el continente pasa un mal momento. Es la conclusión que hace el ex canciller Argentino Jorge Taiana, al analizar los hechos políticos de los primeros días de septiembre. Lo hizo en una entrevista por CNN en el programa de Carmen Aristegui. La referencia tiene nivel continental. En el balance refiere la negativa a inscribir para participar para ser electos a un puesto de elección democrática, a dos personajes muy populares como Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia. Al primero se le niega la participación para competir por la vicepresidencia de su país mientras que a Evo se le niega el derecho a ser electo como senador de la república.

En los dos casos son medidas que revelan mejor que nada la exclusión pura y simple de amplias franjas de voto para estos dos personajes. En un caso, pretextando un proceso judicial basado en puras invenciones. En el otro, los efectos de un golpe de Estado que busca por todos los medios ocultar y destruir el legado de un presidente como Evo que podría ser considerado el mejor presidente de la historia reciente de Bolivia. Es lo que nos dice Taiana. Se podría agregar el golpe blando contra Zelaya en Honduras o Fernando Lugo de Paraguay o del defenestramiento de Dilma en Brasil, para citar los casos más significativos.

Estos dos hechos en Ecuador y Bolivia, le permiten al ex canciller argentino afirmar que con esas decisiones pierde la democracia en el continente, al tiempo que considera que el techo de ésta se achica, con lo cual se afecta de manera profunda el desarrollo democrático del continente entero. Pero lo más relevante es que los datos que proporciona no son aislados, sino que forman parte de una manera de abordar los procesos políticos por los actores conservadores de siempre que gradualmente reconquistan el terreno perdido en la década anterior.

Ampliando un poco más el análisis, se refería a la forma en que el secretario general de la OEA valida las medidas antidemocráticas en Ecuador o Bolivia, al tiempo que se hacía una fuerte crítica al intento de reducir la autonomía de la CIDH, lo cual entrañaría un retroceso enorme en el cuidado de los derechos humanos, con la idea de que la comisión sería entonces una herramienta del ocupante de la secretaria general del organismo regional, antes que un mecanismo para impedir los excesos en el cuidado de los derechos humanos en el continente.

En esta dirección y como una de las ultimas expresiones de ese retroceso o si se prefiere de un intento de cambio profundamente conservador, es la propuesta emanada de EEUU para que el próximo presidente del BID sea un norteamericano republicano del ala más conservadora, antes que un latinoamericano, que tuviera el consenso de las diferentes corrientes de gobierno, como se había hecho durante los últimos años. Un cuadro preocupante.

Pero no solo en otros lugares del continente se deteriora la democracia, se limita el estado de derecho o se recortan las libertades democráticas. En el caso guatemalteco el llamado Pacto de Corruptos ha hecho la apuesta en dirección a controlar las cortes para tener juicios a modo en todos los casos de corrupción y otros delitos de cuello blanco, o lo que es lo mismo, del crimen organizado. Es una situación insostenible. La democracia se deteriora a ojos vista.

Es la deriva que inicia con el gobierno de Jaime Morales, que consistió en desobedecer una y otra vez las órdenes de las cortes y con ello se abrió un proceso cargado de ilegalidad y de disolución democrática. Su defensa de la impunidad y de los impunes lo llevó incluso a un enfrentamiento verbal con el secretario general de la ONU y a expulsar al comisionado Iván Velázquez que dirigía la CICIG. Todas las instituciones del país, pasan por un pésimo periodo; no solo hay desgaste sino que pierden credibilidad ante la sociedad.

Con una postura que se puede observar en su columna habitual en el diario La Jornada de México, Ángel Guerra considera que estamos ante el desempeño de una democracia de naturaleza neoliberal. Complicado el tema pues esto haría mención de uno de los rasgos más pronunciados del desempeño “democrático” de los últimos años en la región. La disminución de los espacios sociales, la privatización sostenida de activos, la alteración del carácter universal de la justicia, la entronización de la corrupción en las altas esferas de gobiernos con clara colusión con los sectores económicos tradicionales. En otras palabras, aquella definición de Abraham Lincoln sobre la democracia del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, es algo realmente de la prehistoria a juzgar con los comportamientos de hoy.

El tema no sería tan grave si ello no estuviera acompañado por una reiterada práctica que recorta los derechos más elementales consignados en el acta de la democracia liberal. En otros términos, la idea de cambiar en algo los comportamientos neoliberales, da como resultado un autoritarismo de nuevo tipo, que no se afianza en la fuerza de las bayonetas sino que se impulsa desde la distorsión de los principios más caros al Estado de derecho.

Es un asunto grave. De tal suerte que en un país como Guatemala, todos hablan de democracia pero todos lo entienden de manera diferente. Así, para los empresarios agrupados en el CACIF, el salario es apenas una molestia que les cuesta cumplir a cabalidad. Para los trabajadores sin embargo, el salario es el pago justo por el valor de su fuerza de trabajo. En este tema, hay violaciones obvias a los convenios internacionales, a la legislación interna, pero las instituciones que deberían velar por este tema, se hacen las desentendidas. En dos platos, la democracia no funciona en este terreno. Pero haya más datos que dicen del recorte democrático. En Guatemala los conservadores dicen a quién le quiera escuchar, que las órdenes de las cortes pueden cumplirse o no, que eso es opcional y que lo define la correlación de fuerzas. Esto último no lo dicen pero los hechos así lo confirman.

Es Lo mismo con otros temas. Los derechos de los campesinos no se respetan para nada, como si estuviéramos viviendo en la época de la colonia. Cualquier demanda de tierra o de derechos a la tierra es automáticamente convertida en algo subversivo, terrorista. En pocas palabras la democracia solo existe de palabra para los dueños del capital, para los que gerencian los intereses de estos en las distintas esferas de gobiernos. Sean alcaldes, gobernadores, diputados, dirigentes de partidos políticos franquicia, etc.

Vivimos en la actualidad, en muchos países de américa latina, al borde de la violencia, en cualquiera de las formas que asuma. Pero si hay algo que ilustra la tendencia que existe, esta se produce en los propios Estados Unidos. Las movilizaciones nacionales de los últimos meses han estado rociadas de violencia. El discurso político del gobierno se ha visto de forma clara como intolerante, autoritario, racista, supremacista, en una deriva que parece no tiene límite. ¿Y todo para qué? A mi juicio es para que nada cambie y los intereses y privilegios de las minorías se mantengan. ¿Por cuánto tiempo y a que costo? Ese es un tema pendiente.

En todo caso, si en el principio del siglo XX se afirmaba por pensadores revolucionarios que la disyuntiva era socialismo o barbarie, en las actuales condiciones del mundo con la ofensiva neoliberal en todos los terrenos, desde el empleo, las prestaciones laborales, la disminución de libertades políticas, las tendencias represivas y el largo etcétera, la disyuntiva moderna es de Democracia o barbarie. En otros términos, Boaventura de Souza un pensador que no puede ser acusado de reformista, dice en muchos de sus escritos para quien lo lea, que en la actualidad la tarea de los revolucionarios, más precisamente de los comunistas, es la defensa de la democracia liberal, ante los embates de los conservadores que en todos lados pretenden hacer un reinado de la impunidad, del autoritarismo, de la explotación sin límites de los trabajadores.

Es un planteamiento que en primera instancia genera debate pues en el ideario de los revolucionarios del mundo entero, la revolución tenía que ser socialista o no era revolución. La democracia había sido considerada por muchos como el instrumento de la burguesía para ejercer su dominación, y muchas consideraciones más en esa dirección. Pero ahora, cuando no se encuentra a la orden del día la revolución socialista, y los revolucionarios y progresistas no podemos observar de brazos cruzados el deterioro del nivel de vida, el aumento de la explotación, la impunidad como norma, la corrupción desatada, es necesario pensar que en la democracia liberal eso es posible de ser evitado, y con ello generar condiciones para otros procesos. Ahora es de hecho la sobrevivencia y para ello, la defensa de la democracia liberal es la tarea que se impone a los revolucionarios.

No se trata de una agenda que deje de lado la gran apuesta planteada por Marx en el siglo XIX, se trata de que en la actualidad y tomando en cuenta la correlación de fuerzas mundial y toda la experiencia del siglo XX, lo que nos convoca en todos los países es la lucha por las libertades democráticas que puedan ser la antesala de un proyecto de otra naturaleza y orientación. No estamos en las condiciones de levantar el índice que pontifica y decir que el tema es parte del reformismo puro y duro. No estamos ante los debates que se plantearon en inicio del siglo XIX entre los más conspicuos dirigentes de los partidos revolucionarios de la época. Nada que ver y en esa lucha y demanda por la democracia, en muchos países habrá que resistir y plantearse todas las formas de lucha posible. No hay muchas alternativas.

[1] La frase nos remonta a aquella de Rosa Luxemburgo: “Socialismo o Barbarie”. Hace algunos meses publique otro artículo con el mismo título, solo que se limitaba a nuestro país. Ahora tiene un poco el respaldo de otras personas que han escrito sobre el deterioro de la democracia continental. De todas formas las ideas principales siguen siendo las mismas solo que ahora con más respaldo en los hechos.

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