Liberar el pensamiento

Autor: Jairo Alarcón Rodas

En La dialéctica del iluminismo, Theodor Adorno y Max Horkheimer señalan que: Así como la prohibición ha abierto siempre camino al producto más nocivo, del mismo modo la prohibición de la imaginación teórica abre el camino a la locura política. Prohibición que cada vez más en la universidad estatal de Guatemala inhibe el ejercicio de pensar. La teoría es despreciada, en este caso, en aras de saberes prácticos.

Siendo así, cada vez más las universidades reproducen técnicos que corresponden a las necesidades del empleador que, en la mayoría de los casos, representa los intereses de la iniciativa privada. Saber hacer que, para los defensores del statu quo, coincide con la mala interpretación de la educación por competencias que se estila en algunas unidades académicas de la universidad estatal. Como consecuencia, se espera que los egresados sean competentes según requerimiento de los empresarios.

Las competencias teóricas son rechazadas y sustituidas por el interés primordial del hacer, con el fin pragmático del lucro. Al sistema le interesa producir ya que eso representa ganancias, por lo que reclutan a trabajadores aptos para hacer y no para pensar. Trabajadores que no cuestionen lo que hacen y por qué lo hacen. Con ello, se niega la posibilidad a toda reflexión teórica que redunda en el adormecimiento del ejercicio de pensar.

Cada vez más la universidad se compromete con la iniciativa privada a brindarles lo que ésta requiere. Así, los cursos técnicos, las competencias prácticas que muestren el saber hacer reemplazan a las asignaturas teóricas y social-humanísticas. Las asignaturas, donde se problematicen temas como la crisis social, el medio ambiente, la ética cobran menor importancia y en el peor de los casos son excluidas.

La respuesta a tal metamorfosis es que los egresados, futuros profesionales tienen que subsistir, es decir, necesitan ser empleados por lo que no pueden reñir con el sistema ya que ir en contra representa quedar al margen. Con desinterés en la política, en el mejor de los casos, aprenden lo que las grandes corporaciones necesitan contribuyendo a engrandecer y afianzar el sistema.

Para los que mantienen el poder, a mayores herramientas teóricas, más pensamiento crítico y posibilidad de cuestionar el sistema, por lo que resulta inconveniente formar este tipo de personas que se convierten en subversoras del modus operandi en el actual estado de cosas. No obstante, que el conocimiento debe estar unido a la acción, requiere de elementos teóricos para su fortaleza.

No se trata de hacer por hacer, de accionar robóticamente, sino construir para obtener un objetivo común y para ello, se requieren bases teóricas que doten de criterio, no solo epistemológico, sino también ético, al momento de poner en práctica lo aprendido durante el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Liberar el pensamiento de la esclavitud que pretende el ejercicio del hacer pragmático unidireccional, deberá ser la función de la universidad que no se limita a dotar de herramientas prácticas sino también fortalecer los conocimientos teóricos.

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