Despojo de tierras en Alta Verapaz y otros lugares

Por: Miguel Ángel Sandoval

En los últimos días se dijo mucho sobre el tema de la tierra en nuestro país, o más exactamente, sobre la conflictividad alrededor de la tierra. Salió a relucir una serie de artículos o textos sobre el fenómeno. De manera especial, uno de J. Castellanos Cambranes, “Café y Campesinos. Los orígenes de la economía de plantación moderna en Guatemala” y “Dinámicas agrarias y reproducción campesina en la globalización: el caso de Alta Verapaz. 1970-2007” de L. Hurtado, ambos con sólida documentación sobre el tema agrario. Asimismo, el cine dijo presente con uno o dos filmes como ‘Los Civilizadores’, de Uli Steizner y Valdez Pedroni, sobre la migración de alemanes y su participación en el despojo; y las canciones se escucharon con el tema de la tierra, entre ellas, ‘A desalambrar’ del uruguayo Daniel Viglietti. Algo está pasando en nuestro país y debemos tomar nota.

El despojo de la invasión-conquista, es algo que duerme el sueño de los justos, pero hay otras oleadas de despojo que deberían ponerse sobre la mesa nacional y tratar de reparar los daños. Es tiempo de hacerlo. De manera sucinta, hay por lo menos tres momentos que deberían formar parte de una revisión exhaustiva, que diera como resultado que el catastro y registro de tierras en el país fuera limpiado de todas las anomalías que se detectaron en los últimos años.

Uno de los menos tratados es el despojo de tierras comunales por la reforma liberal, que los criollos del país festejan en cada ocasión que tienen, que tuvo como herramientas el libreto de jornaleros, con apoyo del naciente ejército, que consistió en dotar mano de obra en condiciones de esclavitud a los nuevos finqueros del café. En especial los alemanes. Hay sólida documentación al respecto. Es la fase de articulación de Guatemala y su economía cafetalera al mercado mundial. Es el ferrocarril y algo más, pero todo sobre las espaldas de los indígenas.

A continuación, más de medio siglo después, durante el conflicto armado en nuestro país o la guerra civil de los 36 años, hubo innumerables casos de despojo de tierras de los miles que huyeron al refugio o que fueron simplemente asesinados. Son más de 450 aldeas arrasadas, destruidas, con el consabido robo de las tierras, comunitarias, ejidales. Sobre este tema hay documentación. Los nuevos finqueros son los que heredaron tierras de la contrainsurgencia.

Y hay el reciente despojo cometido sobre los campesinos con títulos antiguos o en la espera que el INTA y luego las diferentes instancias les dieran la titulación, que no era necesaria pues se trataba de tierras ancestrales; pero por la vía de las sucesivas titulaciones supletorias fueron despojados de las mismas. O por el tristemente célebre mecanismo utilizado por el monocultivo y sus amigos los narcos, de me vendes o me vende tu viuda. Todo para acabar con el agua, ríos y los cultivos de alimentos en las regiones norte y sur, para la palma africana y la caña de azúcar, junto a los nuevos fenómenos de las mineras voraces. El caso de la niquelera es suficiente para explicar el despojo.

Todo ello sin legislación agraria, sin tribunales del ramo y sin nada de legalidad. Es el despojo puro y simple a la sombra del Estado. ¿Nos cruzamos de brazos? ¿Fingimos que pasa en otro país? ¿O iniciamos un debate y reparación nacional del despojo de tierras comunales? Continuará.

Fuente: ElPeriódico

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