Diré esto pero

FR. Tiño

Antes de decir lo incorrecto diré lo que es correcto decir en estos tiempos, no hay ninguna verdad, porque todo cuanto puede ser creado por los seres imperfectos que somos, tendrá algo de subjetividad, esa es nuestra naturaleza, nuestra forma de ser distinto al resto. Puede que tengamos puntos en común, puede que no, y esa es la virtud del diálogo: que no hay una intención de imponer una forma de pensar si no la de aprender, comprender lo que piensa y por qué lo piensa, un poema para dar un ejemplo idílico:

Poema no. 10, El guardador de rebaños – Alberto Caeiro

– Hola, guardador de rebaños,
ahí a la orilla del camino
¿qué te dice el viento?

– Que es viento y que pasa,
y que ya pasó antes,
y que pasará después.
Y a ti ¿qué te dice?

– Mucho más que eso.
Me habla de otras muchas cosas.
De memorias y nostalgias
y de cosas que nunca existieron.

– Nunca oíste pasar el viento.
El viento solo habla del viento.
Lo que oíste fue mentira,
y la mentira está en ti

Uno de los personajes no lo ve desde la propia fenomenología del viento que es la de ser viento en todo momento y el otro desde la metafísica de las cosas porque abstrae del viento el sentido del tiempo, y ahí la virtud de este poema, que, a pesar de distintas posturas, es simplemente un diálogo.

Pero si vamos de moralistas, de señores de la verdad absoluta y decir las cosas sin las palabras o letras que quieres escuchar son una ofensa, pues lo que quieres es un silencio impuesto, porque hasta la charla de banqueta más humilde puede ser más fructífera que el hecho de ignorar, limitar o cancelar un discurso distinto al tuyo. Y sí, tienes razón en que los discursos de odio son una amenaza, un peligro para cualquier persona, cualquier derecho o idea, y deben de ser limitados en su difusión porque allá afuera hay cuanto imbécil que dice las cosas por decir, lo bueno es que son pocos, tan pocos que sus movimientos radicales o discursos de odio no dominan la política nacional o local. Mas si veo a cuanto oportunista prostituyendo sus palabras al mejor financista y usurpando las palabras libertad, desarrollo, unión y cuanta palabra le permita manipular al votante. Además, si tomamos todo por sinécdoque, caemos en un error porque no todo lo que se dice es tal cual, no todo es odio, también es ignorancia, miedo, prejuicios y necedad. Y es que el discurso que no asume su realidad es solo un grito hacia un muro, en ese sentido, déjenlos gritar sus inseguridades y mentiras; porque morirá él, moriré yo y quedará el discurso, idea o pensamiento que más esté acorde a la realidad, y la realidad es que esas gentes son las que no hace nada y poco importan, por eso gritan, y no dialogan.

Claro que no dialogar también es válido porque opinar de todo es opinar de nada, sin embargo, mandar a callar no es lo oportuno, y es que estamos en el peor momento para callarnos entre nosotros mismos. Nunca hubo mayor necesidad de llegar a acuerdos, nunca fue tan importante y necesario el diálogo. El mundo se nos va a la mierda y lo que hacemos es discutir por lo que se dice y no por lo que se hace. De seguir así ¿en qué nos convertiremos? ¿En una sociedad panóptica? Y seamos nosotros mismos nuestra policía del pensamiento, y todo esté dicho, y tengamos que decir las cosas que se deben de decir y pensar las cosas que se deben de pensar.

Solo el pueblo salva al pueblo, decía una frase, y esa es la naturaleza de la democracia, en llegar acuerdos sin recurrir a medidas extremas, todo es cuestión de empatía y de respeto porque cada cultura, cada sociedad, cada persona tiene su forma de ver las cosas. Cada discurso irá avanzando en la medida que la sociedad vaya avanzando y no al revés.

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