Fatalismos

Autor: Jairo Alarcón Rodas
Durante el trayecto por la vida, de cara con la muerte, todos los seres vivos perecerán, sin duda alguna tendrán su fin en algún momento. Pero, en el caso de los seres humanos, el tener conciencia de ello, el saber que ya no se será, es lo que causa angustia, dolor, sufrimiento. La muerte es fatal, llegará para todos, sin embargo esperarla sin poder hacer algo por evitarla, esa impotencia, es lo que causa mayor dolor existencial y con más razón cuando se es consciente que a pesar de todo, no es el momento.

Vivir es adentrarse en la muerte, cada momento que pasa es una posibilidad a ya no ser. La duración de la existencia está marcada por los infortunios, las amenazas y la vulnerabilidad. Así, cada momento, cada día que pasa, se va acrecentando la vulnerabilidad de las personas ante tales amenazas, ya que la estructura biológica de los seres vivos y con estos los seres humanos, tiene caducidad. Desde luego, también las circunstancias influyen en tan inevitable encuentro.

Hoy, como antes lo fue con las guerras, las persecuciones, los genocidios, las epidemias, los desastres naturales, que a lo largo de la historia han afectado a la humanidad, muchas personas se ven más de cerca con la muerte. Siendo más vulnerables los niños y ancianos, enfermos, personas sin empleo, pobres, que ante situaciones adversas, se convierten en presas inevitables de la muerte.

El escenario está servido y, de forma pragmática, en algunos países del mundo se sigue el criterio de beneficiar a los más útiles para el sistema en detrimento de los menos privilegiados, todos aquellos que ya no sirven, los marginados sociales, sacrificándolos, poniéndolos de cara a una inminente muerte.

Con la crisis actual que se está viviendo, los servicios sanitarios no se dan abasto y con la pandemia del coronavirus, los respiradores se convierten en factores esenciales para la vida. Utilizar recursos para salvar a los viejos resulta una idea descabellada, es a los jóvenes a los que hay que salvar. Así, para las personas de la tercera edad, esperar la muerte, sin poder esquivarla, es de las derrotas existenciales más grandes con las que se puede enfrentar los seres humanos.

¿Será que la medida, para poder valorar a los seres humanos, es su utilidad o es necesario ver su trayecto por la historia, lo que humanamente han logrado? En dónde está el valor de los seres humanos, todo depende del criterio con el cual se haga tal evaluación. Si el criterio es la utilidad, ¿quién establece lo qué es lo útil para la sociedad? Los criterios subjetivos, la razón del mismo orden, son causantes de ver las cosas desde una óptica unidimensional, arbitraria e inhumana.

El fatal encuentro con la muerte sería más amigable, más digno, si se comprendiera que los seres humanos son mucho más que mercancías que otorgan pérdidas y ganancias y que su valor no está en su utilidad, sino en su calidad humana y que la muerte también es suficiente razón para la vida.

Comparte, si te gusto